lundi 28 octobre 2013

Y se creen que pueden cambiar la hora

Y es que desde ayer domingo, como tontamente hacemos cada cierto tiempo, nos estamos levantando de la cama una hora más tarde. Pero que nadie se preocupe, el  sol sale a la misma hora.

De hecho en esta época del año y hasta el solsticio de invierno a finales de diciembre, el sol sale cada día más tarde y se pone antes, haciendo las noches más largas y los días más cortos.

Y eso no lo puede cambiar ningún ministerio ni organismo nacional o internacional. Ninguno. Aunque se lo crean. Y lo malo es que se lo creen.

Cuando un español que vive en Santiago de Compostela llama por teléfono a sus padres que viven en un pueblo de Soria, no es la misma hora, aunque se empeñe en decirlo la televisión.

Sé que en este aspecto, en parte, soy un privilegiado, ya que desde hace mucho tiempo he podido negarme en redondo a las imposiciones horarias draconianas de la modernidad. El que quiera el fruto de mi trabajo a cambio de mi salario debe dejarme trabajar en paz, las horas que yo considere necesarias, ni más ni menos, y en el día y el momento que a mí me venga en gana.

Me levanto temprano para ver amanecer y sólo tengo prisa los domingos para llegar a misa.

No siempre ha sido así, claro está. He tenido horarios mejores y peores. He sufrido la esclavitud agobiante del reloj oficial de los gobiernos, y puede, aunque lo dudo, que vuelva a sufrirla algún día.

Pero eso sí, ayer, hoy y siempre, si suena el teléfono a la hora de la siesta y no se ha muerto nadie, ni ha sucedido desgracia grave alguna o se me requiere para una emergencia auténtica, el que ha llamado que se prepare.

He vivido al norte de los Pirineos, dónde siguen llamando “tarde” al tiempo que viene tras el mediodía que, para los españoles que no lo sepan, es cuando el sol se encuentra en su punto más alto, a eso de las doce, hora solar. Porque almuerzan a mediodía.

Que nadie se ofenda. Digo lo de los españoles porque la mayoría considera “mediodía” su hora de comer, alrededor de las tres de la tarde, y hasta que no han comido no dan las “buenas tardes”.

Por eso me dan cierta envidia por su claridad los términos “après-midi” o “afternoon” para referirse a la tarde.

En el día en que los periódicos recogen la noticia de la resolución del teorema de Gödel que prueba el argumento ontológico de San Anselmo, es decir en el día en que con ayuda de un ordenador portátil se ha demostrado racionalmente la existencia de Dios, creo necesario abrir la Biblia por la primera página:

Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía, y las tinieblas cubrían el haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo luz, y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las tinieblas; y a la luz llamó día y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana, día primero…”

“…Dijo luego Dios: “Haya en el firmamento de los cielos lumbreras para separar el día de la noche y servir de señales a estaciones, días y años; y luzcan en el firmamento de los cielos, para alumbrar la tierra”. Y así fue. Hizo Dios los dos grandes luminares, el mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche, y las estrellas; y los puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra, y presidir al día y a la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios ser bueno, y hubo tarde y mañana, día cuarto…”

¿Qué necesidad tenemos de inventar de nuevo lo que existe desde el principio de los tiempos?

Stat crux dum volvitur orbis (La Cruz permanece estable mientras gira el mundo) es el lema que San Bruno dio a sus cartujos. Un gran consejo. Dejemos pues que el mundo gire y que los que son del mundo traten inútilmente de perseguir el tiempo con sus cronómetros y sus horarios.

Ni siquiera Proust pudo retener el tiempo más allá de un instante en su magdalena mojada en te. Y eso que era invertido, el colmo de la evolución y el refinamiento para la modernidad.

Y nosotros tengamos siempre la Cruz de Cristo presidiendo firme e inamovible nuestras vidas, mientras elevamos los ojos al firmamento que es obra de sus manos, para saber que cuando sale el sol es de día y cuando se pone, de noche.

Gracias a Dios aún queda quién sabe que el tiempo es la medida que sucede entre un instante y otro, mientras ella se lava el pelo.






vendredi 25 octobre 2013

Doctrina Parot e idiotez contumaz

Por lo sensible del asunto, trataré de ser breve. El domingo hay convocada una manifestación en Madrid en protesta por el famoso fin de la “doctrina Parot”.

De entrada las manifestaciones, perdonen la crudeza, me parecen una sandez. Y no sirven para nada en absoluto, más allá del pataleo propio de una rabieta infantil.


Si de verdad se quiere hacer algo, de entrada la protesta debería tener lugar en Bilbao o San Sebastián ¿no les parece? Y las “propuestas” deberían ser precisas y de fondo, como exigir al gobierno lo que sencillamente es su obligación, promover modificaciones urgentes de la legislación penal, garantizar el cumplimiento de las leyes, de todas las leyes, y perseguir su vulneración (desde la apología del terrorismo o del separatismo y colaboraciones con grupos asesinos, hasta la colocación de banderas y demás símbolos en edificios oficiales).

Pero el colmo de la idiotez, al igual que ocurre con las manifestaciones en contra del abominable crimen del aborto, es que acudan a las manifestaciones los miembros y representantes de los partidos políticos cuyas actuaciones provocan las protestas.

Unos apuntes para que nadie se llame a engaño:

Primer ejemplo. Un asesino llamado Josu Uribetxeberria Bolinaga, condenado a 178 años de cárcel por el asesinato de tres guardias civiles y el secuestro 532 en un zulo de José Antonio Ortega Lara, salió de la cárcel en septiembre del año 2012 por padecer una enfermedad en estado terminal con una esperanza de vida de no más de nueve meses. A día de hoy sigue vivito y coleando, y se le puede ver públicamente tomando cañas en los bares. ¿Ha hecho algo al respecto el gobierno presidido por Mariano Rajoy? Pues claro que no.

Segundo ejemplo. Hace pocos días fueron condenados dos funcionarios por alertar a la banda terrorista ETA de una operación de la Policía Nacional, de modo que los asesinos pudieron huir y no ser capturados. El famoso caso “Faisán”. En la sentencia no se califica el delito de colaboración con banda armada, al haber estado motivada por su afán de no entorpecer las conversaciones de negociación del gobierno de España con los terroristas. Siendo oficialmente así, la Fiscalía General del Estado ha decidido no recurrir la sentencia y el gobierno presidido por Mariano Rajoy no ha hecho absolutamente nada, presentando recurso el Partido Popular como parte de la acusación “particular”.

Pero es que o bien yo me he vuelto loco o somos todos idiotas… Si el chivatazo a la banda terrorista tenía una finalidad política, ¿Cómo no se ha detenido aún al presidente del gobierno de aquel momento y su ministro de interior, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba?

Pues sencillamente porque los gobiernos cambian pero las políticas son las mismas. Los terroristas siguen teniendo representantes en las instituciones a través de formaciones políticas “legalizadas”, siguen pudiendo campar a sus anchas, enalteciendo el terrorismo, quemando banderas, incumpliendo una y otra vez las leyes y actuando como si el gobierno de España, que de facto no existe, no existiese de iure.

Y en el Principado de Cataluña exactamente lo mismo.

Si el domingo cualquier miembro del Partido Popular o del Partido Socialista que apareciese por la manifestación fuera recibido a pedradas, incluidos los que les hacen el juego representando el papel de “voces discordantes”, y por si hay dudas me refiero a Jaime Mayor Oreja, que si no está de acuerdo con las políticas de su partido no sé porque no lo ha dejado hace tantísimo tiempo (sí que lo sé, claro está, para vivir del cuento), igual cambiaba mi opinión, pero mucho me temo que no será así.


mardi 22 octobre 2013

Doctrina Parot: el problema no es el Tribunal Europeo de Derechos Humanos

En su día escribí ya una entrada sobre la famosa “doctrina Parot”.

En definitiva se trata de dilucidar si las redenciones de pena por trabajos en prisión u otros motivos deben descontarse del total de las penas impuestas por la sentencia o sentencias, o del máximo legal de permanencia en prisión, 30 o 40 años.

Es un tema de actualidad por la decisión del Tribunal Europeo de DerechosHumanos, que a la vista de lo publicado, casi nadie se ha molestado en leer.

En el caso particular de la asesina etarra que ha promovido el caso, las consecuencias prácticas de la decisión del citado tribunal son que, si bien los treinta años se cumplían en 2017, dentro de cuatro años, como ha descontado nueve años por trabajos en prisión, debería haber salido en 2008, y por ello saldrá a la calle en 2013 y se le tiene que indemnizar por esos cinco años de más.

La decisión previsible y anunciada del gobierno de España es ponerla en libertad de inmediato, y descontar las indemnizaciones que se le deben de la deuda contraída por la citada asesina criminal con el Estado Español al haberse declarado insolvente para hacer frente a las indemnizaciones a sus víctimas que establecieron los tribunales de justicia españoles.

El fondo de la cuestión es que, en términos técnicos jurídicos, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, por una parte establece que la “doctrina Parot”, descontar las redenciones de pena del total de cada condena, al tratarse de una jurisprudencia interpretativa establecida con posterioridad a la condena de la etarra en cuestión, no puede aplicársele de modo retroactivo, como resulta evidente para cualquiera con unos mínimos conocimientos de derecho.

Por otra parte el citado tribunal europeo viene a decir que la interpretación conocida como “doctrina Parot” es más que cuestionable desde un punto de vista jurídico, que es lo que le compete analizar, en concreto bajo el prisma de la protección de los llamados “derechos humanos”, ese invento absurdo de la revolución francesa, innecesario en la Cristiandad y de aviesas intenciones y funestas consecuencias.

Y es cierto que el hecho de descontar las redenciones de pena de cada una de las sentencias, en realidad lo que significa es que las redenciones de pena no existen de un modo efectivo en los casos en que las penas superan de un modo muy significativo al máximo de permanencia legal en prisión. Es así, y por ello se está vulnerando el espíritu de las leyes que permiten redimir penas de un modo u otro.

Y esto es así porque nuestro sistema legal es deliberadamente inconsistente, basado en la libre interpretación de unas leyes redactadas de un modo conscientemente abierto a múltiples interpretaciones, como cualquier aficionado a las crónicas de tribunales puede constatar viendo, en los temas más diversos, la disparidad de criterios entre el Tribunal Supremo y el Constitucional, por poner ejemplos.

Así que, en mi opinión, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos me merece todas las críticas de fondo que me merecen el resto de las instituciones europeas, pero en este caso no es el objetivo a criticar.

Las cuestiones de fondo son:

¿Por qué la legislación española no es lo suficientemente clara para garantizar que los asesinos y otros criminales cumplan las condenas que se les imponen y se debe recurrir a subterfugios meramente interpretativos y de dudosa legalidad?

Los culpables de esta situación vergonzosa que vamos a presenciar en los próximos días son los legisladores españoles, con nombre y apellidos, diputados y senadores electos desde la instauración del régimen establecido por la constitución de 1978.

Si existiese una ley española legalmente aprobada que estableciese con claridad meridiana que para beneficiarse de la redención de pena por cualquiera de los motivos posibles, ya que la finalidad última de todo el sistema penitenciario es al parecer la redención del reo, son condiciones indispensables el arrepentimiento público, efectivamente comprobable, con posibilidad de revisión en caso de demostrarse su falsedad, la indemnización justa a las víctimas, económica y de cualquier otra modalidad, como la moral mediante el trabajo obligatorio en instituciones y organizaciones de apoyo a las víctimas, y finalmente el dictamen de un tribunal sobre la rehabilitación efectiva del reo y sus posibilidades de integrase en la sociedad como ciudadano, acompañado de medidas efectivas de vigilancia que, en caso negativo, puedan dar lugar al reingreso en prisión… si eso fuera así no estaríamos ahora como estamos.

Pero eso, ténganlo todos muy claro, no va a pasar nunca. Como nunca se va actuar con dignidad ante los separatistas traidores a su Patria, ni en las Vascongadas ni en el Principado de Cataluña, como nunca se va a actuar con justicia frente a los ricos o a los banqueros que roban a los trabajadores descaradamente y amparados por las leyes y por los gobiernos, o como nunca se va a dejar de destinar ingentes cantidades de dinero procedentes de los impuestos para beneficio de los partidos políticos y sindicatos del régimen, por poner solamente unos pocos ejemplos de los muchos posibles. Nunca mientras no cambie el sistema de raíz.


Porque el mal de España, de la Cristiandad y de la humanidad entera está en el fondo del sistema capitalista de democracias liberales anticristianas que domina el nuevo orden mundial. Y hasta que no nos levantemos para luchar contra esta moderna esclavitud cueste lo cueste, bajo el signo de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, el mundo no conocerá la paz.

lundi 21 octobre 2013

La única religión verdadera

...En sus orígenes, ¿cómo contempló el cristianismo su lugar en el cosmos de las religiones? Lo sorprendente es que, sin vacilar, Agustín adjudica al cristianismo un puesto en el ámbito de la «teología física», en el ámbito del racionalismo filosófico. Este hecho implica una evidente continuidad de los primeros teólogos del cristianismo -los apologetas del siglo II- respecto al lugar que Pablo adjudica a lo cristiano en el primer capítulo de la Carta a los Romanos, que a su vez se basa en la teología de la sabiduría del Antiguo Testamento y, a través de ella, se remonta al escarnio de los dioses de los Salmos.

Desde esta perspectiva, el cristianismo tiene sus precursores y su preparación interior en el racionalismo filosófico, no en las religiones. Según Agustín y la tradición bíblica, para él decisiva, el cristianismo no se basa en las imágenes e ideas míticas, cuya justificación se encuentra después de todo en su utilidad política, sino que hace referencia a ese aspecto divino que puede percibir el análisis racional de la realidad. En otras palabras: Agustín identifica el monoteísmo bíblico con las ideas filosóficas sobre el fundamento del mundo que se han formado en sus distintas variantes en la filosofía antigua.

A ello se hace referencia cuando, desde el sermón del Areópago de Pablo, el cristianismo se presenta con el propósito de ser la religio vera. Así pues, la fe cristiana no se basa en la poesía ni en la política, esas dos grandes fuentes de la religión; se basa en el conocimiento. Venera a ese Ser que es el fundamento de todo lo que existe, el «Dios verdadero». En el cristianismo, el racionalismo se ha hecho religión y no es ya su adversario.

Partiendo de esta premisa, como el cristianismo se entendió como un triunfo de la desmitologización, como un triunfo del conocimiento y, con ello, de la verdad, debía ser considerado como universal y llevado a todos los pueblos; no como una religión específica que desplaza a otras, no como una especie de imperialismo religioso, sino como verdad que hace superflua la apariencia.

Y precisamente por eso, en la amplia tolerancia de los politeísmos debe ser considerada como incompatible, incluso como enemigo de la religión, como «ateísmo»: no se limitó a la relatividad y a la posibilidad de intercambiar las imágenes, con lo que perturbaba sobre todo la utilidad política de las religiones y ponía en peligro los fundamentos del Estado, en cuyo ámbito pretendió ser no una religión entre otras religiones, sino el triunfo del conocimiento sobre el mundo de las religiones.

Por otro lado, esta localización de lo cristiano en el cosmos de la religión y la filosofía está relacionada también con el poder de penetración del cristianismo. Ya antes de la aparición de la misión cristiana en los círculos eruditos de la Antigüedad, se había buscado en la figura del «hombre temeroso de Dios» la conexión con la fe judía, que fue considerada como la forma religiosa del monoteísmo filosófico y respondía al mismo tiempo a las exigencias de la razón y a la necesidad religiosa del hombre que la filosofía no podía cubrir por sí sola: no se reza a un dios que solo existe en el pensamiento.


Pero cuando el dios que el pensamiento descubre se encuentra en el interior de una religión como dios que habla y actúa, entonces se concilian pensamiento y fe...

Joseph Ratzinger

LA PRETENSIÓN DE LA VERDAD PUESTA EN DUDA (LA CRISIS DEL CRISTIANISMO EN LOS COMIENZOS DEL TERCER MILENIO), prólogo al libro ¿Existe Dios?

vendredi 18 octobre 2013

Constitución de 1978, un fracaso absoluto

El Estado Español organizado según la constitución de 1978, aproximadamente la décimo segunda o décimo tercera constitución desde que la revolución liberal traspasó a las fronteras de la Patria a finales del siglo XVIII, sencillamente ha fracasado.

No se trata ya de augurios o previsiones, los hechos son claros y sobre todo innegables. Prueba inequívoca de este fracaso es la combinación de los siguientes factores, absolutamente objetivos: 

  • El primero es el dato terrible de la pobreza en España. Doce millones de españoles viven en una situación objetiva y oficialmente catalogada como de pobreza y exclusión social, lo que representa un 27% de la población, ¡casi un tercio de los españoles!
De los doce millones, la cifra es escalofriante, tres millones se encuentran en situación de pobreza extrema, es decir, ¡viven con menos de 300 euros al mes!

La pobreza infantil afecta a un 26,7% de los españoles de menos de 16 años de edad.

Y para redondear el escándalo y hacerlo aún más insufrible, el número de millonarios en España creció un 5,4% en 2012

Mientras esto sucede, el gobierno español continúa aplicando a los trabajadores sus famosas “políticas de austeridad”, a la vez que aumenta escandalosamente los impuestos para sufragar una administración tan inútil como ineficiente y solventar los terribles problemas causados por la avaricia, corrupción y falta absoluta de principios éticos de las “élites” dirigentes y económicas de la nación.

Nada que pueda extrañarnos dado que los dos pilares básicos del binomio capitalismo-democracia liberal son la avaricia y la usura.

Lo único que posee el moderno trabajador, aunque también esto de un modo parcial y muy limitado, su trabajo, se le niega según el último dato conocido a 4.724.355 españoles, un 26% de parados, de los que 434.953 son menores de 25 años.

Cada día nos desayunamos con otra empresa española en suspensión de pagos, con otros cientos de trabajadores en la calle o con otra riada de nuestra juventud emigrando en busca de un futuro fuera de España.

  • Creo necesario detenerme también en el último de los innumerables escándalos de corrupción que asolan nuestra Patria, el de la mafia criminal formada por partidos políticos y sindicatos que llevan décadas llenándose los bolsillos robando a los andaluces.
Que la situación era la que la famosa juez está destapando lo sabíamos todos. Por eso personalmente no me sorprende constatar con datos objetivos que sindicalistas y políticos, andaluces en este caso aunque perfectamente extrapolable al resto, son sencillamente una banda de ladrones. Lo verdaderamente escandaloso e indicativo del nivel de degradación moral al que ha llegado España es que ningún otro juez en tantísimos años haya decidido antes tomar cartas en el asunto.

  • Y para redondear el desastre, sin profundizar demasiado en muchos otros posibles aspectos, los políticos catalanes, después de décadas de chantaje al gobierno nacional, de adoctrinamiento antiespañol salvaje y totalitario de niños, jóvenes y adultos, y por supuesto de escándalos reiterados de corrupción, pretenden públicamente transgredir la ley y declarase independientes de España, sin que pueda esperarse o suponerse una actuación coherente por parte de las autoridades nacionales.
Esta mañana, desayunando, he oído al hijo del actual jefe del estado y al presidente del gobierno español hablar de nuestra esperanzadora situación económica en Hispanoamérica, a la que por cierto he oído al ministro español de asuntos exteriores referirse como “latinoamérica”, Señor que tropa.

Y poco después, en el colmo del escándalo y la sinvergonzonería, he tenido que escuchar al presidente del Banco Santander decir que la situación económica en España se encuentra, literalmente, en “un momento fantástico” y que “a España le está llegando dinero para todo”.

No parece que su análisis sea válido para los cientos de miles de españoles que sobreviven gracias a que la Iglesia Católica atiende sus necesidades más básicas a través de su confederación oficial de entidades de acción caritativa y social instituida por la Conferencia Episcopal, conocida como Cáritas.

Esta es realmente la situación actual, el balance de resultados de la constitución de 1978.

samedi 12 octobre 2013

La aldea, primera forma de la vida pública (y V)

Los cuerpos intermedios,
Michel Creuzet.
"Urbanización" marxista de la vida rural

Se comprende que el marxismo, como lo subrayaba Pío XII, haya pretendido llevar hasta el campo el "acondicionamiento urbano".

Lo ha hecho matando la civilización rural, colectivizando y centralizando al máximo la tierra, los cultivos, la economía y la misma vida de sus habitantes.

No es raro que haya católicos que presenten esta maniobra como un progreso: como aquel periodista que recientemente se felicitaba de ver desaparecer las aldeas.

Ya no serán de ahora en adelante más que prolongaciones de la gran urbe.

Esta colectivización tiene en mientes la posición de clases. Prosigue la labor del urbanismo liberal, que dividía las aglomeraciones urbanas en barrios burgueses, obreros, etc., de tal manera que las personas de condiciones diferentes pudieran ignorarse y combatirse más fácilmente.

En otros tiempos se podía ver al zapatero remendón codearse con el financiero en el mismo inmueble y echar juntos una parrafada.

Enrique IV de Francia apreciaba esta familiaridad "democrática" de las clases sociales, como se puede comprobar en una de sus cartas, que cita Itinéraires (núm. 54. junio de 1961, rué Garaniére, París VI).

Complementariedad recíproca de la aldea y de la ciudad.

Si la aldea no puede pasar sin la ciudad, a su vez la "ciudad, escribe Jean Daujat, no puede pasar sin la cooperación del campo: y los recursos suministrados por la agricultura y la ganadería. Y si la civilización no existe más que a partir del desenvolvimiento de la vida urbana, no trae como consecuencia la desaparición ni siquiera la disminución de la vida rural; no obliga ni siquiera al predominio de la vida urbana, sino a una justa proporción, a un equilibrio de cooperaciones y cualidades complementarias de la vida urbana y rural. Será necesaria, pues, la reunión de la ciudad con los campos circundantes para construir un tipo acabado de vida social en orden público".

Este "vasto conjunto de ciudades y campos" expone en toda su amplitud el problema de las comunidades locales intermedias, desde el municipio hasta la región.



vendredi 11 octobre 2013

La aldea, primera forma de la vida pública (IV)

Los cuerpos intermedios,
Michel Creuzet.
Las ciudades tentaculares

"En Polonia, escribe el comunista Kolakowski, hay dos factores que actúan con toda evidencia en favor de la laicización y de los que se puede decir que tienen una fuerza objetiva en el país: primero, la urbanización de la vida social, y segundo, el progreso de la instrucción".

Dejemos de lado el segundo punto, función de la escuela laica en el progreso del comunismo, que no es nuestro objeto aquí.

En cuanto al primer punto, ¿cómo puede favorecer "la urbanización de la vida social" a la "laicización" y, en la visión de Kolakorwski, a la marxistización de un país? ¿Y cómo se puede tener, con el simple hecho de aumentar las agrupaciones urbanas, una influencia ideológica en el sentido revolucionario?

Es que se ha desviado a la ciudad de su objetivo natural.

"Centro en torno al cual las aldeas y los campos se agrupan con la finalidad de recibir de él y de encontrar en él todo aquello que les falta para poder participar de esta vida civilizada", nos dice Jean Daujat.

Esta función complementaria de la ciudad con respecto al campo, desaparece del panorama común al capitalismo liberal y al marxismo.

La ciudad tiende a transformarse en la sola comunidad de vida civilizada. Lejos de favorecer el desarrollo y la civilización de las aldeas y los campos, los "grandes centros" vuelven anémico todo lo que no les incumbe directamente, y, en primer término, las ciudades más pequeñas con sus predios respectivos.

Al capitalismo liberal, nos lo dijo Pío XI, le interesa aumentar la producción y crear nuevas necesidades, a menudo artificiales, para acumular riquezas. El siglo XIX vivió en el anhelo de que esta carrera hacia el bienestar aprovechase a todos los hombres, aun a los más desgraciados. Demasiado confiado en el automatismo de las leyes del mercado, el liberalismo económico ha apiñado al elemento obrero venido de los campos en esos "cuarteles", en esas chozas pestíferas que son aún el oprobio de las grandes ciudades industriales.

Simultáneamente, la economía rural quedaba reducida a un estado de inferioridad con respecto a la industria, más rápidamente "rentable". De ahí el "éxodo del campo" y la concentración urbana en las ciudades muy grandes.

Desde hace aproximadamente dos años, Sao Paulo ha aumentado en más de un millón de habitantes.

En el "gran Dakar" se habían previsto construcciones para alojar a la población venida del campo. ¡No bien terminadas de construir ya había a su alrededor, en 1960, una verdadera ciudad hecha de latas, equivalente en superficie a las nuevas barriadas!

La región parisiense ve llegar cada año cien mil provincianos.

En la Argentina, el tercio de la población total se agrupa en unas pocas enormes aglomeraciones.

La construcción de ciudades "concentracionarias" con materiales muy ligeros y a precios elevadísimos, ha hecho la fortuna de un capitalismo abusivo.

También ha hecho la fortuna del marxismo. Nada favorece más a la "enajenación", al desarraigo de los individuos que la urbanización excesiva. El "acondicionamiento" político, moral y psicológico queda favorecido por ello. La personalidad se diluye en "conglomerados" que ya no son de talla humana.

Un clima como este es el "baño" soñado por el materialismo.

La urbanización abusiva es una condición importante en esta "masificación" que Pío XII oponía a la organización humana del "pueblo verdadero".

Separado de la naturaleza, preocupado con la sola producción de bienes materiales, hundido en una vida artificial, sometido a presiones sociales cada vez mayores-, desequilibrado físicamente por la excesiva multiplicidad de sensaciones y por una tensión nerviosa anormal, ¿cómo podría resistir el hombre? ¿Cómo no habría de ser la presa determinada por los regímenes totalitarios? ¿Cómo no habría de perder de vista su fin natural y sobrenatural?


Sin mencionar la miseria, generalmente mayor que en la vida rural, porque en aquélla el número de los que no poseen nada propio es considerablemente mayor. Fuera de su empleo, el obrero de las ciudades no tiene apenas los medios de conseguir su alimento, como lo puede hacer el de la aldea, que posee un huerto, algunas aves y, a veces, un trozo de tierra de cultivo.

El hombre de las ciudades excesivamente grandes tiende a convertirse en alguien que no puede nada por sí mismo, depende estrechamente del medió social y no tiene ya raíces, es decir, en el propio tipo del proletario, instrumento de la revolución permanente.

A estos inconvenientes de las ciudades tentaculares hay que añadir el peligro moral del anonimato, de las grandes muchedumbres y del "descastamiento". De él hemos hablado con respecto a la aldea. A él volveremos en el capítulo destinado a la civilización.



jeudi 10 octobre 2013

La aldea, primera forma de la vida pública (III)

Los cuerpos intermedios,
Michel Creuzet.
Cuerpos subsidiarios de la aldea.

Al hablar de la aldea, ya hemos abordado los problemas de la civilización rural. Les atañen también a las pequeñas ciudades, en los escalones inmediatamente superiores, ya que los intercambios con las aldeas son continuos. Son sus cuerpos subsidiarios inmediatos.

Los beneficios de la civilización rural se vuelven a encontrar también en las comunidades a escala humana, como las barriadas de las ciudades, por ejemplo.

"En las grandes ciudades, escribe Jean-François Gravier, los urbanistas modernos cuidan de organizar en torno de estos dos polos (el campanario y la escuela), lo que ellos llaman "unidades residenciales"; en lenguaje normal: barrios".

Se ve, pues, que el orden normal y natural de las cosas exige que entre las aldeas y las grandes ciudades gravite una infinidad de grupos humanos intermedios, proporcionando cada uno a las comunidades menos vastas que él mismo, su complemento necesario.

Las civitas romana prefiguró esta "trabazón de ciudades y predios", ya que comprendía, además de la aglomeración urbana, un sinfín de villas, con una población, cada una de ellas, de dos a tres centenares de habitantes.

El mal del urbanismo, denunciado por Pío XII, no atañe más que a las grandes ciudades, monstruos engendrados por la "civilización industrial", verdaderas Babilonias en las que desaparece el hombre absorbido por la uniformidad de la masa gregaria.

No se trata, empero, de hacer volver toda la civilización a la existencia aldeana.

Tan tentadoras como puedan serlo las nostalgias bucólicas, no corresponden apenas a la realidad del mundo actual.

No obstante, se pueden perfectamente aliar las ventajas humanas de la civilización rural con el esfuerzo civilizador de las ciudades por medio de sus escuelas secundarias o superiores, sus locales de cultura intelectual y de formación de élites, el prestigio de sus tradiciones, etc.

Pero, aun en esto, hay que distinguir entre las "ciudades" y la "ciudad", propiamente dicha. Algunas podrán tener universidades, academias, hospitales modernos, amplias bibliotecas. Otras, en cambio, no tendrán más que un colegio, y aun habrá otras que no lleguen más que a ser un centro administrativo, episcopal o militar.

Igual al variado número de posibilidades, así habrá un sinnúmero de pequeños focos en cuyo alrededor los hombres podrán civilizarse.

Esta es la vida social y su orden natural. Pero no es ésta la concepción que preside el monstruoso crecimiento de las "ciudades tentaculares".


mardi 8 octobre 2013

La aldea, primera forma de la vida pública (II)

Los cuerpos intermedios,
Michel Creuzet.
La vida rural, más cercana a la naturaleza, más alejada de las seducciones artificiales, es un factor de estabilidad económica. Dice Pío XII, hablando del "conflicto actual entre la ciudad y el campo", "que se trata de formar hombres diametralmente opuestos".

"Las ciudades modernas, con su constante desarrollo y sus aglomeraciones humanas, son el producto típico del dominio interesado del gran capital sobre la vida económica; y no sólo sobre la vida económica, sino también sobre el mismo hombre. Efectivamente, como lo ha advertido eficazmente nuestro glorioso predecesor Pío XI en su encíclica Quadragesimo anno acontece demasiado a menudo que ya no son las necesidades humanas y su importancia natural y objetiva las que regulan la vida económica y el uso del capital, sino, por el contrario, es el capital y sus afanes de ganancia los que determinan las necesidades que hay que satisfacer y su amplitud".

Este estado de cosas —calificado por Pío XII de antinatural—, corre desgraciadamente el riesgo de extenderse hasta las aldeas.

"No es al propio régimen (capitalista) a quien hay que culpar, escribe Pío XII, sino al peligro que traería si su influencia viniese a alterar el carácter específico de la vida rural, identificándola a la de los centros urbanos e industriales, haciendo del "campo", como aquí se entiende, una simple extensión o arrabal de la "ciudad". Tal práctica y la teoría que la patrocina son falsas y nocivas."

"Es el marxismo, como ya se sabe, quien las profesa".

El riesgo no es imaginario.

La podredumbre intelectual y moral está conquistando el campo en tal grado, que la civilización rural ha sido gravemente herida.

Le queda, sin embargo, a esta última el contraveneno que ella misma contiene: una vida naturalmente más estable, un estado de espíritu cimentado ordinariamente sobre el sentido común y el orden natural de las cosas.



lundi 7 octobre 2013

La aldea, primera forma de la vida pública (I)

Los cuerpos intermedios,
Michel Creuzet.
La aldea es, como dice Jean Daujat, "el germen, el bosquejo, la primera forma social del orden de la vida pública..., la primera comunidad de vida de los hogares". En ella se reúnen la agricultura o la pesca, artesanado, pequeño comercio que suministra lo necesario. Tiene generalmente su escuela, su guarda rural, su cuerpo de bomberos. La vida religiosa está centralizada en la iglesia.

La municipalidad dicta leyes, vela por la conservación y seguridad de los habitantes.

"En los pueblos primitivos, añade Daujat, la aldea es la sola forma de vida pública y en ella la autoridad es soberana".

Función educadora de la aldea

Vínculo familiar, hogar del campesinado, la aldea educa a los hombres por varios motivos:

  • ·         Es una comunidad restringida en la que cada uno se conoce. La "sanción social" juega en ella un gran papel. La enseñanza teórica de la moral se encarna aquí en las mismas costumbres, que no se pueden infringir sin que "todo el mundo" lo sepa.
  • ·         Arraiga en sus habitantes una tradición viviente. No estamos hablando solamente del pasado, rico en valores civilizadores acumulados por generaciones, sino también en el acrecentamiento progresivo de este capital por la juventud. Cultura, obras del ingenio y del arte, élites, vocaciones religiosas y sacerdotales deberían encontrar en la aldea la primera y sólida raíz.
  • ·         La aldea permite al hombre mantener contacto con la tierra y con el mar.
  • ·         Y en último término, se tiene la conciencia de actuar como hombres, de establecer con los demás relaciones humanas, y no quedar ahogados, perdidos en el anonimato. El hecho de conocerse no tiene solamente la ventaja de ser un freno a las procacidades. Engendra también una forma de vida, un comportamiento que es lo opuesto al "acondicionamiento". "La libertad, advierte Pierre Péronnet, no reside en una proclamación teórica, sino en una organización, es decir, en la armonía de un conjunto de órganos, de cuerpos intermedios, que prácticamente la favorecen".

Por estas razones, la aldea es el tipo de comunidad humana sobre la cual se funda lo que se ha dado en llamar "la civilización rural". ¿Qué más hay que añadir?

"Hay que velar, escribe Pío XII, con el mayor cuidado para que los elementos esenciales de lo que se podría llamar la verdadera civilización rural, se conserven en la nación: ardor en el trabajo, sencillez y rectitud respecto a la autoridad, sobre todo a la de los padres, amor a la patria y fidelidad a las tradiciones que en el curso de los siglos se han mostrado fecundas y beneficiosas, disposición de ayuda mutua, no solamente en el círculo de la propia familia, sino igualmente entre familias diferentes, entre casas diferentes; este valor único, en fin: nuestro espíritu religioso, sin el cual todos éstos que se acaban de enumerar no tendrían ninguna consistencia y perderían toda su valía, quedando reducidos a una avidez desenfrenada de ganancias". "La iglesia, añade el Papa, es el corazón de la aldea".

Hay que devolverle al hombre que, forzado por la necesidad, fascinado por los "atractivos artificiales y febriles de las ciudades tentaculares", abandona su patria chica, bajo pena de declinación moral, un ambiente de vida que le recuerde su aldea natal. Este ha de ser el objetivo de las "obras de colonización, que conservan las sólidas virtudes de la vida rural", "teniendo el cuidado de no romper las tradiciones familiares y religiosas, de restablecer, acto continuo, el contacto con el medio y con los que tienen la misión divina de guiar las almas hacia su verdadera felicidad; y facilitando todo lo que pudiere hacer nacer en los recién llegados el sentimiento de la solidaridad mutua, de las comunes responsabilidades y del amor a la nueva "patria chica", que los acoge tan generosamente".