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mardi 16 septembre 2014

Tradición por siempre

Uno de los pilares de esta bitácora ha sido siempre la defensa de la Tradición (con mayúsculas) como única medicina posible ante la enfermedad mortal que aqueja a la humanidad desde esa hecatombe llamada Revolución Francesa, o para ser más precisos desde el cisma luterano.

La enfermedad es conocida como modernismo, liberalismo, o por cualquiera de sus otros nombres según las múltiples mutaciones del virus (capitalismo, comunismo, etc.) pero como dijo el R.P. Castellani, es sencillamente la más sutil y compleja de las herejías y la religión del Anticristo.

Y la Tradición puede resumirse en la fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo, con todo lo que implica de fidelidad a la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana y a sus enseñanzas seculares.

La Religión Católica y la civilización greco-romana fueron la base de la organización de los Reinos Cristianos, y en el trascurso de los siglos fueron conformando la sociedad cristiana con sus leyes e instituciones, fundamentalmente en ese periodo de la historia que los modernistas llaman con desprecio edad media, como si no fuera más que un intermedio en un figurado proceso de transición desde la antigüedad clásica hasta lo que llaman renacimiento y edad moderna.
Pero la edad media es ciertamente la Edad de Oro para la humanidad, y en España, donde del siglo octavo al décimo quinto la civilización cristiana se desarrolla inmersa en la epopeya de la Reconquista frente al Islam, son precisamente los siglos décimo sexto y décimo séptimo los que constituyen nuestros Siglos de Oro, esto sí innegable incluso para los historiadores liberales, como consecuencia directa del establecimiento definitivo de las bases de nuestra Patria en la fidelidad a la única y verdadera Iglesia de Cristo, en la unidad territorial peninsular y en la evangelización del Nuevo Mundo.

Es sabido que para el Leviatán conocido como estado moderno, las tradiciones no son más que manifestaciones folclóricas con posibilidad de explotación económica turística. Pero en el fondo del alma de los verdaderos hombres, los que viven y sienten en contacto con la tierra, las tradiciones son mucho más que todo eso y están muy por encima de las modernas instituciones, que les son tan ajenas como inútiles y en la mayoría de los casos seriamente nocivas.
Cuento todo esto a modo de introducción, para traer a este rincón de internet la reseña de otra de nuestras hermosísimas tradiciones hispanas, que en estos días se está viviendo en la ciudad de Astorga y los pueblos de las comarcas cercanas.

Esta tradición se remonta a los tiempos de Santo Toribio, obispo de Astorga, más conocido como Santo Toribio de Liébana por haberse trasladado allí sus retos en el siglo octavo ante el avance sarraceno.
Santo Toribio, que vivió en el siglo quinto, es famoso por su combate contra la herejía priscilianista y por haber traído de Tierra Santa un fragmento de la Cruz de Cristo, el Lignum Crucis, que se venera junto a sus restos en el Monasterio de Liébana.

El evento que nos ocupa tiene su origen en una gran sequía de siete años ocurrida en vida de Santo Toribio. Los campesinos acudieron a pedir consejo y auxilio al santo, ya obispo de Astorga, que les encomendó buscar la imagen de la Virgen de Castrotierra y, una vez hallada, conducirla en procesión a la catedral de Astorga donde debían ofrecerle un novenario, cumplido lo cual llegaría la ansiada lluvia a los campos, como así sucedió efectivamente.
Desde entonces peregrina la imagen conocida como Virgen del Castro desde su santuario hasta Astorga y regreso, al menos cada siete años, o en ocasión de gran sequía.

La imagen actual de Nuestra Señora del Castro es una talla románica sedente de madera policromada al temple. En la mano derecha sostiene la Manzana del Paraíso y el Niño está sentado sobre su pierna izquierda. La luna de sus pies y la corona aureolada con rayos solares y estrellas que porta alegorizan la Asunción.
Para organizar estas peregrinaciones y para solicitar el oportuno permiso al obispo de Astorga, trasladando la petición de cualquiera de los pueblos, existe la Pía Asociación de Procuradores de La Virgen de Castrotierra, conocida como Hermandad de los Procuradores de la Tierra, formada por representantes de los doce pueblos de la jurisdicción de Astorga,  ocho de los cuales tienen la consideración de “cuartos”, San Justo de la Vega, San Román, Sopeña, Brimeda, Valdeviejas, Murias de Rechivaldo, Castrillo de los Polvazares y Santa Catalina de Somoza, y como tales “cuartos”, reunidos en concejo, nombran cada uno su procurador vitalicio por mayoría de votos, mientras que los otros cuatro pueblos, con consideración de “alfoces”, Nistal, Celada, Piedralba y Bustos, nombran un pedáneo cada uno, que asiste como observador a las asambleas de procuradores.

Una vez votada la salida de la Virgen por la asamblea de procuradores, se convoca a los pueblos para que acudan “por lo menos con la mitad de sus vecinos”, con su cruz y su pendón.
Así pues, señalado el día de salida por los procuradores, los pueblos interesados se van acercando al Castro con las respectivas insignias: pendón y cruz parroquial, siendo los pueblos cercanos geográficamente a la Ermita quienes acudan en procesión portando pendón, cruz y la imagen de la Virgen patrona de los respectivos pueblos, en un acto de despedida a la Virgen de Castrotierra. Cuando regrese al Castro, estas mismas imágenes volverán a recibirla en idénticas condiciones. Los pueblos que acuden en procesión son: Villalís de la Valduerna, Posada, Villamontán, Miñambres, Redelga, Rivas, Valle, Castrotierra, Fresno de la Valduerna, Robledino y Robledo (cito todos los nombres de los pueblos porque me parece que los nombres de los pueblos de España son hermosísimos).

Celebrada la Santa Misa, la comitiva parte hacia Astorga.

La procesión tiene tres bloques, el primero formado por los pendones en rigurosos orden, comenzando por el de Santa Marina del Rey y finalizando por el Castrotierra, que avanzan ondeando sus paños a lo largo del polvoriento camino. Los pendones tienen entre 10 y 12 metros de vara, lo que hace harto difícil el arte de pujarlos. Cada pendón es atendido por 15 o 20 personas, lo que explica a las claras la dificultad para llevarlo tantos kilómetros, siempre derecho, ya que no hay cosa más vergonzosa para el pueblo que ver caer a tierra su pendón.
Un segundo bloque se forma con las cruces parroquiales y el tercero lo constituye la Virgen y sus acompañantes.
La entrada en Astorga es espectacular, entre el clamor del público que se agolpa en calles y balcones y, a las puertas de la catedral, el Cabildo Catedralicio recibe a la Virgen y la introduce en la catedral para su permanencia de nueve días.

Durante el novenario se suceden diferentes actos religiosos en honor a la Virgen del Castro, cuyos mantos son custodiados por las monjas del convento de Santa Clara.
Pero en este año del Señor de 2014 la procesión de la Virgen del Castro decidida por los Procuradores de la Tierra no tiene su causa en una sequía o en el periodo de siete años estipulado desde hace tantos siglos.

La Pía Asociación de Procuradores de La Virgen de Castrotierra, la Hermandad de Procuradores de la Tierra, ha decidido solicitar al obispo de Astorga, dada la devoción a su Virgen del Castro de los habitantes de sus pueblos y la gran importancia que para todos ellos tiene esta imagen de la Madre de Dios, que sea coronada canónicamente el próximo sábado 20 de septiembre.
Para ello han encargado a un orfebre la realización de una corona imperial con aureola realizada en plata de ley dorada y en su color, de estilo barroco ecléctico, compuesta también por piedras de cristal checo en verde y rojo, colores tradicionales de las coronas de la diócesis, talla cabujón y brillante.

La aureola está inspirada en la antigua corona que desapareció hace 38 años y, en este caso, se ha realizado de tal manera que pueda ser desmontada y reparada en caso necesario. La pieza cuenta con una inscripción: “Los procuradores de la tierra y sus juntas vecinales donan esta corona a Nuestra Señora del Castro. Astorga 2014”.
Los procuradores de la tierra asumen el coste de la corona. Castrillo de los Polvazares, Murias de Rechivaldo, Valdeviejas, Brimeda, Sopeña-Carneros, San Justo de la Vega, San Román de la Vega, Celada, Nistal y Piedralba son los diez pueblos que han unido sus fuerzas y sus recursos para que la Virgen pueda lucir esta nueva corona.

La Tradición está viva. Como tantas veces repetimos, el tradicionalismo no consiste en adorar las cenizas, como pretenden los que quieren encerrarnos en los museos o convertirnos en atracciones turísticas, consiste en trasmitir la llama ardiente y luminosa que recibimos de nuestros antepasados.

Tras siglos de lucha contra el modernismo deshumanizador, después de sufrir los robos de las desamortizaciones y de ser asolados por la avaricia sin límites de los modernos y sangrantes impuestos centralistas, el gobierno sigue legislando sin piedad ni descanso contra los últimos reductos de libertad y verdadera democracia, como nuestros concejos, pedanías y juntas vecinales. En definitiva contra nuestros Fueros, con los que los verdaderos reyes protegían a sus súbditos de los posibles abusos de nobles y señores.

Ayer, hoy y siempre, los boinas rojas por Dios, la Patria, los Fueros y el Rey legítimo.





lundi 17 juin 2013

La Tradición, un largo camino por andar

Queda una labor inmensa por realizar.

Una labor que exige el esfuerzo de todos y cada uno. Una labor que, sin duda, supera nuestras fuerzas, las fuerzas de todos. Una labor imprescindible, que sólo con la ayuda de Dios podremos acometer.

Pero hay algo fundamental a nuestro favor. Los cimientos ya están listos y son firmes.

He pasado el fin de semana envuelto en las conmemoraciones en homenaje al Estandarte de Clavijo, que como ya he contado, han adquirido en esta ocasión una relevancia muy especial.

Y también he pasado el fin de semana llevando la contraria a historiadores liberales, que siguen cacareando sus absurdas consignas. La primera y más estúpida, que “mejor nos hubiese ido con José Bonaparte que con Fernando VII.”

Amigo mío, les respondo, finalmente las ideas revolucionarias y liberales, tan modernas y benéficas, tras ser derrotadas por el pueblo español en los campos de batalla, fueron impuestas por las mal llamadas cortes de Cádiz (que en Cádiz se refugiaron cobardemente de la lucha, pero cortes, lo que se dice cortes, ni por asomo lo fueron).

Y a pesar de llegada de “El Deseado” y del Manifiesto de los Persas, a pesar de la entrada en España entre aclamaciones y fervor popular de los Cien Mil Hijos de San Luis, a pesar del valor y sacrificio de las tropas Carlistas, en cuyas filas combatieron muchos que habían combatido contras las tropas de Napoleón, al final pasamos el siglo XIX de un gobierno liberal a otro.

Así que si “nos ha ido mal”, será por causa de haber abrazado, los gobiernos que no el pueblo español, el liberalismo y la revolución. Será por culpa de las desamortizaciones y no de la Santa Madre Iglesia, será a causa de monarquías parlamentarias y constituciones, no de la Monarquía Hispánica Tradicional y nuestras leyes y fueros. Vamos digo yo.

Y claro, se callan. Porque no saben qué decir.

Y luego que si los nobles siempre han buscado su propio beneficio, que si la Iglesia es oscurantista, bla, bla, bla.

Que digo yo, amigo liberal, que lo de buscar el propio beneficio, material o espiritual, es connatural al ser humano. Pero si un sistema es capaz de hacer que el beneficio de unos se funde en el beneficio de los demás, siempre será mejor que los sistemas liberales en los que cuando uno gana, es que otros pierden. Porque el capitalismo es eso, ni más ni menos, cuanto menos ganes tú, más gano yo.

En fin, que el Estandarte de Clavijo salió del Ayuntamiento de Astorga en procesión, con los Marqueses de Astorga a la cabeza, escoltado por los Zuizones de los gremios, hoy Cámara de Comercio, por los Maragatos, las Doncellas que no serán entregadas como tributo a los moros, y por el Regimiento de Astorga, que desde hace un siglo es el 62 de Artillería.

Y se dijo misa cantada en la Catedral, oficiada por su Obispo, con la arqueta del viejo Estandarte de Clavijo, y tocando la Marcha Real con dulzaina tras la Consagración, en Honor al Santísimo.

Y al Estandarte de Clavijo, que llevaban las tropas de Cristo con el Apóstol Santiago a la cabeza en la memorable victoria sobre el Islam salvaje e invasor, el Regimiento de Astorga lo despidió a los acordes de la Marcha Real, como Dios manda, a despecho de modernos reglamentos pergeñados por gobiernos traidores a la Patria.

Y hubo vino de Rioja y del Bierzo, y buenas viandas, y cocido maragato, y música y bailes. Y muchas salvas de mosquete y mucha pólvora, faltaría más.

Y ahora queda seguir luchando por nuestras tradiciones, cuyo sitio no está en los museos ni en el folclore, si no en nuestro modo de vida y gobierno.

Empecemos por nosotros mismos, que para una tarea como esta es preciso estar en Gracia de Dios, confesados y comulgados, y firmes en nuestra fe, Católica, Apostólica y Romana, que el fundamento de nuestra Patria.

Y ahora perdamos el miedo a defender nuestras ideas, que no tienen rival posible porque son la Verdad con mayúsculas.

 
 




jeudi 13 juin 2013

Astorga retorna a la Tradición

Muchas veces hablamos los tradicionalistas de la historia de la Patria. Hoy, recordando más que nunca que la Tradición consiste en transmitir el fuego más que en adorar las cenizas, tengo el orgullo de hablar de actualidad.

Ya he hablado en otras ocasiones del Estandarte de Clavijo, presente en la batalla en la que el mismísimo Apóstol Santiago guió a las huestes cristianas de las Españas a la victoria sobre los musulmanes.

Este estandarte de los Osorio, que ha participado no sólo en los grandes hitos de la Reconquista, desde la defensa del Reino de Asturias hasta las Navas de Tolosa, sino que también fue portado en la guerra contra la invasión de la Francia revolucionaria, es el símbolo en torno al cual está germinando en la ciudad de Astorga un proceso lento pero decidido de retorno a la Tradición.

La Tradición de las Españas, firmemente sujeta a las raíces cristianas que nos transformaron en el pueblo que fuimos, somos y seremos, nos fue arrebatada por la sangrienta y criminal oleada revolucionaria que, derrotada por el pueblo en lo que conocemos como la Guerra de la Independencia, fue finalmente impuesta por los traidores que infestan las páginas de nuestra historia del siglo XIX.

Dos hechos muy significativos tendrán lugar en los próximos días en Astorga, con el beneplácito y apoyo unánime de todos los astorganos, sin distinción alguna política o social.

El primero es la presencia, por primera vez después de varios siglos, de los Marqueses de Astorga en la celebración conocida como la Zuiza, en la que se rinde homenaje al Estandarte de Clavijo, que lo es del marquesado de Astorga, por serlo de los descendientes de Gutierre Osorio.
El Marquesado de Astorga fue concedido por Enrique IV de Castilla a Don Álvaro Pérez Osorio de Rojas Manrique el 16 de julio de 1465, primer marqués de Astorga, lo que convierte al de Astorga en uno de los cuatro marquesados más antiguos de España, con distinción de Grande de España.

Los actuales marqueses parecen estar dispuestos a responder a la llamada de los astorganos, y de hecho han restaurado recientemente su Torreón de Turienzo de los Caballeros, un monumento realmente emblemático de la historia leonesa, el único monumento civil leonés del siglo XIV que se conserva en la maragatería, abriéndolo al público.

Este torreón fue propiedad del Monasterio de San Pedro de Montes, y antes de los Templarios y probablemente en épocas mucho más remotas formó parte de un antiguo castro astur o romano. Se sabe que en la época de convertirse en Señorío de los Osorio, fue fortaleza, de la que sólo queda la torre del Homenaje, y restos de muralla.

Su función antes de pertenecer a la familia de los Osorio, fue proteger las cercanas minas de oro, y posteriormente, en época de los templarios, vigilar el camino de los peregrinos que marchaban a Santiago de Compostela.

La presencia de los Marqueses de Astorga este próximo fin de semana para presidir los actos de homenaje al Estandarte de Clavijo, en los que participan las ciudades de Astorga y Clavijo, se completa con el otro acontecimiento que, Dios mediante, llenará de orgullo a los astorganos en un futuro próximo.

Para explicarlo debemos de nuevo retrotraernos hasta los días trágicos de la invasión napoleónica.

En aquellos tristes momentos, el general Jeanin, gobernador de Astorga por la parte invasora, ordenó al Corregidor de la ciudad destruir el escudo de los Osorio, precisamente, que se encontrada en la torre izquierda del Palacio Consistorial, la Casona para los astorganos.

El motivo no era otro que la negativa del Marqués de Astorga a reconocer al hermano del pequeño usurpador corso como rey, abandonando Madrid para presidir en Sevilla la Junta Suprema Central que dirigiría la guerra.

Por estos hechos, el gobierno revolucionario condenó en rebeldía al Marqués de Astorga y se incautó de todos sus bienes y propiedades. Al igual que muchos astorganos leales, sufrió la “Damnatio Memoriae” por la que se ordenó que su nombre y heráldica fueran borrados de todos los edificios donde figurasen por orden del rey intruso.

Este acto fue sentido como una humillación por los astorganos, que se resistieron durante días a acatar la orden. El general gobernador amenazó y puso en la Plaza Mayor un cañón para volar el escudo y parte de la fachada a cañonazos. Fue cuando el Corregidor ordenó retirarlo, como se recoge en la copia de la carta manuscrita que se conserva en el Archivo Municipal.

Los actuales marqueses están dispuestos a costear la fabricación e instalación en la torre astorgana de un nuevo escudo, copia del antiguo, para orgullo de la ciudad y reparación de aquel agravio.

La Tradición se abre paso entre las cenizas de la desolación que produce la modernidad revolucionaria. En estos días de tribulación y sufrimiento que asolan las Españas, la esperanza, como siempre, está en el retorno, en el rechazo a lo extraño, en la lealtad a nuestras raíces.

¿Quién sabe hasta dónde podremos llegar en esta nueva andadura?

lundi 3 juin 2013

Reyes de verdad, como Dios manda

Hoy quiero recordar una pequeña anécdota histórica, que al tratarse de Carlos I Rey de España y Carlos V Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, no es tan pequeña.

La anécdota, histórica por otra parte, ilustra muy bien una época y modo de gobernar en el que, al hombre más poderoso del mundo, al Emperador, al Rey de las Españas, ni se le pasaba por la cabeza saltarse norma alguna que un obispo católico hubiese dictado en su diócesis.

El que pase por Valladolid, puede visitar la Plaza de San Pablo que, presidida por una estatua de Felipe II, está rodeada por la sede de la Capitanía General, hoy Cuarta Subinspección General del Ejército, que es el Palacio Real de Valladolid, así como por el Palacio de Pimentel y la majestuosa Iglesia de San Pablo.

Resumiendo el hecho, la cuestión es que la reina había dado a luz al que sería Felipe II, el hijo de Carlos I, en el Palacio de Pimentel que está enfrente del Palacio Real, al no estar acabado al parecer el pabellón correspondiente en el propio Palacio Real.

La norma eclesiástica marcaba que cada niño debía ser bautizado en la parroquia correspondiente a la calle por la que se le sacase de casa la primera vez, y la puerta del Palacio de Pimentel da a una calle a la que le correspondía la parroquia de San Martín, pero los monarcas deseaban bautizar a su hijo en la de San Pablo.

¿Qué hizo Carlos I de España y V de Alemania?¿Convenció al obispo de que modificase la norma o hiciese una excepción? ¿Simplemente se saltó la norma a la torera? Eso sería lo "de esperar" en nuestros días ¿no?

Pues el Emperador Carlos simplemente ordenó que sacasen al niño por una ventana de palacio que diese a la plaza y a la que correspondiese la parroquia de San Pablo. Y punto.

“El que tenga oídos, que oiga” San Mateo 13, 9.

lundi 22 avril 2013

Español, lee y difunde.

Un hombre en pie: pensamiento de un carlista de Leiza
(Del blog de “El Brigante”)

El pasado Martes Santo, 26 de marzo de 2013, el ayuntamiento de Leiza acordó por mayoría absoluta (9 concejales –de la izquierda abertzale– sobre 11) retirar el nombramiento de hijo predilecto de Leiza a don Antonio Lizarza, carlista e hijo de la villa. Otro hijo de Leiza, el concejal Silvestre Zubitur, intervino valientemente en el pleno del consistorio en protesta contra esa cobarde decisión:


“Las revanchas son una forma triste de ajustar cuentas con el pasado. Es posible que retirar un reconocimiento honorífico a una persona que pensó de un modo distinto a los que hoy tienen el poder produzca satisfacción en los que mandan, pero eso no es nada en comparación con la decepción y dolorosa sensación de que las ideas callan cuando la fuerza se impone. Y si con actos así las ideas callan, las preguntas resuenan.

Por ejemplo,

¿Cómo pudo ser que un pueblo como Leiza, tan vasco y tan trabajador y popular, fuera durante la mayor parte de la época contemporánea un bastión del carlismo?

¿Cómo pudo ser que, hasta la aparición del nacionalismo, la inmensa mayoría de los leizarras, sencillos trabajadores y pequeños propietarios, fueran carlistas de corazón dispuestos al sacrificio por defender sus convicciones?

¿No habrá tenido nada que ver el carlismo en la preservación de la cultura vasca de Leiza?

¿Aquél viejo carlismo no sería una fuerza de defensa de las libertades populares frente al centralismo liberal invasor?

¿No habrá tenido el carlismo parte en la formación de una conciencia celosa, por los derechos de la gente, y una intolerante, frente a los abusos?

Pero no se detienen ahí las preguntas que durante demasiado tiempo se han querido prohibir a los hijos de Leiza y de muchos pueblos vascos:

¿Cómo podía ser que los carlistas leizarras amaran Euskal-herria como su patria y al mismo tiempo se emocionaran con el ideal de las Españas, sin encontrar contradicción en ello?

Quizás no hay contradicción ninguna entre Euskal-herria y las Españas.

Pero hay más,

¿No enseñaban los viejos carlistas a venerar las libertades populares que llamaban fuero y a defenderlas con la misma vida?

¿No tendremos que preguntarnos qué relación tendrá aquel viejo fuero con el deseo de verdaderas libertades para Euskal-herria?

También aquí se da una contradicción, de que los que hoy hablan de fuero han logrado la abolición de su esencia y quienes buscan otro “marco institucional” para los vascos, ignoran la hermosa raíz que el fuero tiene en esta tierra de Leiza.

Por último y más importante:

¿Cómo podía ser que aquellos vascos carlistas amaran a Dios sobre todas las cosas y se enorgullecieran de llevar una vida humilde y cristiana, desde la mañana hasta la noche, desde la infancia hasta la muerte?

¿Quizá no habrá ninguna incompatibilidad entre ser vasco y la religión?

O más aún, ¿es que no fue el amor a Dios lo principal que custodiaban aquellos vascos, españoles, carlistas y leizarras?

Dejadme decir que la verdad se defiende sola. Podremos ocultarla, podremos privar a las generaciones actuales de su derecho a conocerla, pero no podremos cambiarla. El carlismo en esta tierra no fue nunca planta trasplantada que necesitara aclimatarse: fue sencillamente el decantarse de una historia milenaria que aunaba amor a Dios, al prójimo, a la justicia y a la propia identidad vasca. Por eso mismo fue siempre integrador: Dios y patria, fueros y rey. Integrar, solidarizarse, vivir en permanente auzolan, sin otra exclusión que la mentira, que el odio y que el rencor.

Me podréis decir que deliro, que dibujo un panorama idílico e inexistente. No es verdad. La razón de ello es que no hablo de ninguna ideología (y podría extenderme en las mentiras que se han vertido sobre el carlismo, vinculándolo con enemigos históricos, como el fascismo), sino de un pueblo que tan sólo quiere construir su propia vida y defender las tradiciones que le han dado su identidad. Por supuesto, que entre los carlistas hubo de todo, pero no porque eran carlistas. En tanto que carlistas eran hijos del pueblo y de Dios y sus errores personales no ensombrecen ese glorioso empeño común.

Dejadme deciros una última cosa: vosotros queréis construir una patria con una ideología. Los carlistas nunca tuvimos una ideología, sino una patria que conservar, que merecer, que transmitir. Por eso, vosotros podéis haber visto en los carlistas de ayer y de hoy enemigos que no tienen cabida en vuestra patria soñada. Esa ventaja tenéis sobre nosotros: nosotros, sin embargo, os necesitamos, aunque vosotros creéis que no nos necesitéis, porque para reconstruir la patria, el pueblo, la vida en común no podríamos prescindir de nadie, porque todos estamos llamados a ayudarnos a vivir una vida más digna y más humana. Ésa es nuestra debilidad, pero ésa también es nuestra gloria.

Mi defensa de un hijo del pueblo no es una defensa personal ni partidista, es una llamada de atención, un recordatorio a unas cuantas preguntas que todavía se acallan.”


[Esta intervención fue acompañada de la lectura del siguiente “escrito en contra de la iniciativa del ayuntamiento de Leiza para la retirada del nombramiento de hijo adoptivo de Leiza de D. Antonio Lizarza”].


“En primer lugar diré que por la diferencia de edad no he conocido a D. Antonio aunque si conocí a su hermano D. Nazario, que vivía en Leiza, cuando nosotros éramos pequeños, y también a todos sus sobrinos, hijos de su hermano D. Rufino y los hijos de este y los nietos, pues son de mi edad y por último los biznietos que son de la edad de mis hijos. Lo que si, he tenido la oportunidad de conocer a dos de los hijos de D. Antonio, D. Javier y D. José Antonio con los cuales he mantenido y mantengo una gran amistad por su personalidad y fidelidad en todo momento y como representante de este ayuntamiento por el honor y la dignidad de todos ellos y con todo merecimiento quiero hacer esta defensa.

En segundo lugar diré que siempre me ha gustado escuchar a las personas mayores en sus tertulias y entre ellos hablaban muchísimo de D. Antonio y de lo que les ocurrió aquí y allá, pero tengo que reconocer que entre aquellas vivencias y a menudo estremecedoras, nunca escuche una conversación con el mínimo rencor hacia las personas que habían sido sus adversarios, al contrario la mayoría de aquellos hombres y mujeres supieron rehacer sus vidas pasando todos, toda clase de penurias, se respetaron y convivieron en adelante, dejando ejemplo para la posteridad.

A D. Antonio Lizarza el pueblo de leiza le nombró hijo adoptivo, y ahora el pueblo de Leiza le va a retirar. ¡Pobre Leiza como te han cambiado! Pero yo os diré que a D. Antonio Lizarza, jefe carlista en Navarra, que no era hijo adoptivo de Leiza, sino que natural de Leiza y a mucha honra para él y para muchos Leizarras, eso sí que no le vais a quitar porque cambiareis la historia pero nunca, nunca, nunca la realidad.

Y por todo ello también diré que esta iniciativa que habéis presentado no hace más que demostrarme que yo en algo estaba equivocado, pensaba que aquellas tertulias de nuestros mayores, aplacaban a toda persona que no quería que sus hijos pasaran por lo que ellos tuvieron que pasar, pero veo el rencor y el odio de otras personas siguen buscando el enfrentamiento.”

Silvestre Mª Zubitur