jeudi 10 mars 2011

¿Versos sueltos?

Repasando literatura medieval y renacentista con mi hijo para sus exámenes, me vino a la cabeza la expresión “verso suelto” y me hizo gracia pensar que es el epíteto empleado para referirse a los políticos que, aparentemente, “disienten” o no comparten por completo la opinión oficial de su partido político en una u otra cuestión. Este detalle me da pié para una reflexión.

Desde un punto de vista empírico, basado en la experiencia y los hechos probados, la única característica diferenciadora respecto a otros sistemas de gobierno de lo que actualmente se conoce como “democracia”, consiste en la posibilidad ofrecida a los ciudadanos mayores de 18 de años y no privados del derecho al voto por sentencia judicial, de escoger, cada cuatro años en el caso español, entre dos o a lo sumo tres listas de candidatos a detentar el poder (legislativo, ejecutivo, judicial… el poder absoluto vaya), ya que las otras listas disponibles no tienen, en virtud de pérfidas leyes electorales, posibilidad alguna de obtener representación en el proceso.

Dichas listas han sido previamente elaboradas por asociaciones privadas denominadas partidos políticos, sin que el ciudadano pueda intervenir en su confección ni tenga posibilidad alguna de modificarlas.

Por otro lado, una vez emitido su voto y finalizado el proceso electoral, el votante no tiene derecho alguno amparado por la ley para exigir a los candidatos escogidos el cumplimiento de sus programas o promesas electorales, ni tan siquiera la defensa de sus legítimos intereses.

De hecho, tampoco los supuestos representantes electos de la ciudadanía tienen derecho a actuar según el dictado de su opinión o conciencia individual, al deberle fidelidad absoluta al partido político que decidió incluirles en las listas, gracias al cual disfrutan de las prebendas de su condición.

Lo expuesto hasta aquí sería suficiente para negar las bondades del sistema y las falacias libertarias al respecto. Pero no es todo.

Los partidos políticos están, como hemos visto, en el origen de los procesos de reparto del poder del sistema. Para ello disponen de poderosos aparatos institucionales que exigen una sólida financiación, que desde luego no puede provenir de las cuotas de sus afiliados de base. Una gran parte de sus ingresos los obtienen del propio estado, es decir de los impuestos que pagan los ciudadanos, en función del resultado electoral obtenido. Maquiavelo estaría impresionado.

Otra gran parte de su financiación proviene de “inversores” privados. Nadie es tan ingenuo como para pensar que estas aportaciones voluntarias no se basan en la esperanza de contrapartidas directas. De hecho un mismo inversor acostumbra a “colaborar” con las dos o tres formaciones con posibilidades de éxito. Son reglas básicas de mercado. “"No es personal Sonny, sólo negocios" como dice Michael Corleone (Al Pacino) en “El Padrino”, una trilogía llena de sabiduría sobre este mundo que hay que volver a ver de vez en cuando.

Ya va quedando claro en manos de quién está el poder en las “democracias”, y no parece que sea “el pueblo”.

Los representantes así escogidos, sometidos a la disciplina de esas asociaciones privadas controladas por intereses económicos, forman el poder legislativo, que a su vez elige al ejecutivo y controla al judicial. Ni división de poderes ni gaitas, absolutismo puro y duro. Así de simple.

Una vez comprado el poder, se convierte en una mercancía más, sometida a las “leyes del mercado”. “Si Don Corleone tiene los jueces y los políticos de Nueva York, los debe ceder y que otros los aprovechen, debe dejarnos sacar agua del pozo, cierto que puede presentar factura por el servicio, después de todo no somos comunistas.”

Al fin y al cabo la revolución francesa consistió en que los estados dejasen de estar regido por reyes y nobles, obligados por leyes seculares que no estaban autorizados a cambiar a su antojo, y sometidos al magisterio y control ético y moral de la Santa Madre Iglesia, para pasar a estar en manos de los ricos, de los banqueros, de los especuladores… sin moral ni control alguno de ningún tipo.

En el sistema monárquico tradicional de las Españas, la representatividad se aseguraba a través de las instituciones sociales naturales del hombre como su familia, su gremio o corporación profesional correspondiente, su municipio…

Quedan sólo un par de falacias más que no resisten el más mínimo análisis racional.

“Un hombre, un voto”, es un principio positivamente falso ya que el voto tiene diferente valor en función del territorio de residencia del votante.

“Igualdad ante la ley” también es un principio falso, ya que las leyes elaboradas por el legislativo son los suficientemente ambiguas para que su aplicación se base en la interpretación, permitiendo a aquel que disponga de suficiente poder económico, el único poder real en nuestros días, no sólo contratar los servicios jurídicos de defensa más profesionales y preparados, los más caros, si no también la negociación directa con el estado a espaldas de la ley. No creo necesario citar ejemplos.

“No necesito matones, necesito más abogados” le dice Michael a Vince en El Padrino III. “Un abogado con su maleta puede robar más que cien hombres armados” le dice Vito Corleone a su hijo Sonny en la primera película de la trilogía.

Y finalmente, por no extenderme, el mantra favorito de los “demócratas de toda la vida”, el respeto a todas a las opiniones, el pluralismo.

Que cualquiera pueda decir públicamente, sin fundamento ninguno, la primera estupidez que se le ocurra, es algo intrascendente (¿a quién le importa?). Pero cuando un supuesto “representante del pueblo” emite una opinión contraria a la posición impuesta por el aparato de su partido el sistema se desquicia. “¡Tránsfugas!”, “¡disidentes!”, y ala, a redactar leyes que lo impidan.

Por supuesto, no seamos ingenuos, el origen de estos “versos sueltos”, tránsfugas o disidentes, no está en la conciencia personal. Se trata del intento de otro poderoso, otro rico, afectado por una decisión de los partidos políticos en su contra, que trata de emplear las mismas reglas de juego, comprando a un político en particular, que sale más barato que comprar al partido. La diferencia es que la compra se hace después de las elecciones, y eso cambia las reglas de juego y resulta “inaceptable” para el sistema establecido.

El cuerpo me pide seguir argumentando sobre el respeto a todas las opiniones, el relativismo, la tolerancia, pero es tarde. Como decían Tip y Coll, no todo va a ser citar “El Padrino”, “la semana que viene hablaremos del gobierno”.

mercredi 9 mars 2011

Cuaresma; Carême

Lectura de la profecía de Joel 2,12-18:
«Ahora, oráculo del Señor, convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.» Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el Señor, vuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo.»

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensara.»

Iniciamos la Cuaresma

Para vivir con hondura este tiempo especialmente santo, a partir del Evangelio de San Marcos, propongo a los lectores unas consideraciones sencillas, que espero les sean provechosas. En el relato de la Pasión de este evangelista llama la atención el silencio de Jesús a partir del prendimiento. Ante las acusaciones de los falsos testigos, «... callaba sin dar respuesta». Ante el sumo sacerdote, que le pregunta si es el Mesías, responde lacónicamente «Sí, lo soy»; y ante la pregunta de Pilatos «¿Eres tú el rey de los judíos?», contesta con un escueto «Tú lo has dicho». A partir de ese momento, guarda un silencio absoluto, que sólo interrumpe cuando momentos antes de expirar «clama con una gran voz»: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». De las siete palabras de Jesús en la cruz, que nos transmiten los otros evangelistas, San Marcos sólo nos refiere este grito desgarrador.

Estamos ante el silencio de Jesús, más expresivo que mil palabras. Y Jesús seguirá en silencio cuando el pueblo pida la liberación de Barrabás, en la flagelación, en la coronación espinas y en la crucifixión. Jesús sigue en silencio cuando le insultan los sumos sacerdotes, los ladrones crucificados con Él y quienes pasan junto al Calvario... Entonces se cumple la palabra de Isaías: «Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca, como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca».

Silencio impresionante de Jesús, más elocuente que los más altisonantes discursos... En el silencio de Jesús intuimos su condición divina, porque sólo una humanidad asumida y transformada por la divinidad puede sufrir en silencio y por amor a los hombres una muerte tan injusta, ignominiosa y cruel, reservada en el derecho penal romano a los peores criminales. Qué contraste entre las actitudes de Jesús en su pasión y nuestras quejas indisimuladas ante la enfermedad o el sufrimiento, ante aquello que no resulta a la medida de nuestros deseos o ante lo que creemos que no nos merecemos. Qué contraste entre el silencio de Jesús y nuestras explicaciones prolijas para justificar nuestros errores, claudicaciones y cobardías. Qué contraste entre el silencio de Jesús y nuestro mundo desbordado e inundado de palabras, de reclamos publicitarios, de discursos vacíos llenos de promesas, palabras que se convierten en ruido que deshumaniza.

«Sólo el silencio libera», ha escrito un poeta del siglo XX. Ortega y Gasset, por su parte, aseguraba que «si se quiere de verdad hacer algo en serio, lo primero que hay que hacer es callarse». Este pensamiento nos ayuda a comprender el silencio de Jesús en su pasión y muerte, el momento más «serio» de su vida y el acontecimiento más «serio» de la historia de la humanidad. En él realiza la obra de nuestra redención desde el lenguaje del silencio, que es el lenguaje del amor y la generosidad de todo un Dios que entrega libremente su vida como rescate por todos.

En este Miércoles de Ceniza, pórtico de la Cuaresma, invito a los lectores a buscar el desierto y el silencio interior. Sólo desde el silencio es posible la conversión y la vuelta a Dios, el encuentro con lo mejor de nosotros mismos, con la verdad del hombre y con el rumor de Dios, sólo perceptible en el silencio. El silencio interior es especialmente necesario en estos días. Vivir la Cuaresma hoy no es fácil. Por lo menos no lo es como hace sólo unas décadas en las que el ambiente era esencialmente religioso. Hoy son muchos los señuelos y ruidos con que trata de seducirnos la sociedad consumista y secularizada en que vivimos. Por ello, vivir hoy con seriedad y provecho este tiempo santo tiene un mérito mayor.

Juan José Asenjo Pelegrina. Arzobispo de Sevilla

La Parole de Dieu

« Quand tu pries, retire-toi au fond de ta maison, ferme la porte, et prie ton Père qui est présent dans le secret. »
Évangile de Jésus-Christ selon saint Matthieu, chapitre 6, verset 6.

La méditation

C'est bientôt le printemps, et il faudrait m'enfermer ? Le soleil donne enfin, et j'irais me cacher ? S'enterrer chez soi, quand tout nous invite à sortir, voilà une drôle de façon de commencer le carême. Moi qui voulais enfin fuir ce qui s'empile et s'encrasse au fond de la maison, sous le lit, sur mon bureau : Les livres que je n'ai pas lus, les chaussettes non triées, la vaisselle pas rangée. Un amas de choses qui ne sont pas bien en ordre, qui attendront plus tard et qu'on aimerait tant oublier.

Au fond de mon coeur aussi, il y a bien des choses empilées : des querelles qui couvent, des pardons en attente, des blessures mal refermées. On n'aime pas toujours se retirer dans ces coins-là de nos vies, on préfère ignorer ces lieux terrés en nous, cachés derrière des portes fermées à double tour.

Pourtant c'est là, précisément, que le Seigneur me demande d'aller aujourd'hui : dans les recoins cachés de ma vie. « Retire-toi au fond de ta maison ». Ne reste pas là, sur le seuil, franchis une à une les portes, les plus faciles à ouvrir d'abord. Retrouve ces lieux où il fait bon séjourner : ces pièces familières, accueillantes. Celles qu'apprécient tes amis, ta famille, où brillent tes qualités. Puis continue, et atteins d'autres chambres, plus intimes : les sentiments que tu ne partages qu'à peu de monde, les secrets, les faiblesses. Et au fond, tout au fond, parviens jusqu'à cette porte fermée.

L'ouvrir te semble peut-être imprudent. Tout ce qui, derrière, est si mal rangé ne risque-t-il pas de me tomber dessus, de me blesser, de me salir ? Sache pourtant que la plus belle des rencontres t'attend derrière la porte. Car le Christ s'y tient caché. Il a déserté le jardin ensoleillé, le séjour accueillant, l'appartement témoin. Il te devance là, dans la pièce retirée.

Ouvrirai-je ? Mais de quoi ai-je peur ? Lorsque les disciples, par crainte, s'enfermèrent dans une chambre hermétiquement close, après la résurrection, le Seigneur n'a pas hésité à venir, au milieu d'eux. Leur vie était pleine d'ombre et de doutes, et c'est dans cette pièce obscure que le Christ est venu porter la lumière de sa résurrection : « Confiance, c'est moi ! ». Si ça a marché pour eux, pourquoi pas pour moi ? Dieu ne viendrait-il pas dans ce qu'il y a de plus renfermé en moi ? Irai-je courir ailleurs que là où il m'attend ?

D'ailleurs, c'est bien là, précisément, qu'il me sera utile. Le ménage, je l'ai déjà fait vingt fois dans le salon. Devant la maison, la pelouse est impeccable. J'ai sauvé les apparences, en façade, rien à redire. Mais ce temps de carême n'a rien à voir avec un ravalement de façade, ou de la décoration intérieure. Il nous invite plutôt à aérer jusqu'à cette dernière pièce de la maison, laisser s'y engouffrer le souffle vif des premiers beaux jours.

Ici, ce n'est plus moi qui accueille, c'est Lui qui m'accueille. Cette pièce cachée au fond de moi, Il la connaît bien mieux que moi. C'est elle qui l'intéresse, car c'est là où il y a le plus à faire. Ranger, réparer, trier : un vrai nettoyage de printemps.

Il est grand temps de venir rejoindre le Christ dans la pièce du fond, pour lui prêter main-forte. Pas de doute, avec lui, ça va déménager. C'est lui qui fera le boulot. Il suffira juste de l'en prier et de le suivre.

Qui sait ? Avec lui, peut-être oserai-je m'attaquer à cette suite de nouds compliqués qui paralysent certaines relations ? Avec son aide, peut-être arriverai-je à mettre le doigt sur l'une ou l'autre blessure, pour lui demander de les guérir ? Avec sa force, peut-être même que je retaperai deux ou trois meubles, des vieilleries enfouies en moi, des vieux talents oubliés, cachés dans un linge. Avec sa douceur, je retrouverai du neuf enfoui sous la poussière, pour le faire briller dehors, au grand jour de ma vie.

Se retirer tout au fond, juste un moment. Pour se cacher un temps, à la fraîcheur de l'ombre et parler sans crainte à Celui qu'au salon, ou au jardin, je n'aurais que croisé.

Cette pièce sera notre secret pendant tout ce carême. Cette porte, nous seuls, lui et moi, en avons la clef. Personne ne saura ce qui se tramera en cachette, jour après jour au fond de ma maison. Tout juste un peu de bruit en sourdine : des meubles qu'on déplace, des affaires qu'on retape, un chantier enfoui en moi. Quelque chose comme une résurrection, qui monte du plus profond de mon être, pour faire de mes tombeaux le plus beau des jardins de Pâques.

lundi 7 mars 2011

Hablando en plata

Al hilo de la cancelación de la Santa Misa por los Mártires de la Tradición, http://mollelazo.blogspot.com/2011/03/no-se-va-celebrar-la-misa-de-los.html
, me propongo reflexionar, brevemente si me es posible, sobre el asunto de la “Forma extraordinaria de la Liturgia de la Misa”, es decir, el uso de la liturgia romana anterior a la reforma efectuada en 1970, explícitamente permitido por Su Santidad Benedicto XVI en su carta apostólica en forma de motu proprio “Summorum pontificum”.

Si se tratase únicamente de una cuestión formal sobre pequeños detalles de la liturgia no se habría generado polémica ni conflicto alguno. Pero hay algo más profundo. No me corresponde a mí ciertamente disertar sobre las cuestiones que Su Santidad deja bien aclaradas en su carta a apostólica y en la carta a los obispos que la acompaña:



Doctores tiene la Santa Madre Iglesia, y yo sólo puedo compartir mi visión personal del problema.

En mi parroquia, los domingos, se celebra la Santa Misa a las 10:00, a las 12:00 y a las 13:00, esta última se suspende en verano, celebrándose las misas vespertinas domingos y sábados a las 19:00, y en verano a las 20:00.

La misa dominical por excelencia en España es la de 12:00, de hecho “Salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza” está considerada la primera película de cine rodada en España, y a esa hora solemos acudir a misa mi familia y yo. Esta misa está orientada por el párroco hacia las familias, con especial atención a los niños, sin que por ello la homilía no se dirija también en su mayor parte a los adultos. Siempre hay un coro de unas diez mujeres, dos de ellas con guitarra y otras con algún que otro instrumento como una pandereta o incluso en ocasiones “una botella de anís”.

Yo soy católico. Parece una obviedad recordarlo, pero es que católico es lo que verdaderamente soy antes que ninguna otra cosa. El Señor me ha concedido el divino don de la fe, y forma parte de lo más profundo de mi ser, es mi roca de salvación en este valle de lágrimas y el principal sustento de mi fortaleza frente a las adversidades.

Acudir y participar en la celebración de la Santa Misa los domingos y festivos, y en cuantas ocasiones se me ofrece la posibilidad, no es para mí una obligación o una carga más o menos pesada. Participar en la celebración es, sin duda alguna, el tiempo central de cada semana, un verdadero placer indescriptible y una necesidad más acuciante que el comer o el respirar.

Creo firmemente como católico que: “…el modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la Eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella «como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae). En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están «contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero» (Concilio de Trento).”

No me cabe duda alguna al respecto de lo afirmado por el Concilio de Trento: “Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera la conversión de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación”

Por eso me arrodillo durante la Consagración, porque sé que estoy presenciando un milagro, porque me encuentro, yo miserable pecador, en presencia de Nuestro Señor Jesucristo, presente ante mí en cuerpo y alma. Y por eso creo necesario recibir la comunión de manos consagradas, por eso me inclino antes de comulgar y por eso no oso tocar las Sagradas Formas Consagradas con mis manos de pecador.

El propio Benedicto XVI decidió hace tiempo distribuir personalmente la comunión a los fieles solo en la boca y puestos de rodillas. El Santo padre nos ha recordado en múltiples ocasiones que la distribución de la comunión en la mano es, desde el punto de vista jurídico, únicamente una dispensa a la ley universal.

Tampoco alcanzo a entender por qué el sagrario no preside la iglesia, por qué está casi escondido en una capilla lateral. No entiendo por qué no preside el altar y no es el centro de todas las miradas, incluida la del sacerdote.

Sé que yo, miserable pecador, no tengo autoridad ninguna para juzgar a mis hermanos, pero tampoco entiendo que la casi totalidad de los feligreses pasen a comulgar, y casi ninguno, aparentemente, se acerque nunca al confesionario. Yo mismo me acuso de acudir al sacramento de la reconciliación con menos frecuencia de la que me exigirían mis muchos pecados.

Por eso, aunque el sagrario no sea visible desde la mayoría de los rincones de la iglesia, no puedo soportar que el resto de mis hermanos en la fe entren en la iglesia con la misma actitud con la que entrarían en una sala de espectáculos o en un mercado, y mantengan intrascendentes conversaciones en alta voz sin mostrar el más mínimo decoro ni respeto.

Por eso no consigo aceptar que suenen en la iglesia, con acompañamiento de guitarras y panderetas, canciones profanas con letras absurdas durante toda la celebración, incluso con ensayos frente al altar antes de la misa, sin respetar ni tan siquiera el silencio tras recibir la comunión.

Mi fe, la fe católica, se resume de un modo exquisito en el Credo de Nicea-Constantinopla. Y el sacerdote que oficia la misa de doce en mi parroquia no lo recita, y lo substituye por su particular “traducción” en forma de pueriles preguntas.

La liturgia se ha deformado en esta misa hasta tal punto que resulta dificilísimo reconocerla, y en ocasiones la consagración casi llega a pasar desapercibida.

En su loable afán de hacer las Sagradas Escrituras accesibles a todos los feligreses, independientemente del grado de preparación intelectual o nivel de estudios, mi párroco lee unas homilías de un nivel excesivamente superficial, incluyendo en ocasiones lo que se me ofrecen a mi pobre entender como errores doctrinales, o al menos como ambigüedades que pudiesen inducir peligrosamente a errores o falsas interpretaciones.

Cómo católico, como cristiano, no me cabe duda alguna sobre el modo de orar, el modo mejor de dirigirme a Dios Nuestro Padre. Y no puede caberme duda alguna porque estando Nuestro Señor Jesucristo en este mundo, uno de sus discípulos le dijo: “Maestro, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos” (Lc 11, 1). Y en respuesta a esta petición, el Señor confió a sus discípulos y a su Iglesia la oración cristiana fundamental, el Padre Nuestro.

Y en la misa de doce de mi parroquia se substituye por una serie de frases sin sentido como “tu que estás en los que aman la verdad” o “haz que el reino que por ti se dio”, con la música de una canción de Simon&Garfunkel, compuesta para la banda sonora de “El graduado”, película que trata sobre las relaciones sexuales pecaminosas entre un joven y la madre de su posible novia.

En medio de esta canción de origen tan profano, se recita el verdadero texto del Padre Nuestro, mientras el coro importuna a la comunidad tarareando un molesto “uh, uh, uh”.

Otros muchos detalles, como permitir a los niños hacer sus particulares “peticiones”, sin ningún tipo de preparación, meditación o catequesis previa, lo que termina por ser un interminable calvario de repeticiones sin sentido de banalidades absurdas, o el horrible barullo de gente paseando por el templo para estrechar la mano de familiares o conocidos tras el “daos fraternalmente la paz”, han hecho que, con verdadero dolor de mi corazón, ya no me sea posible acudir a la celebración de la misa de doce.

Este pasado domingo, decidimos cambiar nuestras costumbres y participar en la Santa Misa de las 13:00. Fue una celebración sencilla, sin excesivas licencias “imaginativas”, con una homilía bien fundamentada, y una liturgia, dentro de lo cabe, bastante correcta.

Yo nací en 1966, finalizado ya el Concilio Vaticano II, por lo que jamás había asistido hasta hace pocos años a la celebración de la Santa Misa según el rito acordado en el Concilio de Trento, concilio ecuménico que, desde un punto de vista doctrinal, es uno de los más importantes e influyentes de la historia de la Iglesia Católica.

Los detractores más beligerantes del Vaticano II suelen alegar que, como el Concilio Vaticano II es un concilio pastoral, no es infalible, y por tanto sus textos pueden tener errores y deben ser revisados. El concilio Vaticano II sería así un acto del Magisterio auténtico pero no infalible.

Modestamente, como hijo fiel de la Santa Madre Iglesia, como católico apostólico y romano, ya que así me gusta presentarme y me precio de ser, creo que el Vaticano II es un Concilio Ecuménico, y que todo Concilio Ecuménico es infalible, o lo que es lo mismo, que todo Concilio es infalible si es ecuménico.

Efectivamente el Concilio Vaticano II, al no pretender definir ninguna doctrina, es, en cuanto al contenido, Magisterio ordinario. Que puede ser infalible, cuando enseña una doctrina como definitiva, pero no toda la enseñanza del Concilio Vaticano II pretende ser definitiva.

Pero un católico no está obligado solamente a aceptar la enseñanza infalible, sino también a aceptar el Magisterio auténtico de la Iglesia, aun en el caso de que no sea infalible. La Tradición es un proceso vivo donde la Iglesia es la mejor intérprete de sí misma y un Concilio es una interpretación-actualización de la Tradición.

Como dice el Santo Padre en su carta a los obispos: “Muchas personas que aceptaban claramente el carácter vinculante del Concilio Vaticano II y que eran fieles al Papa y a los Obispos, deseaban no obstante reencontrar la forma, querida para ellos, de la sagrada Liturgia. Esto sucedió sobre todo porque en muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad, lo cual llevó a menudo a deformaciones de la Liturgia al límite de lo soportable. Hablo por experiencia porque he vivido también yo aquel periodo con todas sus expectativas y confusiones. Y he visto hasta qué punto han sido profundamente heridas por las deformaciones arbitrarias de la Liturgia personas que estaban totalmente radicadas en la fe de la Iglesia.”

Ese periodo de sufrimiento que Benedicto XVI quiere cerrar, está dolorosamente abierto en nuestra Patria, de la que Marcelino Menéndez y Pelayo dijera que: “…en los arcanos de Dios les estaba guardado el hacer sonar la palabra de Cristo en las más bárbaras gentilidades; el hundir en el golfo de Corinto las soberbias naves del tirano de Grecia, y salvar, por ministerio del joven de Austria, la Europa Occidental del segundo y postrer amago del islamismo; el romper las huestes luteranas en las marismas bátavas con la espada en la boca y el agua a la cintura, y el entregar a la iglesia romana cien pueblos por cada uno que le arrebatara la herejía. España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra...”

Como también nos dice nuestro Sumo Pontífice en su carta a los obispos: “se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía.”

Cuando yo he tenido la oportunidad de participar en una “misa tridentina”, he experimentado a la vez la inmensa felicidad de sentir que participaba en algo único y sagrado, y la amargura de recordar cuán diferentes han sido el resto de las misas de mi vida. Y esa amargura atraviesa mi corazón cada domingo.

Sé que no he sido breve como me proponía, pero os aseguro que he sido sincero y os he abierto mi alma.

También a mi me viene a la mente una frase de la segunda carta a los Corintios donde Pablo escribe: “Corintios, os hemos hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha abierto de par en par. No está cerrado nuestro corazón para vosotros; los vuestros sí que lo están para nosotros. Correspondednos;... abríos también vosotros”.

vendredi 4 mars 2011

Libros de verdad

Por alguna razón que se escapa a mi entendimiento, como por otra parte es lógico tratándose de una disciplina espiritual como la poesía, algunos poemas han quedado grabados en mi mente de un modo especial desde la primera vez que los leí.

Aquella antigua y olvidada costumbre de los viejos maestros de escuela de hacer memorizar poemas a sus pupilos, contribuía a crear un tipo de hombres que hoy están, estamos, realmente en peligro de extinción.

El de Antonio Machado titulado “Retrato” es uno de los “poemas de mi vida”, junto a otros muchos de autores tan distantes y de tan diversas tendencias como los monólogos de Segismundo en “La vida es sueño” de Calderón, la “Canción del pirata” de Espronceda, o “¡Qué lástima!” de León Felipe, poema este último que siempre asocio con el más famoso retrato pintado por el Greco, “El caballero de la mano en el pecho”, ya que era la ilustración que lo acompañaba en mi manual escolar.

Machado, por cierto, también le dedicó unos versos a este cuadro de Domenikos Theotokopoulos:

Este desconocido es un cristiano
de serio porte y negra vestidura,
donde brilla no más la empuñadura,
de su admirable estoque toledano.

Pero el que me ocupa hoy es “Retrato”, perteneciente a “Campos de Castilla”:


Versos como “Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido”, que cita al Venerable Miguel Mañara, víctima de una campaña liberal de difamación durante su proceso de beatificación que acabó dándole errónea fama de seductor, del mismo modo que San Antonio María Claret era difamado por nuestros correligionarios, las leales tropas tradicionalistas del legítimo Rey Don Carlos, al que, según nos cuenta entre otros Don Ramón María del Valle-Inclán, se le atribuían relaciones pecaminosas con Sor Patrocino, ambos miembros del clero de la corte de María Isabel Luisa de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, tatarabuela del actual jefe del estado de España, mal llamada Isabel II por sus liberales partidarios.

Curiosamente Valle-Inclán es el padre literario del otro personaje del verso, ese Don Juan "feo, católico y sentimental" que conocemos como el Marqués de Bradomín, y también casualmente mis hijos acuden ahora cada día a un colegio de claretianas.

Pero hoy traigo aquí este poema de Antonio Machado para detenerme en otro de sus versos, el que dice:

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;

Y lo traigo, finalmente, por que me apetecía compartir algo con mis improbables lectores que tiene mucho que ver con Pierre de Ronsard, “prince des poètes et poète des princes”.

¿Por qué? Sencillamente porque Ronsard fue el fundador de “la Pléiade”, conocida en sus inicios como “la brigada”, ese grupo de siete poetas franceses del siglo XVI, Ronsard, Du Bellay, Jean-Antoine de Baïf, Étienne Jodelle y Jean de La Péruse, remplazado a su muerte por Rémy Belleau, que se impuso por misión elevar la lengua gala a las más altas cumbres de la belleza literaria.


El nombre del grupo, “la Pléiade”, hace referencia, aparte de al grupo de poetas de Alejandría del siglo III, a la constelación de estrellas y por supuesto a las siete hijas del titán Atlas y la ninfa Pléyone (y no sigo con la mitología griega, otra de mis pasiones ocultas, que ya me he desviado bastante del tema que quiero tratar, al que no he llegado aún).

Finalmente lo que me apetecía compartir hoy son las sensaciones asociadas a la lectura que proporcionan algunos tipos de edición y encuadernación, que jamás podrán ser reemplazadas por artilugios electrónicos modernos.

En concreto, y por pura envidia, me gustaría presentar una colección francesa, “la Bibliothèque de la Pléiade”. Y menciono la envidia, supongo que sana, ya que no tengo noticia de que nada semejante exista para dar a la literatura española, la de verdad, el soporte material que por su calidad merece.

La “Bibliothèque de la Pléiade” es la colección por excelencia de literatura francesa. Publicada por Gallimard, es una referencia en cuestión de prestigio, calidad de redacción, y reconocimiento literario de sus autores. Ser publicado en ella es el certificado de inmortalidad para un escritor en lengua francesa.


Se compone actualmente de unos 560 volúmenes que agrupan a unos 200 autores, incluyendo no sólo a franceses, sino también a autores universales, entre ellos Cervantes con El Quijote y las Novelas Ejemplares, una antología bilingüe de poesía española, una recopilación de picaresca y varios volúmenes de teatro español del XVI y XVII, así como las obras completas de García Lorca.

Fue creada en 1931 por un joven editor independiente, Jacques Schiffrin, con la finalidad de ofrecer al público las obras completas de los autores clásicos en formato de bolsillo.

Actualmente es una colección de carácter enciclopédico, referencia universalmente imprescindible, caracterizada por la riqueza de contenidos y el rigor en la forma, considerada la joya de la corona de “éditions Gallimard” y el “Rolls-Royce” de las ediciones.

Su “carta de fabricación” es rigurosa y extremadamente precisa. Sus dimensiones son siempre 11 x 17,5 cm, impresos en “papel Biblia” sometido a un proceso para hacerlo más opaco, en tono “gamuza”, de 36 g, con garantía de pervivencia de varios siglos.

Cada volumen es “cosido-pegado”, encuadernado en auténtica piel, muy ligera, y dorada con oro de 23 quilates, e incluye varios cordones marca-páginas.

La encuadernación viene a suponer un 50% del precio final de cada libro.

La búsqueda de la elegancia estética incluye, entre otros muchos detalles el tipo de letra, también exclusivo, el "Garamond du roi" de cuerpo 9, una referencia tipográfica clásica adoptada en 1931. La finura del papel exige un calibrado perfecto de la paginación, ya que el más mínimo desajuste entre el anverso y el reverso de una página, o entre páginas contiguas, al afectar a la transparencia, dañaría el placer del lector. Por ello también, como hemos dicho, se somete el papel a un proceso químico de “opacificación”.

Muchísimos otros detalles, además de los textos originales, prólogos y anotaciones, son tenidos en cuenta para la realización de estas obras maestras de la edición, como los espacios entre líneas, las páginas de títulos, los calibrajes de impresión…

Exteriormente son libros sobrios, sin inscripción alguna salvo el nombre del autor y la obra dorados sobre el lomo y decorados con líneas horizontales, variando los colores del cuero según la clasificación. (La imagen de cada volumen que aparece en la web corresponde únicamente a la caja de cartón en la que viene el libro al comprarlo. En el interior tiene también una funda de plástico transparente que se quita sin más).

Finalmente leer cualquiera de sus volúmenes, añade al placer de la lectura un sinfín de sensaciones agradables que lo convierten en una experiencia imposible de describir.

¿Son muy caros? Es fácil hacer la prueba. El último que compré, “Les Misérables” de Victor Hugo, como recordarán los lectores de esta bitácora cuando hice mi lista de regalos de Navidad, me costó exactamente 55 euros.

Acabo de hacer la prueba de entrar en la web de “la casa del libro” y pulsar sobre el primero que figura en la página de entrada bajo el epígrafe “las novedades destacadas y más vendidos”. El libro en cuestión se titula “Prométeme que serás libre” y el autor, cuya existencia desconocía hasta este instante, se llama Jorge Molist. Tiene 768 páginas, está encuadernado en "tapa dura” y cuesta 22,50 euros.

Por citar otros ejemplos, bodrios como “El código Da Vinci” del inclasificable Dan Brown, en “tapa blanda”, cuesta 19,95, y en la misma encuadernación, “La reina en el palacio de las corrientes de aire” del desaparecido Stieg Larsson son 22,50.

Que cada cual emplee su dinero como lo considere oportuno, yo no tengo nada más que comentar por hoy.

Ya sé que por aproximadamente el valor de seis volúmenes de “La Pléiade” se puede adquirir un artefacto electrónico con los archivos correspondientes a cientos de obras. Parafraseando a Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”, frankly, my dear, I don't give a damn.

Con permiso de ustedes, tomo entre mis manos mi “bouquin” y me sumerjo en el placer de la lectura:

En 1815, M. Charles-François-Bienvenu Myriel était évêque de Digne. C'était un vieillard d'environ soixante-quinze ans; il occupait le siége de Digne depuis 1806.

Quoique ce détail ne touche en aucune manière au fond même de ce que nous avons à raconter, il n'est peut-être pas inutile, ne fût-ce que pour être exact en tout, d'indiquer ici les bruits et les propos qui avaient couru sur son compte au moment où il était arrivé dans le diocèse. Vrai ou faux, ce qu'on dit des hommes tient souvent autant de place dans leur vie et surtout dans leur destinée que ce qu'ils font. M. Myriel était…

mardi 1 mars 2011

Despiértate, tú que duermes

“Despiértate, tú que duermes,
levántate de entre los muertos,
y Cristo te iluminará”

Efesios 5:14

Se acerca la Cuaresma y, como cada año, me he dado de alta en la página web de los dominicos del convento de Lille, http://www.retraitedanslaville.org/ , que ofrece gratuitamente el envío diario por correo electrónico, en francés, durante toda la Cuaresma, de una reflexión que ayude al cristiano, por agobiado que esté entre los horarios y el ritmo esclavizante de la ciudad, a vivir intensamente este tiempo litúrgico de arrepentimiento, penitencia y perdón.

En mis viajes por los cinco continentes, encontrar una iglesia de dominicos ha sido siempre una gran alegría, y una garantía nunca defraudada de asistir a oficios religiosos en los que la predicación, profundamente meditada e intensamente estudiada y preparada, resultaba un regalo para el espíritu.

Me he preguntado si existía una iniciativa parecida en España, la Patria del fundador de la orden de predicadores, Santo Domingo de Guzmán, y tratando de hallar una respuesta he dado con la página de los dominicos españoles, http://www.dominicos.org/ .

En ella, aparte de opiniones con las que se podrá estar de acuerdo o no, quisiera destacar el apartado de predicación, http://www.dominicos.org/predicacion , como no podía ser de otra manera, en el que pueden encontrarse con anticipación las homilías y reflexiones sobre las lecturas diarias y dominicales.

Recomiendo esta página a todos los católicos de habla castellana, pero muy especialmente a los presbíteros, cuyos sermones últimamente, Dios me perdone, han disminuido su calidad de un modo alarmante. Sé que resulta algo arrogante por mi parte afirmarlo, pero por razones que se me escapan, aunque las intuyo, escucho cada vez más homilías de una pobreza de contenidos sonrojante, cuando no llenas de errores teológicos graves.

Mi única intención es dar publicidad a un instrumento de ayuda para los sacerdotes, y en definitiva para el pueblo de Dios, tan necesitado de predicación en nuestros días.

No puedo resistirme a volcar aquí la biografía resumida de Santo Domingo de Guzmán, en la esperanza de que su lectura impulse la curiosidad de algunos para acercarse al conocimiento de este Gran Santo Castellano Universal, que incluso ha dado nombre a la isla americana que Cristóbal Colón, Almirante del Mar Océano, descubriera el 5 de diciembre del 1492, bautizándola con el nombre de La Española, hasta que su hermano Bartolomé Colón, como Adelantado de la isla, fundase la ciudad de Santo Domingo en 1496:

Domingo de Guzmán y Garcés nació en Caleruega (Burgos) en 1170, en el seno de una familia profundamente creyente y muy encumbrada. Sus padres, don Félix de Guzmán y doña Juana de Aza, parientes de reyes castellanos y de León, Aragón, Navarra y Portugal, descendían de los condes-fundadores de Castilla. Tuvo dos hermanos, Antonio y Manés.

De los siete a los catorce años (1177-1184), bajo la preceptoría de su tío el Arcipreste don Gonzalo de Aza, recibió esmerada formación moral y cultural. En este tiempo, transcurrido en su mayor parte en Gumiel de Izán (Burgos), despertó su vocación hacia el estado eclesiástico.

De los catorce a los veintiocho (1184-1198), vivió en Palencia: seis cursos estudiando Artes (Humanidades superiores y Filosofía); cuatro, Teología; y otros cuatro como profesor del Estudio General de Palencia.

Al terminar la carrera de Artes en 1190, recibida la tonsura, se hizo Canónigo Regular en la Catedral de Osma. Fue en el año 1191, ya en Palencia, cuando en un rasgo de caridad heroica vende sus libros, para aliviar a los pobres del hambre que asolaba España.

Al concluir la Teología en 1194, se ordenó sacerdote y es nombrado Regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de Palencia.

Al finalizar sus cuatro cursos de docencia y Magisterio universitario, con veintiocho años de edad, se recogió en su Cabildo, en el que enseguida, por sus relevantes cualidades intelectuales y morales, el Obispo le encomienda la presidencia de la comunidad de canónigos y del gobierno de la diócesis en calidad de Vicario General de la misma.

En 1205, por encargo del Rey Alfonso VIII de Castilla, el de la Cruzada de las Navas de Tolosa (1212), acompaña al Obispo de Osma, Diego, como embajador extraordinario para concertar en la corte danesa las bodas del príncipe Fernando. Con este motivo, tuvo que hacer nuevos viajes, siempre acompañando al obispo Diego a Dinamarca y a Roma, decidiéndose durante ellos su destino y clarificándose definitivamente su ya antigua vocación misionera. En sus idas y venidas a través de Francia, conoció los estragos que en las almas producía la herejía albigense. De acuerdo con el Papa Inocencio III, en 1206, al terminar las embajadas, se estableció en el Langüedoc como predicador de la verdad entre los cátaros. Rehúsa a los obispados de Conserans, Béziers y Comminges, para los que había sido elegido canónicamente.

Para remediar los males que la ignorancia religiosa producía en la sociedad, en 1215 establece en Tolosa la primera casa de su Orden de Predicadores, cedida a Domingo por Pedro Sella, quien con Tomás de Tolosa se asocia a su obra.

En septiembre del mismo año, llega de nuevo a Roma en segundo viaje, acompañando del Obispo de Tolosa, Fulco, para asistir al Concilio de Letrán y solicitar del Papa la aprobación de su Orden, como organización religiosa de Canónigos regulares. De regreso de Roma elige con sus compañeros la Regla de San Agustín para su Orden y en septiembre de 1216, vuelve en tercer viaje a Roma, llevando consigo la Regla de San Agustín y un primer proyecto de Constituciones para su Orden. El 22 de Diciembre de 1216 recibe del Papa Honorio III la Bula “Religiosam Vitam” por la que confirma la Orden de Frailes Predicadores.

Al año siguiente retorna a Francia y en el mes de Agosto dispersa a sus frailes, enviando cuatro a España y tres a París, decidiendo marchar él a Roma. Allí se manifiesta su poder taumatúrgico con numerosos milagros y se acrecienta de modo extraordinario el número de sus frailes. Meses después enviará los primeros Frailes a Bolonia.

Habrá que esperar hasta finales de 1218 para ver de nuevo a Domingo en España donde visitará Segovia, Madrid y Guadalajara.

Por mandato del Papa Honorio III, en un quinto viaje a Roma, reúne en el convento de San Sixto a las monjas dispersas por los distintos monasterios de Roma, para obtener para los Frailes el convento y la Iglesia de Santa Sabina.

En la Fiesta de Pentecostés de 1220 asiste al primer Capítulo General de la Orden, celebrado en Bolonia. En él se redactan la segunda parte de las Constituciones. Un año después, en el siguiente Capítulo celebrado también en Bolonia, acordará la creación de ocho Provincias.

Con su Orden perfectamente estructurada y más de sesenta comunidades en funcionamiento, agotado físicamente, tras breve enfermedad, murió el 6 de agosto de 1221, a los cincuenta y un años de edad, en el convento de Bolonia, donde sus restos permanecen sepultados. En 1234, su gran amigo y admirador, el Papa Gregorio IX, lo canonizó.

lundi 28 février 2011

Mentiras y nada más que mentiras

“Ustedes tienen por padre al demonio y quieren cumplir los deseos de su padre. Desde el comienzo él fue homicida y no tiene nada que ver con la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, habla conforme a lo que es, porque es mentiroso y padre de la mentira.” Juan 8, 44.

Y de eso se trata, de la sarta de mentiras que conforman la “versión oficial” de eso que llaman, no se sabe bien porqué, la transición española.

Como cada año por estas fechas, a finales de febrero, todo el mundo tiene ganas de contarte su versión del 23 de febrero de 1981. Y este año además de los reportajes televisivos y los artículos en la prensa, en vez del bodrio infumable de mini-serie de televisión del año pasado, nos castigan con una película de cine.

Sinceramente estoy hasta la coronilla de los panegíricos a Gutiérrez Mellado, el facineroso que trabajó para los dos bandos entre 1936 y 1939, a Adolfo Suárez, el sinvergüenza oportunista que no tenía inconveniente en vestir indignamente camisa azul cuando le convenía, y sobre todo del falso y repugnante “ni está, ni se le espera”. Mentiras y nada más que mentiras.

Nada, absolutamente nada de lo que se presenta en las versiones oficiales, ocurrió como nos cuentan.

El gobierno, las cúpulas de los principales partidos políticos, la de la policía… y por supuesto la “jefatura del estado”, estaban bastante más que “al corriente” de todo, desde mucho antes del principio.

Basta contemplar la prosperidad y los éxitos de que han disfrutado desde entonces los verdaderos “implicados” en el asunto, para reconocer el pago de su silencio. Y aún hay muchos otros detalles, meridianamente claros para cualquier observador medianamente imparcial.

Otra cosa son las víctimas como el Teniente Coronel Tejero Molina, por citar al más destacado.

Y no se trata de un hecho aislado. El mismo papel de peón de ajedrez jugó García Juliá en ese ajuste de cuentas entre comunistas, en el que Santiago Carrillo y sus secuaces, como Cristina Almeida, por ejemplo, que luego tuvo la sangre fría y la desfachatez de ser abogada en el juicio, se quitaron de en medio a los elementos más molestos del PCE, “estalinistas” poco proclives a aceptar el eurocomunismo, que hubiesen roto la unidad del partido ante la cercana legalización.

Poco después Carrillo lideraría el legalizado PCE, aceptando la monarquía y la bandera roja y gualda, vivir para ver.

Para el común de los mortales se trata de la “matanza de Atocha” en la que un grupo de “extrema derecha” asesinó a unos honrados abogados laboralistas. Una obra maestra de la tergiversación y la ocultación de pruebas.

Por no hablar de lo de Montejurra.