dimanche 5 décembre 2010

San Nicolás

Después de una temporada “dura”, en lo profesional y en lo personal, hoy por fin tengo un rato tranquilo para escribir algo.

Este segundo fin de semana del Adviento es un fin de semana intenso en cuanto a celebraciones. Antes de ayer San Francisco Javier, ayer Santa Bárbara, hoy hemos encendido la segunda vela de nuestra corona de Adviento y mañana San Nicolás.

El día de San Nicolás marca en cierto modo que la Navidad está ya un poco más próxima.

San Nicolás, obispo de Myra, conocido como Nicolás de Bari, pues sus restos fueron trasladados allí tras la invasión musulmana de lo que hoy conocemos como Turquía, es una figura cristiana tradicional muy interesante.

Combatiente contra la herejía arriana en el Concilio de Nicea, las leyendas sobre San Nicolás son múltiples, como corresponde a su justa fama en todo el orbe cristiano, aunque algunas de ellas están más extendidas y son las que han hecho inmortal y tradicional su memoria.

Se cuenta que en una ocasión, conmovido por la desgracia de tres hermanas a punto de ser vendidas para que su familia pudiese subsistir, subió al tejado y arrojó unas monedas por la chimenea de la casa, a fin de que su limosna permaneciese anónima. Las monedas cayeron en las medias que las muchachas habían tendido junto al fuego para secarlas, y sirvieron de dote a las desgraciadas jóvenes, que pudieron casarse según su voluntad.

La segunda de las leyendas más conocidas de San Nicolás nos habla de tres niños perdidos en la noche, que encuentran refugio en casa de un hostelero o carnicero, que una vez dormidos los sacrifica empleando sus cuerpos para hacer carne ahumada.

San Nicolás llega algún tiempo después a la casa del asesino y pide algo de comer al malvado hostelero, solicitándole la mejor carne en conserva que tenga. Al servírsela al santo, éste devuelve a la vida milagrosamente a los niños, que creen despertar del sueño en que cayeron la noche en que llegaron a la casa.

Se dice que San Nicolás realmente introdujo la costumbre de hacer regalos por Navidad, en conmemoración del mayor regalo que el hombre ha recibido en la historia, el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Por eso es posible, al menos así lo esperan mis hijos, dos de los cuales acaban de celebrar su santo, que mañana San Nicolás les deje algún pequeño regalo. Así este fin de semana, en el que tradicionalmente montamos nuestra “crèche” de “santons de Provence”, será aún un poco más feliz, en espera de la felicidad completa que en breve nos traerá la Navidad.

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