samedi 1 décembre 2012

¿Cuáles son las características de la fe?

“La fe, don gratuito de Dios, accesible a cuantos la piden humildemente, es la virtud sobrenatural necesaria para salvarse. El acto de fe es un acto humano, es decir un acto de la inteligencia del hombre, el cual, bajo el impulso de la voluntad movida por Dios, asiente libremente a la verdad divina. Además, la fe es cierta porque se fundamenta sobre la Palabra de Dios; «actúa por medio de la caridad» (Ga 5,6); y está en continuo crecimiento, gracias, particularmente, a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración. Ella nos hace pregustar desde ahora el gozo del cielo.”



Algunas veces escuchamos a católicos hablar sin conocimiento de causa sobre la fe, y decir muy convencidos bastantes barbaridades. Parémonos un instante a pensar en nuestra fe católica, en estos momentos iniciales del año de la fe que nuestro Sumo Pontífice ha decretado, muy oportunamente, ante la evidencia de la falta de fe, no ya de la humanidad, sino de los propios católicos de nuestros días.

La fe, como podemos leer en el párrafo del catecismo en vigor, tiene siete características esenciales:

1.- Es un don de Dios. Por tanto es necesario pedirle a Dios que nos conceda tener fe. Y es necesario acercar la fe a quién no la tiene, para que conociendo el Evangelio desee obtenerla.

2.- Es necesaria para salvarse. Y no caben interpretaciones. No basta con ser “buena persona”, no basta con hacer buenas obras, es necesario creer en Nuestro Señor Jesucristo para salvarse. Y no es la Santa Madre Iglesia la que lo dice, es el propio Jesucristo: “El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.” Mc 16.

3.- Es un acto humano voluntario. La fe no violenta nuestra humanidad, antes bien nos hace más hombres. Creemos en Jesucristo, que es el hombre más perfecto. Y nuestra fe es plenamente racional, pues sólo cuando la razón se desvirtúa o se desvía puede contradecir a la fe católica.

4.- Nuestra fe es verdadera, es la única fe verdadera. No hay autoridad más alta que el propio Dios y es en Dios, el Dios único y verdadero, en quien creemos. Dios no puede engañarse ni puede engañarnos.

5.- Nuestra fe, si es auténtica, crece permanentemente. No podemos nunca darnos por satisfechos con nuestra fe. Debemos pedir siempre a Dios que nos la aumente. Debemos profundizar en ella, estudiarla, orar, reflexionar. Dios es un océano de sabiduría en el que siempre podemos llegar más lejos, nadar más adentro.

6.- La fe actúa por medio de la caridad, y como Dios es amor, igualmente el católico que tiene fe debe hacer del mandamiento del amor el centro de su vida. Si digo que tengo fe en Dios, a quién no veo, y no amo a mis hermanos, a mi prójimo, al que veo, soy un mentiroso.

7.- Y finalmente la fe es la puerta del cielo, nos hace entrever, pregustar el cielo. Cuando estemos junto a Dios en el cielo no necesitaremos fe, veremos a Dios tal cual es y ya no será necesario creer en Él, porque será evidente.

Otros hombres han creído o creen en dioses, en muchos dioses, pero su “creer” no tenía ni tiene comparación posible con nuestra fe. Nosotros no sólo creemos que Dios existe, algo que ni siquiera los agnósticos se atreven a negar. Y tampoco nos contentamos con creer que Dios es bueno y vela por nosotros, sus criaturas. Los católicos “creemos EN Dios”, confiamos plenamente en Él, entregamos nuestras vidas en sus manos, con confianza absoluta. Así debe ser nuestra fe.

¿Y en que creemos entonces? Sencillamente en esto:

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

dimanche 25 novembre 2012

Campo de la realeza de Cristo


En los individuos y en la sociedad

(De la Carta Encíclica Quas Primas del Sumo Pontífice Pío XI sobre la fiesta de Cristo Rey)

… Él es, en efecto, la fuente del bien público y privado. Fuera de Él no hay que buscar la salvación en ningún otro; pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos.

Él es sólo quien da la prosperidad y la felicidad verdadera, así a los individuos como a las naciones: porque la felicidad de la nación no procede de distinta fuente que la felicidad de los ciudadanos, pues la nación no es otra cosa que el conjunto concorde de ciudadanos. No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por sí mismos y por el pueblo públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo si quieren conservar incólume su autoridad y hacer la felicidad y la fortuna de su patria. Lo que al comenzar nuestro pontificado escribíamos sobre el gran menoscabo que padecen la autoridad y el poder legítimos, no es menos oportuno y necesario en los presentes tiempos, a saber: «Desterrados Dios y Jesucristo —lamentábamos— de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que... hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad privada de todo apoyo y fundamento sólido».

En cambio, si los hombres, pública y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendrán a toda la sociedad civil increíbles beneficios, como justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia. La regia dignidad de Nuestro Señor, así como hace sacra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, así también ennoblece los deberes y la obediencia de los súbditos. Por eso el apóstol San Pablo, aunque ordenó a las casadas y a los siervos que reverenciasen a Cristo en la persona de sus maridos y señores, mas también les advirtió que no obedeciesen a éstos como a simples hombres, sino sólo como a representantes de Cristo, porque es indigno de hombres redimidos por Cristo servir a otros hombres: Rescatados habéis sido a gran costa; no queráis haceros siervos de los hombres.
Y si los príncipes y los gobernantes legítimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan, más que por derecho propio por mandato y en representación del Rey divino, a nadie se le ocultará cuán santa y sabiamente habrán de usar de su autoridad y cuán gran cuenta deberán tener, al dar las leyes y exigir su cumplimiento, con el bien común y con la dignidad humana de sus inferiores. De aquí se seguirá, sin duda, el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, suprimida toda causa de sedición; pues aunque el ciudadano vea en el gobernante o en las demás autoridades públicas a hombres de naturaleza igual a la suya y aun indignos y vituperables por cualquier cosa, no por eso rehusará obedecerles cuando en ellos contemple la imagen y la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

En lo que se refiere a la concordia y a la paz, es evidente que, cuanto más vasto es el reino y con mayor amplitud abraza al género humano, tanto más se arraiga en la conciencia de los hombres el vínculo de fraternidad que los une. Esta convicción, así como aleja y disipa los conflictos frecuentes, así también endulza y disminuye sus amarguras. Y si el reino de Cristo abrazase de hecho a todos los hombres, como los abraza de derecho, ¿por qué no habríamos de esperar aquella paz que el Rey pacífico trajo a la tierra, aquel Rey que vino para reconciliar todas las cosas; que no vino a que le sirviesen, sino a servir; que siendo el Señor de todos, se hizo a sí mismo ejemplo de humildad y estableció como ley principal esta virtud, unida con el mandato de la caridad; que, finalmente dijo: Mi yugo es suave y mi carga es ligera.


¡Oh, qué felicidad podríamos gozar si los individuos, las familias y las sociedades se dejaran gobernar por Cristo! Entonces verdaderamente —diremos con las mismas palabras de nuestro predecesor León XIII dirigió hace veinticinco años a todos los obispos del orbe católico—, entonces se podrán curar tantas heridas, todo derecho recobrará su vigor antiguo, volverán los bienes de la paz, caerán de las manos las espadas y las armas, cuando todos acepten de buena voluntad el imperio de Cristo, cuando le obedezcan, cuando toda lengua proclame que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de diciembre de 1925.

vendredi 23 novembre 2012

Las elecciones catalanas del próximo día 25


Los principios del régimen liberal y democrático, al asentar la legitimidad del gobierno sobre el barro movedizo de las pasiones y tendencias individuales, implican la destrucción de la armonía que permite la convivencia de los hombres en sociedad. Una vez despreciada la religión verdadera como fundamento de la vida en común; una vez que en su lugar se ha colocado la llamada voluntad popular, con aplauso incluso de mucho eclesiástico, los vaivenes de la tornadiza ambición política conducen bien al estatismo avasallador que destruye las peculiaridades y costumbres regionales, bien a todo tipo de sedición e incluso a la secesión.

El texto constitucional, que pretende sustituir la estructura natural de nuestra sociedad y en el cual muchos ponen ingenuas esperanzas para la estabilidad de la patria, fue hecho a base de recortes y concesiones incoherentes, cuya eficacia real quedaba a expensas de las interpretaciones que los partidos gobernantes quisieran darle. Más concretamente, lo que dice sobre las comunidades autónomas y los municipios dentro de la nación tiene tal ambigüedad que sólo se explica por el designio de dar carta blanca a los políticos en su aplicación. De hecho, los partidos mayoritarios lo han usado como moneda de cambio para negociar el apoyo de los grupos regionales, concediéndoles, poco a poco, tan exorbitantes transferencias de poder que han hecho de las comunidades autónomas verdaderos estados dentro del estado. De ello ha resultado una organización social intrínsecamente imposible, porque sabido es que, para formar una unidad orgánica, las partes no pueden ser de la misma naturaleza que el todo.

El carlismo siempre ha propugnado la estructura foral, o, si se quiere, federativa, de nuestra patria, en la cual las diversas regiones y sociedades intermedias se unifican bajo la institución monárquica y bajo el principio fundamental de la unidad católica. Por eso, porque ninguna de esas cosas es mantenida por la democracia liberal, se ha opuesto constantemente a ella con todos sus medios. Cuando ha podido, se ha enfrentado a ella por las armas y, cuando no, lo ha hecho, aunque con cierta repugnancia, formando partidos desde los cuales ha tratado de de defender unos u otros de sus principios, dependiendo de las contingencias siempre cambiantes de los regímenes democráticos.

En tres guerras defendieron los carlistas la libertad de las regiones frente al centralismo liberal; en 1907 Vázquez de Mella decía “yo brindo por las libertades regionales, una de las bases y de los fundamentos esenciales de nuestro programa (de la Comunión Tradicionalista); y brindo, como su coronamiento natural, por la unidad española y por la unidad del Estado, que sobre esa unidad ha de fundar la suya. Y brindo por esas dos unidades apoyadas en los principios históricos y tradicionales”. Y, aunque en la guerra del 36 hubieron de oponerse a los nacionalistas vascos y catalanes, que absurdamente optaron por la República, eso no les impidió defender la foralidad de esas regiones y municipios frente al verticalismo del régimen posterior.

Tras la muerte de Franco, el verdadero carlismo se opuso a la implantación del régimen constitucional, entre otras cosas porque veía que, más pronto o más tarde, volvería a propiciar la tensión artificial entre las regiones y la unidad de la patria. Pero como la situación religiosa nacida del Concilio Vaticano II, junto a la defección de Carlos Hugo, mermó mucho sus fuerzas, hubo de mantenerse fuera del juego de partidos y, por regla general, tuvo que propiciar la abstención como manifestación de su repulsa al régimen. Lo cual no es óbice para que hoy, como en otras ocasiones, matice transitoriamente su política de oposición radical al sistema, para defender un bien común, aunque parcial, en virtud de las gravísimas circunstancias actuales.

Por ello, ante la pujante amenaza del separatismo, la Comunión Tradicionalista se conforma con recordar, junto a Santo Tomás, que apoyar la secesión y la sedición es siempre pecado mortal, porque se oponen a la unidad y la paz del Reino (S. T. 2.2. a. 42), y con concluir que no es lícito en modo alguno secundar la separación de Cataluña. Al mismo tiempo, a título de mera opinión orientativa y sin que medie compromiso alguno por su parte, la Comunión Tradicionalista destaca que, entre los partidos no nacionalistas, Plataforma por Cataluña mantiene una postura potencialmente próxima a la suya. Primero, porque parece declararse confesionalmente católica; segundo, porque se ha enfrentado a la solapada invasión musulmana, que constituye una de las mayores amenazas para el futuro de esa región y, tercero, porque, aun haciéndolo con mucha oscuridad, parece sostener las libertades catalanas, sin abjurar de la unidad de España.

Bien sabe la Comunión que cualquier participación en la democracia actual sólo puede posponer los conflictos inherentes a la naturaleza destructiva del sistema. Pero siempre es preferible retrasar cuanto se pueda una contienda, tan probable como carente de sentido, a la espera de que la Divina Providencia propicie circunstancias más favorables para el restablecimiento del régimen cristiano y legítimo.


jeudi 22 novembre 2012

Llamamiento a los corazones españoles



Juan Vázquez de Mella y Fanjul
(Cangas de Onís, 8 de junio de 1861.
Madrid, 26 de febrero de 1928, Madrid)
 Mutatis mutandis…

"Estamos presenciando la caída de un sistema. Toda la España liberal se desmorona. El edificio levantado sobre logias y barricadas está agrietado, y su techumbre cruje. Un vaho de muerte se levanta de la laguna parlamentaria, y envuelve con sus siniestros vapores los viejos muros, testigos en otro tiempo de la orgía en que se devoró la herencia de nuestros padres y el patrimonio de nuestros hijos. El árbol de la libertad liberal, plantado en sus orillas y regado con un río de sangre y de lágrimas, no ha producido más que bellotas y espinas.

Cuando se mira al pasado y se contempla después el presente, sufre vértigos la cabeza y ansias indecibles la voluntad, preguntándose al fin el espíritu, lleno de estupor al observar la rapidez inverosímil del descenso., si la Guerra de la Independencia estará a tres siglos de nosotros, y por un fenómeno inexplicable habrá desaparecido de la memoria del pueblo español un periodo entero de su historia, para que una serie larga y no interrumpida de torpezas y debilidades seculares explique la sima que el parlamentarismo nos ofrece como término de sus hazañas. Levantarse gallardamente en los comienzos del siglo contra Napoleón, y hollar con arrogancia soberana las águilas imperiales acostumbradas a posarse sobre los tronos más altos...y gemir, al terminar esta centuria bajo las botas de Cánovas... es cosa que, por lo extraordinario, obliga a preguntar sobrecogidos de asombro; ¿Ha cambiado totalmente la población de España y no existe entre los gigantes de antes y los enanos de ahora más vínculo que el territorio en que aquellos alzaron su heroísmo y éstos exponen su vergüenza? ¿Qué ha pasado entre la gloria de ayer y la ignominia de hoy? Un ciclón de tiranías sin grandeza, y de pasiones sin valor; once Constituciones entre natas y nonatas; más de cien oligarquías ministeriales; una docena de pronunciamientos de primera clase, que montan y desmontan la máquina infernal de exóticas instituciones sobre el pueblo infeliz juguete de sofismas y pretorianos, y tres guerras civiles provocadas por un régimen que obligó a los creyentes a ser cruzados para no ser apóstatas... Todo ha pasado por España en menos de un siglo y aún está en pie la Patria... Era tan grande la España tradicional y el liberalismo español tan raquítico, que ni siquiera ha podido servirle de sepulcro ni darle la muerte. ¡Aún no ha muerto la tradición, todavía no se ha extinguido la raza; aún queda en el hogar de la patria el rescoldo de una brisa celeste, o el viento de una catástrofe, puede convertir en magnífica hoguera que calcine las osamentas de extrañas tiranías y alumbre los horizontes, como la aurora de una nueva edad y de una vida nueva!"

(El Correo Español, 14 de febrero de 1893)

mardi 30 octobre 2012

Cartas Maragatas V: El estandarte de Clavijo (y IV)


Los dos escuadrones de Guardias y Carabineros, que eran caballería veterana, se habían distinguido notablemente durante toda la batalla, pero después de tantas horas de lucha habían sufrido numerosas bajas. Buena prueba de ello es que de los 260 hombres que se alinearon delante de Medina de Rioseco a primera hora de la mañana ahora sólo quedaban 60 jinetes.

¡ Los Voluntarios Leoneses se quedaron solos sosteniendo el campo de batalla rodeando el viejo estandarte medieval de Clavijo !

Atemorizados, los inexpertos reclutas habían visto como el ejército de Galicia había sido derrotado y había huido del páramo de Valdecuevas.

También contemplaron cómo la división de Portazgo y sus compañeros del ejército de Castilla eran diezmados y huían hacia más allá de Medina de Rioseco. Ahora les llegaba a ellos el momento del sacrificio. Manteniendo su cerrada formación entre las mortales granadas de la artillería enemiga, observaron que una columna francesa intentaba cortar la retirada de la artillería española. Los mandos del batallón de Clavijo ordenaron a sus hombres que cargaran a la bayoneta sobre ella. Sorprendentemente, los improvisados soldados acataron las órdenes y corriendo con las bayonetas caladas, bajo un calor de justicia, lograron poner en desbandada a la unidad francesa.

Durante el lapso de tiempo de este combate, los artilleros españoles consiguieron enganchar las piezas de artillería a sus carros y retirarlas del campo de batalla.


Cumplida la misión, los Voluntarios Leoneses se fueron retirando en buen orden del campo de batalla sufriendo una auténtica lluvia de granadas que concentraba sobre ellos la artillería rival, al ser la única unidad española combatiente que se encontraba a su alcance. A pesar de ello, el batallón de Clavijo se colocó en la entrada de Medina de Rioseco y defendió esa población de las columnas de la división Mouton a lo largo de algún tiempo.

Desde luego, la inutilidad de esa resistencia frente a todas las unidades del ejército del mariscal Bessières impulsó a que el batallón bordeara la población y se retirara en dirección a Benavente y León, continuando con la protección de las piezas de artillería durante el camino que conducía a esas ciudades.

A las tres de la tarde las fuerzas francesas entraron en Medina de Rioseco y, tras sofocar la resistencia de algunos soldados que se había atrincherado en sus casas, sometieron esa ciudad a un terrible pillaje.

Gómez de Arteche lo describió en su célebre historia de la Guerra de la Independencia: “Las casas, las fábricas, los templos mismos fueron saqueados, destruidos o profanados; todo varón niño, mozo o anciano, seglar o religioso que se ofreció a la vista de los invasores, fue muerto a tiros o bayonetazos; las mujeres, nobles o plebeyas, hasta las monjas, tuvieron que sufrir los ultrajes más groseros delante de sus familiares...”

La actuación del batallón de Clavijo en la retirada de Medina de Rioseco fue realmente brillante, ya que parece milagroso que una unidad tan inexperta consiguiera mantener las filas en medio de la desbandada general de los ejércitos de Castilla y Galicia, consiguiendo evitar que la artillería cayese en posesión del victorioso y veterano ejército francés de Bessiéres y retirándose en orden del campo de batalla.

La acción del batallón de Clavijo fue muy valorada por el teniente general Cuesta y, por ese motivo, ascendió a capitán a su comandante, el subteniente Capacete.

¡ Los mandos y soldados del Tercer Tercio de Voluntarios de León cumplieron con la solemne palabra que habían dado a las autoridades municipales de Astorga, y no abandonaron el estandarte de Clavijo, a pesar de la gran derrota militar en la que se vieron involucrados !

Gracias a todos ellos, los restos del viejo estandarte de Clavijo con sus dos lobos rojos se siguen conservando en la Casa Consistorial de Astorga, dentro de una arqueta de tres llaves, desde hace 542 años.

Aunque la batalla de Medina de Rioseco fue un serio fracaso de las tropas españolas, los soldados del batallón de Clavijo fueron unos dignos sucesores de aquellos guerreros que en la Edad Media enarbolaron ese mismo estandarte en las batallas de la reconquista.


¿Cuándo se hará necesario de nuevo enarbolar el estandarte de Clavijo? Y lo que es más importante: ¿Quedarán españoles dignos de hacerlo?

lundi 29 octobre 2012

Cartas Maragatas IV: El estandarte de Clavijo (III)

Las posiciones que adoptaron los generales españoles no fueron las más adecuadas para enfrentarse a los franceses, puesto que entre las líneas de ambos había una brecha de unos dos mil metros, no se veían entre sí y las fuerzas de Cuesta estaban retrasadas respecto a las de Blake.

Por su parte, las tropas del mariscal Bessiéres, integradas por soldados expertos y con una caballería muy poderosa, aparecieron por el camino que lleva de Palencia a Medina de Rioseco a las seis de la mañana con la intención de sorprender a los españoles. Eran 14.000 soldados, 1.500 caballos y 32 piezas de artillería. Nada más llegar ante las líneas enemigas, las brigadas de Sabathier, Ducos y D´Armagnac atacaron a las ocho de la mañana al ejército de Galicia en el páramo de Valdecuevas, mientras que la división Merle avanzaba por la extrema derecha de la posición española para intentar rodear el páramo y atacar Medina de Rioseco por la espalda. Simultáneamente, la división Mouton se colocó enfrente de las fuerzas de Cuesta en Medina de Rioseco, impidiendo que apoyaran a Blake.

Las tropas gallegas, apoyadas en una artillería muy bien ubicada, resistieron durante dos horas y media los ataques de la infantería francesa, pero el general Cuesta vio peligrar su situación como consecuencia de los movimientos estratégicos del enemigo y pidió refuerzos a Blake. Este último, permitió que la división que mandaba el marqués del Portazgo bajara desde el páramo de Valdecuevas a la llanura para apoyar a los castellanos y cubrir el hueco existente entre los dos ejércitos españoles.

Los generales de Napoleón observaron que esta desgraciada maniobra dejaba desguarnecido el flanco izquierdo de Blake y ordenaron que por allí cargaran cuatro escuadrones del regimiento número 22 de cazadores a caballo al mando del general Lasalle. Aunque los españoles resistieron con valentía durante una hora, los sucesivos asaltos de la caballería, apoyados por los batallones de Sabathier y Merle, desmoronaron sus defensas y se vieron forzados a retirarse, abandonando once piezas de artillería.

Cuesta intentó socorrer a las tropas de Blake y ascendió con dos batallones sobre el páramo de Valdecuevas. Era ya demasiado tarde, al llegar se encontraron que numerosos batallones franceses ocupaban firmemente la posición y las bisoñas fuerzas españolas no fueron capaces de formar la línea y atacar.

Mientras Cuesta contraataca sin éxito en el páramo de Valdecuevas, la división de Portazgo empezó a ser amenazada por los franceses en la llanura. Así, tres batallones avanzaron hacia ella mientras que una batería de la Guardia Imperial les disparaba desde una colina cercana. Ante esta situación, dos batallones de granaderos españoles lanzaron un valeroso ataque contra la batería, que estaba apoyada por 2.700 hombres de la Joven Guardia, consiguiendo conquistar heroicamente los cuatro cañones y el obús que la componían.

A la vista de este éxito, el ejército de Castilla inició un avance general y entusiasta sobre la división francesa de Mouton. Mediante ese desgraciado movimiento las tropas españolas, carentes de disciplina y entrenamiento, se lanzaron desordenadamente sobre las líneas de expertos tiradores franceses, cosechando una estrepitosa y rápida derrota, que les obligó a retirarse en absoluto desorden sobre Medina de Rioseco.

Tras esta acción, las tropas francesas que descendían victoriosas del paramo de Valdecuevas y la división de Mouton atacaron en masa a la división de Portazgo y a las unidades del general Cuesta que todavía permanecían formadas en el campo. La escasa preparación de buena parte de las fuerzas españolas fue suplida por un gran valor, pero su seria resistencia no pudo contener el avance imperial.

La batalla de Medina de Rioseco estaba totalmente perdida cuando el general Cuesta dio la orden de retirada general de la izquierda española. Los ejércitos de Cuesta y Blake habían sufrido unas 2.800 bajas entre muertos, heridos y prisioneros. Más era preciso hacer un último esfuerzo. Resultaba imprescindible retrasar la victoriosa marcha de los franceses para permitir la retirada de las maltrechas filas castellanas y de las piezas de artillería.

Las avanzadas napoleónicas estaban a unos centenares de metros de los indefensos cañones españoles y todavía era necesario traer las caballerías de tiro, enganchar las piezas a los carros y huir a toda velocidad. En ese momento, el general Cuesta observó que solamente le quedaba en disposición de luchar...

... ¡el Tercer Tercio de Voluntarios de León, que todavía no había combatido! y que se encontraba formado en columna observando el desastre que sufrían sus compañeros.

Cuesta ordenó a las dos de la tarde que ese batallón, junto a los supervivientes de los escuadrones de Guardias y Carabineros, cubriera la retirada del ejército de Castilla…

vendredi 26 octobre 2012

Cartas Maragatas III: El estandarte de Clavijo (II)

Cuando llegaron a Astorga las noticias de la sublevación del Dos de Mayo se alistaron doscientos jóvenes en los primeros días de junio de 1808. Sobre esta base, la Junta Local de Astorga, dependiente de la Junta Suprema de León, reclutó de manera forzosa seiscientos hombres más en Astorga y en las comarcas de la Maragatería, Cepeda, Orbigo y la Bañeza. Es posible que se integrara también alguna partida procedente del Bierzo.

El batallón fue llamado Tercer Tercio de Voluntarios de León y estaba mandado por el subteniente, habilitado de comandante, Fernando Capacete. El resto de los mandos de esta unidad también se improvisaron entre varios soldados veteranos y suboficiales de milicias.

Los soldados de ese batallón sirvieron conservando sus ropas de campesinos, estudiantes, criados y artesanos, distinguiéndose de los civiles mediante el uso de simples escarapelas y cintas rojas.

Los oficiales del Tercer Tercio conocían la existencia del estandarte medieval de los Ossorio, que había guiado a los cristianos en sus victorias de Clavijo y las Navas de Tolosa. Ahora, que luchaban por la independencia de España, pensaron que era acertado que ese viejo pendón de lanzas volviera a guiar a las milicias leonesas. De esta forma, el 11 de junio de 1808 presentaron un memorial al Ayuntamiento de Astorga argumentando que debían partir para luchar contra los franceses y que carecían de bandera. Por tanto, sabiendo que en Astorga “se conserva una bandera del mayor aprecio con el sobrenombre de Clavijo”, solicitaban que se les concediera usarla como insignia del batallón. Como garantía, los oficiales aseguraban, en su nombre y en el de la tropa, que derramarían hasta la última gota de su sangre en la defensa de tan valiosa enseña.


Placa conmemorativa del “Batallón de Clavijo”,
situada en la Puerta del Rey (Astorga),
inaugurada por el Ayuntamiento de la ciudad el 7 de diciembre de 2008

La Junta Local de Astorga se reunió el día siguiente y acordó acceder a la petición de los militares imponiendo la condición de que bajo ningún concepto abandonaran el estandarte de Clavijo. Desde entonces, el Tercer Tercio de Voluntarios de León fue conocido como el batallón de Clavijo. Esta unidad se integró, en los primeros días de la Guerra de la Independencia, dentro del ejército de Castilla.

Gregorio García de la Cuesta, que era el jefe de estas fuerzas militares, ostentaba el cargo de capitán general de Castilla La Vieja. Militar de la antigua escuela, fue una de las primeras autoridades españolas que se sublevó, presionado por el pueblo, contra los franceses al tener noticia de los acontecimientos del 2 de mayo en Madrid. A pesar de ser un hombre decidido, honrado y valiente, tuvo muy poca fortuna durante la Guerra de la Independencia al ser derrotado en casi todos los combates en los que participó. Por ese motivo, el conde de Toreno diría sobre él que tenía “la fatal manía de dar batallas”.

Cuando las autoridades francesas tuvieron conocimiento del alzamiento del general Cuesta, temieron que éste pudiera cortar las comunicaciones entre la capital de España y Francia. Por este motivo, ordenaron al general Lasalle que le atacara con cuatro batallones de infantería, setecientos caballos y cuatro piezas de artillería. Tras salir de Burgos, Lasalle venció a quinientos paisanos en Torquemada, saqueó ese municipio y entró victorioso en Palencia.

El general Cuesta decidió presentar batalla en Cabezón, ubicando los seiscientos hombres y los dos escuadrones de caballería con los que contaba en la cabecera del puente que cruza el Pisuerga. Los franceses, asombrados por esa mala situación estratégica, barrieron las posiciones defensivas el 10 de junio, derrotando completamente a los españoles y logrando conquistar Valladolid poco tiempo después.

El capitán general de Castilla La Vieja pidió entonces ayuda a la Junta de Galicia y consiguió que un ejército de 25.000 hombres, al mando del general Blake, avanzara desde Lugo sobre Castilla.

Los ejércitos de Galicia y Castilla se reunieron el 10 de julio en Villalpando y tomaron la decisión de reconquistar Valladolid para vengar las derrotas de Cabezón y el saqueo de Torquemada. No obstante, una división gallega, al mando del brigadier Riquelme, se quedó estacionada en Benavente para cubrir una posible retirada.

Las esperanzas de reconquista se vieron truncadas el 14 de julio de 1808 cuando los ejércitos de Castilla y Galicia se enfrentaron en Medina de Rioseco a las tropas francesas del mariscal Bessières.


13 de julio de 2008 – El Grupo de Artillería Lanzacohetes de Campaña I/62,
de guarnición en Astorga, rinde homenaje al “Batallón de Clavijo”
en el lugar donde combatió con honor en el campo de batalla 200 años antes.
En el centro de la formación, la reproducción (siglo XIX) del Pendón de Clavijo,
custodiada – como el original – en el Ayuntamiento de Astorga


El ejército de Blake, integrado por unos 17.000 hombres, se ubicó en una buena posición defensiva en los altos del páramo de Valdecuevas. Por el contrario, los 7.000 hombres de Cuesta tomaron posiciones en la llanura, a su izquierda y enfrente de Medina de Rioseco. En concreto, el batallón de Clavijo estaba situado en la reserva del ejército de Castilla, formado en columna de batallón y con la misión de socorrer a las tropas de la primera línea que pudieran necesitar ayuda…

lundi 22 octobre 2012

Cartas Maragatas II: El estandarte de Clavijo (I)

Gutierre Ossorio nació en el siglo VIII, malos tiempos para un cristiano español, pero perfectos para un guerrero cruzado, defensor de la única religión verdadera.

Fue un brillante militar que había pacificado la región de Galicia tras su sublevación contra el rey Favila, años antes de su proeza más conocida, sucedida durante el reinado de Fruela, cuando los musulmanes armaron un gran ejército y pretendieron acabar definitivamente con los reinos cristianos.

En ausencia del monarca, que estaba enfermo, Gutierre Ossorio y los demás nobles presentaron batalla a los invasores en los puertos de montaña de acceso a Asturias.

Allí se desencadenó un fiero combate en el que todos los pendones cristianos sucumbieron a excepción del de los Ossorio. Esta heroica defensa permitió la victoria de las armas asturianas y originó que Gutierre Ossorio recibiera el nombramiento de alférez del pendón real y que, a partir de ese momento, el estandarte de la familia Ossorio fuese considerado superior al de las otras familias nobles de la España cristiana.

Los lobos pardos de las armas de los Ossorio se tiñeron de rojo en recuerdo de la sangre derramada en esta batalla.

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Un nieto de Gutierre Ossorio, que portaba el mismo nombre que su abuelo, nació hacia el año 800 y fue caballero, ricohombre y señor de Villalobos en los reinados de Ramiro I y Alfonso II “el Casto”.

En aquellos tiempos los reinos cristianos pagaban a los musulmanes, en señal de vasallaje, el tributo de las cien doncellas, que consistía en que cien vírgenes eran enviadas al emir cordobés para que sirvieran allí como esclavas.

Avergonzados por tan ultrajante imposición, Gutierre Ossorio y otros grandes del reino aconsejaron al rey que se negase a abonarla en lo sucesivo.

Conociendo que la declaración de guerra era inevitable ante la falta de pago del tributo, los cristianos se adelantaron realizando correrías militares por las regiones fronterizas. Al poco tiempo, un gran ejército musulmán avanzó sobre el norte de España. Tras encontrarse las fuerzas rivales en Clavijo, se dio una gran batalla en la que, con la ayuda del Apóstol Santiago, Patrón de las Españas, las tropas de Abderramán fueron completamente derrotadas.

Gutierre Ossorio combatió, bajo el estandarte de los dos lobos rojos, como general de las fuerzas cristianas, obteniendo por sus méritos el privilegio de ser canónigo en León en el año 844.

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Siglos más tarde, la estirpe de los Ossorio se vinculó fuertemente a la Muy Noble, Leal, Benemérita, Magnífica, Augusta y Bi-Milenaria ciudad de Astorga. De esa manera, Alvar Pérez Ossorio, descendiente de los anteriores, construyó por mandato del Rey de Castilla el castillo de esa ciudad a finales del siglo XIV. Además, un bisnieto suyo, llamado también Alvar Pérez Ossorio, fue agraciado por Enrique IV de Castilla con el título de marqués de Astorga en el año 1465. Este título nobiliario es ostentado desde entonces por la rama primogénita de la familia.

Además del castillo de Astorga, los Ossorio fueron dueños, desde el siglo XIV, de una fortaleza ubicada en Turienzo de los Caballeros. El robusto castillo, que todavía existe, tiene planta cuadrangular, veintidós metros de altura, cuatro plantas y un sótano, en el que se ubican las mazmorras. Cuando los propietarios estaban residiendo en el torreón se izaba el estandarte de los Ossorio, el que Gutierre Ossorio utilizó en la batalla de Clavijo. Esa bandera fue, además, utilizada por las milicias de la ciudad de Astorga en las batallas de las Navas de Tolosa y Alarcos.

El estandarte mostraba el escudo de la familia Ossorio; es decir, dos lobos rojos sobre un fondo de color oro y medía ciento ochenta y cinco centímetros por doscientos sesenta y uno. En el año 1465 fue donado por Alvar Pérez Ossorio, primer marqués de Astorga, a la ciudad de Astorga y allí permaneció custodiado hasta los inicios de la Guerra de la Independencia…

14 de julio de1808 – El Tercer Tercio de Voluntarios de León (“Batallón de Clavijo”) entra en combate para proteger la retirada del Ejército de Castilla, (al fondo, en formación, el Pendón de Clavijo).


samedi 20 octobre 2012

Jornadas de reflexión


El domingo 21 de octubre se celebran elecciones en el Reino de Galicia y en Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, cuatro regiones españolas reducidas a dos «comunidades autónomas», Galicia y País Vasco, por la Constitución de 1978, causa ésta en gran medida de los males presentes e invocada, sin embargo, como solución de los mismos por parte de los sedicentes «patriotas» constitucionales.
Si el régimen imperante y sus mecanismos son de suyo ilegítimos (con arreglo a la lógica del sistema, si éste la respetase, la normativa y las circunstancias de sus procesos electorales los convierten en completamente antidemocráticos), cuánto más ilegítimos resultan en territorios donde, sea por el caciquismo y la corrupción descarados que los partidos democráticos practican en Galicia, sea por el terror aún reinante en las Provincias Vascongadas y por el trasterramiento de centenares de miles de vascos, la representatividad que pudieran tener sus resultados queda reducida a cero.
Galicia y Vasconia, como el resto de España, caminan hacia el abismo de la mano del constitucionalismo juancarlista, de sus estatutos de autonomía, de su servilismo europeísta y de su corrupción institucionalizada.

Viernes, 19 de octubre de 2012.
Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

mercredi 3 octobre 2012

El Carlismo ante el comunicado de la Asociación de Militares Españoles




El comunicado de la Asociación de Militares Españoles (AME) hecho público el lunes 24 de septiembre contrasta vivamente con las reacciones confusas, desorientadas, titubeantes o complacientes de los medios oficiales y oficiosos ante las nuevas provocaciones del separatismo catalán (en puridad, anticatalán). Afirmar algo tan obvio como que quienes colaboren o permitan la fractura de España deberán «responder con todo el máximo rigor» ante los tribunales castrenses por la «grave acusación de alta traición» es algo que hasta ahora sólo se había hecho desde la Comunión Tradicionalista. Nos congratulamos, pues, de que en medios militares comience a abrirse paso la noción de que las medidas de excepción se han hecho necesarias.

Dice el comunicado de la AME: «Si así tuvieran lamentablemente que actuar, no deberá existir la menor duda de que cuantos han permitido, participado o colaborado en llegar a esta última pero reiterada en el tiempo amenaza de fractura de España, por comisión, omisión o provecho de sus cargos constitucionales, habrán de responder con todo el máximo rigor de tan grave acusación de alta traición ante los tribunales en el ámbito de la jurisdicción castrense».

Esperamos que no se olvide al máximo responsable de la situación, el máximo protector del desgobierno y de la desintegración de España: el Jefe de Estado constitucional, Juan Carlos.

Dice también la AME que «la más alta magistratura» y «los Gobiernos» deberían tomar «inmediatamente las medidas oportunas para suprimir cualquier atisbo de secesión, sin que las Fuerzas Armadas se vean en la irremisible y gravísima tesitura de cumplir escrupulosa y estrictamente con la misión que la Carta Magna les otorga de garantizar la soberanía, independencia e integridad territorial de nuestra Patria». Si de verdad se quiere defender y restaurar España, no puede invocarse la Constitución de 1978, que es causa de la situación actual y por lo tanto no puede ser su remedio. Esa Constitución ilegal e ilegítima debe ser abolida.

El comunicado apunta acertadamente que la escalada actual es fruto de «una pavorosa crisis económica y otra manifiestamente desastrosa gestión política por parte de las formaciones que incurren en un delito de alta traición al mantener de forma voluntaria un sistema de representación electoral que fomenta la aparición y el asentamiento de los nacionalismos separatistas al ceder ante su chantaje de votos para mantenerse en el poder». El hundimiento económico de España, que es provocado y no accidental, constituye en sí mismo alta traición. Y en el Principado de Cataluña todos los partidos políticos del sistema, incluyendo al PP y al PSOE, llevan mucho tiempo actuando como partidos nacionalistas. No basta una reforma de la ley electoral: es necesaria la supresión del régimen de partidos políticos y la restauración religiosa de nuestra Patria. Hace más de un siglo lo había anunciado Marcelino Menéndez Pelayo: perdida su unidad católica, España ha vuelto «al cantonalismo de los arévacos y de los vetones, o de los reyes de taifas».

El Carlismo siempre estará dispuesto para impedir la disgregación territorial de España, o de lo que queda de ella; y para restaurar las Españas grandes, en las que ningún nacionalismo ―ninguno― tiene cabida. No hay nada más anticatalán que el nacionalismo catalán, ni nada más antiespañol, hoy, que el anticatalanismo liberal: la ruina de España es la ruina de Cataluña, y la ruina de Cataluña es la ruina de España. Enhorabuena a la Asociación de Militares Españoles. Quiera Dios que otros den un paso al frente, antes de que sea tarde.

Madrid, 26 de septiembre de 2012

Secretaría Política de S.A.R. Don Sixto Enrique de Borbón

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Apartado de Correos 50.571 · 28080 Madrid

vendredi 28 septembre 2012

Cartas Maragatas (I)


Mis nuevas obligaciones en el campamento de la Legio X Gemina, en Asturica Augusta, bajo la atenta e impresionante mirada de Mars Tilenus, no me dejan mucho tiempo para escribir nada que no sean despachos oficiales como legado de esta legión, solicitando al general más balistas y onagros.

Pero no podía dejar pasar estas fechas en las que se celebran en la capital del Reino de León las fiestas en honor a San Froilán, sin dejar de compartir con todos el evento central de las celebraciones, conocido como “las cantaderas”.

Transcribo directamente la página relativa a esta conmemoración en el programa de fiestas de este año:

“Desde los lejanos tiempos del rey Mauregato, los reyes cristianos cumplían puntualmente con el infame tributo de las cien doncellas, que debían ser entregadas a los califas musulmanes a cambio de no sufrir sus ataques. De este centenar de desdichadas, León aportaba una parte, procedentes de las parroquias de San Marcelo, San Martín, Santa Ana y Santa María del Mercado.

La leyenda tiene su inicio en el brutal acto de valor que realizaron las doncellas que iban a ser entregadas por el rey Ramiro I, que prefirieron cortarse una mano a dejarse llevar por su destino. Ante esta demostración de arrojo, el rey decidió negar para siempre el tributo y presentó batalla ante las tropas de Abderramán II, al que derrotó -supuestamente ayudado por el mismísimo Santiago- en la que hoy conocemos como batalla de Clavijo.

En agradecimiento por esta victoria el pueblo de León realizó una ofrenda al Cabildo Catedralicio, ofrenda que con el paso del tiempo se convirtió en tradición.

La ofrenda es acompañada por las Cantaderas, una vez liberadas de ser enviadas como tributo, ataviadas con lujosas vestimentas y dirigidas por la Sotadera, que representa a la mujer de la corte del Emir enviada para instruir a las doncellas en los usos y costumbres de los musulmanes. Después que las Cantaderas realizan sus bailes, se produce el debate del Foro u Oferta, ya que como es tradicional en el enfrentamiento entre el poder civil y el eclesiástico, ni el Cabildo admite que la ofrenda sea una gracia concedida por la ciudad, ni el Consistorio acepta que sea una obligación. Así, haciendo gala del ingenio, los representantes de ambas instituciones presentan sus argumentaciones sin llegar nunca a un acuerdo.

Domingo 30 Septiembre. 11:30. Claustro de la Catedral de León.

Siempre es un placer comprobar que las Españas de verdad, las de los españoles que viven con los pies en la tierra, en nuestros campos, no olvidan su historia, y en particular la Santa Cruzada de Reconquista que durante siete siglos forjó la entidad Católica de nuestra Patria.

Y como carlista no puedo cerrar esta primera entrada oficial como astorgano sin volver a reivindicar la verdadera organización tradicional de las Españas, sus reinos, como éste de León, reducido ridículamente a provincia y viendo su nombre mancillado en ese engendro llamado “comunidad autónoma”.

Relación de los Reyes de León (910-1230)

Garcia I (910-914)

Ordoño II (914-924)

Fruela II (924-925)

Alfonso Froilaz (925-926)

Sancho Ordoñez (926)

Alfonso IV “El Monje" (925-931)

Ramiro II “El Grande" (931-951)

Ordoño III (951-956)

Sancho I “El Craso" (956-958 y 960-966)

Ordoño IV “El Malo” o “El Jorobado” (958-960)

Ramiro III (966-985)

Bermudo II “El Gotoso” (985-999)

Alfonso V “El Noble” o “El de los Buenos Fueros” (999-1028)

Bermudo III (1028-1037)

Sancha I y Fernando I (1037-1065)

Alfonso VI (1065-1071 y 1072-1109)

Sancho II (1071-1072)

Urraca I (1109-1126)

Alfonso VII “El Emperador” (1126-1157)

Fernando II (1157-1188)

Alfonso VIII (conocido como IX) (1188-1230)

mercredi 19 septembre 2012

Españoles, perdonad pero no olvidéis

Basta con recordar el título de esta entrada en el día de la muerte de Santiago Carrillo, el comunista criminal , el carnicero de Paracuellos del Jarama.


Como católico, en vez de brindar con champagne como hizo él, degenerado asesino, el día de la muerte del Caudillo, debo pedir a Dios que se apiade de su alma.

Pero no puedo dejar de estar convencido en el fondo de mi alma de que se pudrirá eternamente en el infierno.

Miles de mártires católicos le perdonaron antes de morir, como corresponde a discípulos de Nuestro Señor Jesucristo, que pidió al Padre el perdón para sus asesinos clavado en la cruz.

Yo soy un pobre pecador, y me cuesta demasiado perdonar tanta sangre de muchos compatriotas, algunos de mi propia familia.

Sin duda, como repiten machaconamente los periódicos y televisiones, es un personaje histórico. Como lo fueron Nerón, Calígula...