samedi 1 décembre 2012

¿Cuáles son las características de la fe?

“La fe, don gratuito de Dios, accesible a cuantos la piden humildemente, es la virtud sobrenatural necesaria para salvarse. El acto de fe es un acto humano, es decir un acto de la inteligencia del hombre, el cual, bajo el impulso de la voluntad movida por Dios, asiente libremente a la verdad divina. Además, la fe es cierta porque se fundamenta sobre la Palabra de Dios; «actúa por medio de la caridad» (Ga 5,6); y está en continuo crecimiento, gracias, particularmente, a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración. Ella nos hace pregustar desde ahora el gozo del cielo.”



Algunas veces escuchamos a católicos hablar sin conocimiento de causa sobre la fe, y decir muy convencidos bastantes barbaridades. Parémonos un instante a pensar en nuestra fe católica, en estos momentos iniciales del año de la fe que nuestro Sumo Pontífice ha decretado, muy oportunamente, ante la evidencia de la falta de fe, no ya de la humanidad, sino de los propios católicos de nuestros días.

La fe, como podemos leer en el párrafo del catecismo en vigor, tiene siete características esenciales:

1.- Es un don de Dios. Por tanto es necesario pedirle a Dios que nos conceda tener fe. Y es necesario acercar la fe a quién no la tiene, para que conociendo el Evangelio desee obtenerla.

2.- Es necesaria para salvarse. Y no caben interpretaciones. No basta con ser “buena persona”, no basta con hacer buenas obras, es necesario creer en Nuestro Señor Jesucristo para salvarse. Y no es la Santa Madre Iglesia la que lo dice, es el propio Jesucristo: “El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.” Mc 16.

3.- Es un acto humano voluntario. La fe no violenta nuestra humanidad, antes bien nos hace más hombres. Creemos en Jesucristo, que es el hombre más perfecto. Y nuestra fe es plenamente racional, pues sólo cuando la razón se desvirtúa o se desvía puede contradecir a la fe católica.

4.- Nuestra fe es verdadera, es la única fe verdadera. No hay autoridad más alta que el propio Dios y es en Dios, el Dios único y verdadero, en quien creemos. Dios no puede engañarse ni puede engañarnos.

5.- Nuestra fe, si es auténtica, crece permanentemente. No podemos nunca darnos por satisfechos con nuestra fe. Debemos pedir siempre a Dios que nos la aumente. Debemos profundizar en ella, estudiarla, orar, reflexionar. Dios es un océano de sabiduría en el que siempre podemos llegar más lejos, nadar más adentro.

6.- La fe actúa por medio de la caridad, y como Dios es amor, igualmente el católico que tiene fe debe hacer del mandamiento del amor el centro de su vida. Si digo que tengo fe en Dios, a quién no veo, y no amo a mis hermanos, a mi prójimo, al que veo, soy un mentiroso.

7.- Y finalmente la fe es la puerta del cielo, nos hace entrever, pregustar el cielo. Cuando estemos junto a Dios en el cielo no necesitaremos fe, veremos a Dios tal cual es y ya no será necesario creer en Él, porque será evidente.

Otros hombres han creído o creen en dioses, en muchos dioses, pero su “creer” no tenía ni tiene comparación posible con nuestra fe. Nosotros no sólo creemos que Dios existe, algo que ni siquiera los agnósticos se atreven a negar. Y tampoco nos contentamos con creer que Dios es bueno y vela por nosotros, sus criaturas. Los católicos “creemos EN Dios”, confiamos plenamente en Él, entregamos nuestras vidas en sus manos, con confianza absoluta. Así debe ser nuestra fe.

¿Y en que creemos entonces? Sencillamente en esto:

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.
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