jeudi 19 juillet 2012

De aquí para allá

Aprovecho un pequeño alto en el camino para poner al día la bitácora, aunque sea provisionalmente.

Acabo de regresar del Paraíso Terrenal, o al menos de un sitio que se le parece mucho, creo yo. La españolísima isla de Mallorca, donde se encuentran profundamente ancladas las raíces de mi familia.

Mis hijos, que no conocían aún la tierra de sus ancestros, están entusiasmados, y no es para menos.

En la imprescindible visita a la Cartuja de Valldemossa, dónde pasara Chopin su conocido “Invierno en Mallorca”, cuya crónica escribiese su “compañera sentimental”, George Sand, aproveché para comprar una nueva edición del libro de marras, que devoré en un par de tardes en la playa.

George Sand, que en realidad se llamaba Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant, empapada de espíritu revolucionario, pone a los mallorquines, y a España en general, como suele decirse “a caer de un burro”. Por un lado es desternillante comprobar la impresión que causaron nuestras costumbres tradicionales en su sensible alma revolucionaria, por otro siempre viene bien contemplar nuestros defectos, que los tenemos claro está, diseccionados sin anestesia, y en todo caso la descripción de la naturaleza de isla es fantástica y apasionada.

Al que no conozca Mallorca me resultará imposible hacerle si quiera atisbar lo maravilloso de sus paisajes, su geografía asombrosa, la idiosincrasia de sus pobladores, los de verdad no los alemanes e ingleses que se refugian en ella, su arquitectura, su gastronomía y en general ese universo aparte que constituye el antiguo Reino de Mallorca.

De regreso al Reino de Castilla, y en mi camino hacia el Reino de León, creo fundamental mencionar el artículo de José Miguel Gambra sobre el sobrino del Abanderado de la Tradición, Don Sixto Enrique de Borbón y Parma, Carlos Javier, el hijo mayor de Carlos Hugo, y sobre la CTC.

No puedo dejar de sentir internamente la necesidad de que el carlismo se reunifique en pro de los intereses de España, que son lo único importante, pero ciertamente suscribo todas y cada una de las palabras de Don José Miquel Gambra.

También considero una desgracia, un escándalo y una herida dolorosísima, la división entre los discípulos de Nuestro Señor Jesucristo, pero sin duda no hay otro camino para la unidad que el retorno de todos al seno de la Santa Madre Iglesia, y con la ayuda del Espíritu Santo, la plena comunión de todos los católicos, seglares y clero, con el Magisterio de la Iglesia y su Sacrosanta Tradición.

Del mismo modo, el Tradicionalismo no tiene otra opción que su reunión en torno al Rey legítimo, en todos los aspectos de la legitimidad, y la fidelidad a los principios que siempre han inspirado nuestra lucha secular contra los enemigos de España y de la Humanidad.

En ambos casos el camino es duro y sembrado de dificultades y obstáculos, pero los atajos no llevan a ninguna parte.

Creo que en las actuales circunstancias de profundísima crisis, en absolutamente todos los sentidos imaginables, está meridianamente claro que no se puede hacer concesión alguna, no se puede confraternizar lo más mínimo con el enemigo, ni dar un paso atrás, y desde luego no se debe pretender jugar su juego con sus sucias reglas.

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