samedi 18 décembre 2010

La mujer del César

Los programas electorales, las declaraciones públicas y, sobre todo, los hechos durante los años en que el presidente del gobierno español pertenecía al Partido Popular, deberían ser más que suficientes para que todos los católicos, incluidos los obispos, tuviesen meridianamente claras las implicaciones morales de votar a favor de las candidaturas de esta formación política liberal en los diferentes procesos electorales.

Y el que necesite refrescarse la memoria que lea, por ejemplo, este artículo periodístico del 2008:


En otro orden de cosas, aunque no soy partidario de polemizar con la vida privada de nadie, cuando hablamos de miembros destacados de formaciones políticas, la incoherencia (o en ocasiones precisamente la coherencia) entre lo que se predica o se pretende predicar, y lo que se hace, es motivo de escándalo manifiesto, dando lugar a espectáculos tan grotescos como los vistos durante la última campaña electoral en Cataluña (por ejemplo: La presidenta del PP catalán, madre soltera por inseminación artificial, contraria a que las parejas homosexuales adopten hijos porque “necesitan un padre y una madre”).

"Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio": Mc 10,11-12.

Catecismo de la Iglesia Católica: Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña a los cónyuges (donación del esperma o del óvulo, préstamo de útero) son gravemente deshonestas. Estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales heterólogas) lesionan el derecho del niño a nacer de un padre y una madre conocidos de él y ligados entre sí por el matrimonio. Quebrantan “su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 2, 4).

Algunos ejemplos significativos:

María Dolores de Cospedal, divorciada con un hijo que tuvo sola por inseminación artificial, está casada por lo civil con un divorciado con tres hijos de otro matrimonio anterior.

Como ya hemos dicho, Alicia Sánchez-Camacho, es madre soltera también por inseminación artificial.

Soraya Sáenz de Santamaría, casada también por lo civil, ha afirmado públicamente que no tiene costumbre de ir a misa.

Ana Mato es separada, creo, Esteban González Pons, divorciado con dos hijos, está vuelto a casar con una divorciada con tres hijos con la que ha tenido otro hijo, Gustavo de Arístegui es divorciado y vuelto a casar con una divorciada con dos hijos, de las bodas y amoríos de Francisco Álvarez-Cascos he perdido la cuenta,…

Que quede claro que lo traigo a esta bitácora solamente porque me revienta que los católicos españoles cifren sus esperanzas de regeneración nacional en una hipotética victoria electoral del Partido Popular, formación política abiertamente ANTICRISTIANA.

Por lo que respecta a los casos particulares, ni que decir tiene, sólo cabe caridad, y por eso termino con un extracto del documento teológico de base para el Congreso Eucarístico Internacional de Québec (30 de julio de 2006):

LA EUCARISTÍA: DON DE DIOS PARA LA VIDA DEL MUNDO
La familia, Iglesia doméstica, para una civilización del amor

“La Eucaristía es la fuente misma del matrimonio cristiano. En efecto, el sacrificio eucarístico representa la alianza de amor de Cristo con la Iglesia, en cuanto sellada con la sangre de la cruz. Y en este sacrificio de la Nueva y Eterna Alianza los cónyuges cristianos encuentran la raíz de la que brota, que configura interiormente y vivifica desde dentro, su alianza conyugal. En cuanto representación del sacrificio de amor de Cristo por su Iglesia, la Eucaristía es manantial de caridad. Y en el don eucarístico de la caridad la familia cristiana halla el fundamento y el alma de su «comunión» y de su «misión», ya que el Pan eucarístico hace de los diversos miembros de la comunidad familiar un único cuerpo, revelación y participación de la más amplia unidad de la Iglesia; además, la participación en el Cuerpo «entregado» y en la Sangre «derramada» de Cristo se hace fuente inagotable del dinamismo misionero y apostólico de la familia cristiana”.

La misión específica de la familia es encarnar el amor y ponerlo al servicio de la sociedad. Amor conyugal, amor maternal y paternal, amor fraterno, amor de una comunidad de personas y de generaciones, amor vivido en el signo de la fidelidad y de la fecundidad de la pareja para una civilización del amor y de la vida. Para que este testimonio alcance concretamente la vida de la sociedad, la Iglesia llama a la familia a frecuentar asiduamente la misa dominical. Ya que es bebiendo de esta fuente de amor que la familia protegerá su propia estabilidad. Aún más, fortaleciendo así su conciencia de ser Iglesia doméstica, participará más activamente en el testimonio de fe y de amor que la Iglesia encarna en el corazón de la sociedad.

Este testimonio de Iglesia doméstica esta marcada en nuestro tiempo por el signo de la cruz, por ejemplo cuando uno de los esposas es infiel a su compromiso o cuando uno o varios de los hijos abandonan la fe y los valores cristianos que los padres trataron de trasmitirles, o bien cuando las familias se dividen y reconstruyen después de un divorcio y de un nuevo matrimonio. Por estas experiencias dolorosas, Cristo llama al esposo abandonado, a los hijos heridos, a los padres lastimados a participar de una forma especial en su propia experiencia de muerte y resurrección. Las situaciones difíciles y complejas de las familias hoy en día invitan a los pastores a tener mucha “caridad pastoral” para poder acoger a todas las familias y a animar a aquellas que viven en situaciones irregulares a participar a la eucaristía y a la vida de la comunidad, incluso si no pueden recibir la sagrada comunión.
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