jeudi 20 janvier 2011

Inventando la pólvora

Hace algunos días leí un artículo en ABC de Álvaro Delgado-Gal, que no es precisamente santo de mi devoción, en el que aludía a un breve ensayo reciente de Anthony de Jasay, el economista anarcocapitalista (ja, ja, ja) anglo-húngaro, residente en Francia, titulado algo así como “lo mejor de lo peor: ¿qué precio tiene la democracia?”.

Delgado-Gal titulaba su artículo “esto se pone raro”.

Sin entrar en los motivos de uno y otro para cuestionar o no, lo que actualmente conocemos con el pomposo y falso nombre de “democracia”, que cualquiera puede leer tranquilamente en los enlaces que incluyo, el motivo del título del artículo merece una pequeña reflexión.



La frase clave del artículo es la siguiente: “Los hombres razonables preferirán, sin duda, una democracia a una dictadura horrenda. Pero no a sistemas autoritarios más eficientes en lo económico y donde estén garantizados el imperio de la ley y el mercado. La última es, en mi opinión, la tesis auténtica, y no demasiado recóndita, de Anthony de Jasay.”

Curiosamente De Jasay es conocido por sus ataque contrarios al “Estado”.

En resumidas cuentas, cada vez más voces defienden la necesidad, absolutamente práctica, y hoy en día perentoria, de situar los estados bajo una autoridad no sometida a los caprichosos u orquestados vaivenes electorales.

Por supuesto nadie quiere monstruosos dictadores sangrientos como José Stalin o Adolfo Hitler, o los múltiples ejemplos de África, Asia o Hispanoamérica. Es necesario encontrar mecanismos de control de la autoridad, a los que ésta se someta, y que generen la suficiente confianza.

A estas alturas, los carlistas, tradicionalistas, católicos… que hayan aguantado leyendo hasta este párrafo, estarán pensando, ¡si eso está ya inventado!

Efectivamente, se trata del fundamento mismo de la Tradición política. El poder del Rey, que verdaderamente gobierna en su reino, procede de Dios, como todo poder en el Cielo y en la Tierra, y por tanto el trono se somete, hacia arriba, a la suprema guía espiritual del altar, de la Santa Madre Iglesia, y hacia abajo, respecto a sus súbditos y a los territorios que gobierna, la relación es de doble vía, el famoso “si non, non” del Reino de Aragón, y el “que somos tanto como vos, y junto más que vos”, ejercido a través de las verdaderas y tradicionales Cortes de cada Reino.

Va a resultar que somos todos anarco-tradicionalistas, y los que me siguen desde hace tiempo sabrán por qué lo digo.

Que este sistema no funciona, no puede funcionar, y que ha transformado nuestra Patria, la tierra y hogar de nuestros padres, en “una cueva de ladrones”, lo sabe incluso Álvaro Delgado-Gal, aunque lo niegue. Nuestro Señor Jesucristo nos dejó muy claro qué debe hacerse cuando se mancilla la casa del padre de uno.
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