vendredi 10 février 2012

Y el enemigo público número uno es…

No falla, no conviene que nuestra gente se interese demasiado por los asuntos que les afectan de verdad, esperamos la más mínima ocasión, buscamos un culpable, y todo arreglado, de libro.

Dijimos que los impuestos bajarían, pero suben, y de qué manera. Que lo del paro lo arreglábamos en un “pispas”, y los cinco millones de parados están superados sin pestañear. Donde dije digo, digo Diego...

Pero no penséis en eso queridos votantes, que de eso ya nos encargamos lo que sabemos. Lo verdaderamente indignante es lo del ciclista que ha comido un filete en mal estado y le acusan pérfidamente de pedalear bajo los efectos de sustancias prohibidas. Y encima los franceses, que nos tiene envidia por que Nadal gana siempre Roland Garros, se burlan con marionetas de nuestras glorias nacionales, ¡qué vergüenza, es intolerable! Ellos que ya usaban poción mágica para vencer a las legiones que el pobre César mandaba contra la aldea de Asteríx.

¡¡¡¡QUE LOS FRANCESES NOS TIENEN ENVIDIA!!!!

Hace falta valor, en un país, por llamar de alguna manera a las ruinas de lo que un día fueron las Españas, con un salario mínimo de 748,30 euros al mes, según datos de Eurostat, mientras en Francia los pobres envidiosos sobreviven con… 1.398,37 euros mensuales. Teniendo en cuenta que en España el máximo legal son 40 horas de trabajo semanales y en Francia las 35 horas son una cuestión de irrenunciable honor nacional…

Seamos serios. De los aproximadamente 63 millones de franceses, menos de tres millones están en paro total, cifra que sube a unos cuatro millones si se suman los que ejercen una actividad “reducida”. Los datos de los 46 millones de españolitos son bien conocidos por todos. No digo que al norte de los Pirineos aten los perros con longanizas, pero aquí hay más de uno que la última vez que comió en condiciones se comió al perro. Y no les cuento cómo funcionan las prestaciones por desempleo en Francia, la variedad de ayudas económicas y de todo tipo a que tienen derecho todos los residentes en Francia, el funcionamiento de sus oficinas de empleo, sus políticas de protección familiar y apoyo a la natalidad, etc. Porque es bastante complicado y porque la comparación con España es para echarse a llorar o para volar el Congreso de los Diputados en plan Guy Fawkes, que sinceramente me sorprende que nadie lo haya intentado ya.

De todos modos, si no son aficionados al deporte, o saben positivamente desde hace años, que no se pueden correr pedaleando, cada vez más rápido, las interminables etapas infernales del Tour, el Giro y la Vuelta sin estar “hasta las trancas” de mejunjes de todo tipo… Si saben que medio minuto de un programa de marionetas no tiene ninguna importancia para nadie con dos dedos de frente, extremo que todo el mundo podría comprobar si alguna vez viese la emisión completa y comprobase las burlas despiadadas que sufren deportistas, políticos y todo tipo de celebridades galas en el mismo programa… No se preocupen, el gobierno del Partido Popular tiene para ustedes todo un clásico de la propaganda pseudo-patriótica… ¡Gibraltar español! Es que manda… que dijera el irrepetible ministro de defensa pepero de Perejil y viva Honduras.

Y si son ustedes “de izquierdas de toda la vida”, no tengan envidia, que sus enemigos de siempre siguen en vigor, y en lugar destacado, ¿cómo no?, la Iglesia Católica. ¡Que denuncien el Concordato! (¿el qué?) y que les quiten la casilla del IRPF y se la den a la ciencia, la de verdad, la que prueba científicamente que los niños abortados no son seres humanos y que el universo se creó él solito.

Que aquí los únicos que tiene derecho a vivir de los impuestos aunque no tengan ningún afiliado, son los sindicatos, los partidos políticos y la asociación nacional de gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, prostitutas y lo que sea menester. Que eso si que son organizaciones de interés público (¿o será púbico?) y no las monjitas esas y sus comedores de caridad, limosnas y monsergas.

Ya sé que la ironía por escrito no siempre se entiende muy bien, pero ¿qué quieren que les diga? Que hay días que no está uno para historias.
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