mercredi 20 juin 2012

Fin de ciclo

En unas horas llegará oficialmente el verano, y con él la época en la que acostumbramos a ralentizar nuestras actividades, tomar un descanso, y al menos en mi caso volver a plantearnos qué queremos hacer con nuestras vidas a partir de ahora.

Tras un par de años viviendo y trabajando en Madrid, ciudad en la que nací y en la que he pasado muchos años a lo largo de mi vida, tras esta pausa estival nos trasladaremos a vivir y trabajar en una localidad, española eso sí, que posiblemente sea de las menos parecidas a la capital.

De los tres millones y pico de madrileños, pasaremos a convivir con unas doce mil almas, en una ciudad de origen romano, como tantas en Hispania, que tras ser destruida por los musulmanes en el año 714, fue reconquistada sólo treinta años más tarde. Y por hoy no daré más pistas.

No veo la hora de encontrarnos instalados en la España rural, en el corazón de uno de los más antiguos Reinos de las Españas. Parece que fuese ayer cuando regresábamos de pasar varios años viviendo en Francia, y de nuevo empaquetamos nuestros bártulos para empezar una nueva etapa.

Como es natural, durante algún tiempo no creo que pueda prodigarme mucho por la bitácora y por internet. En cuanto esté instalado me propongo retomar mis aportaciones, en la medida que mis nuevas obligaciones me lo permitan.

Por otra parte, el trabajo que se me ha encomendado realizar en mi nuevo puesto es realmente un proyecto y una responsabilidad que me llena de satisfacción, que colma mis expectativas y que emprendo lleno de ilusiones.

Espero que todos mis amigos internautas pasen un feliz verano, repongan fuerzas físicas y espirituales, y que volvamos a encontrarnos muy pronto.

Antes de emprender el traslado tengo programado un viaje familiar a la isla en la que se encuentran los orígenes españoles de mi familia. Quedo también comprometido a relatar lo que pueda cuando pase la canícula.

Dije que no daría más datos, pero no puedo resistirme a decir que vamos a vivir en pleno Camino de Santiago. Igual nos cruzamos como peregrinos, ¿quién sabe?



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