mardi 27 septembre 2011

El toro por los cuernos

Me encantan los toros, la tauromaquia quiero decir, las corridas de toros vamos. No voy a la plaza con tanta frecuencia como me gustaría, voy muy poco de hecho, como muchas otras cosas que espero tener la oportunidad de hacer más a menudo cuando pueda ir rescindiendo mis compromisos más urgentes e inmediatos con la humanidad y si Dios Nuestro Señor en su infinita bondad y misericordia quiere concederme unos años tranquilos de paz y retiro, a ser posible en la calma saludable y vivificante de eso que llamamos de un modo genérico, el campo. No en vano jubilado viene de júbilo.

Pero lo cierto es que cuando voy a una corrida de toros el espectáculo embriaga mis sentidos como pocas otras cosas mundanas. El valor y el arte, la fuerza de la naturaleza y el coraje del que se enfrenta cara a cara a su destino, la sangre, la fuente de la vida, empapando a los contendientes, al hombre y al toro… Todo dentro de un orden, de una liturgia, un ritual inalterable que muestra el respeto y la unión, casi la devoción, ante una lucha tan irracional como profundamente humana, pues cuanto más nos alejamos de lo puramente racional, más nos acercamos al hombre, al hombre de verdad, al misterio que siente más que piensa, al que le toca más la tradición que las demagógicas normas pasajeras, el amor verdadero y no el interés mezquino.

No se si es necesario ser español para sentirlo, aunque algo me dice que sin ser imprescindible, resulta de mucha ayuda.

Al parecer ya no se podrán celebrar corridas en Cataluña. Nada nuevo bajo el sol, desde hace tiempo tampoco se puede emplear la lengua de Cervantes ni allí ni en otros territorios de nuestra amada Patria que sufren el azote del separatismo excluyente, absurdo y anti-tradicional.

No es la primera vez que en España sufrimos la tiranía de fuerzas extrañas a nuestro ser, que desprecian y se burlan de nuestras tradiciones y costumbres, de nuestra historia y de nuestra lengua. De hecho es casi nuestro sino.

Paciencia y perseverancia. Ni un paso atrás. No cedamos ni un centímetro a la desesperación. Defensa a ultranza.

Leer y comentar con pasión las crónicas taurinas y acudir a las plazas cuando se pueda. Defender la Fiesta Nacional en cada conversación, contra viento y marea, y como a la Patria y a la Madre, con razón o sin ella, faltaría más.

Del mismo modo, salvando las distancias claro está, que hacemos ya con nuestra fieramente acosada Religión. Católicos antes que ninguna otra cosa y Cristo en el centro de nuestras vidas, pese a quien pese. Arrodillados en la Consagración y al recibir la Comunión en nuestras bocas de pecadores. La señal de la Cruz al salir de casa, antes de comer, cuando sea menester.

Sólo una cosa más. Debo disculparme por escribir últimamente con poca frecuencia en esta bitácora. Como me pasa con los toros, en estos días me queda poco tiempo para dedicarle a mis humildes reflexiones en Internet. Y debo reconocer que el poco que me queda lo dedico antes a la lectura que a la escritura. Pero siempre me restarán algunos momentos para dejar unas líneas furtivas como estas para mover al pensamiento y la reflexión. Un cordial saludo a todos en Cristo Rey, y de nuevo mis disculpas.
Enregistrer un commentaire