mercredi 16 mai 2012

San Isidro

Ayer celebró Madrid el día de su Santo Patrón, San Isidro Labrador, que vivió a caballo de los siglos XI y XII. También en muchos pueblos de las Españas se celebraron los actos religiosos en honor al protector de los labradores, con la tradicional bendición de los campos de cultivo.

Sin duda San Isidro podría ser un magnífico patrono del movimiento “Retorna y puebla”.

Un santo como San Isidro, que fue canonizado a la vez que Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, debe ser considerado la quintaesencia del santo español.

Sobre su vida y milagros hay mucho escrito para el que esté interesado, de modo que, como no es lo que más me interesa compartir hoy, únicamente apuntaré lo más destacado.

La más conocida de las crónicas sobre San Isidro es la que nos presenta a un hombre piadoso que soportaba las burlas de sus vecinos por acudir cada día a la iglesia antes de salir a labrar el campo. Al llegar por este motivo en ocasiones tarde al trabajo, fue denunciado al patrón, Juan de Vargas, por holgazán. Quiso entonces el dueño de las fincas comprobar por sí mismo la veracidad de las acusaciones, y un buen día se escondió tras unos matorrales situados a medio camino entre la iglesia y el campo. Al salir del templo recriminó su actitud a San Isidro. Mas cuando llegaron al campo, el patrón vio con asombro que los bueyes estaban arando ellos solos la parte que le correspondía al buen Isidro, y entendió aquél hecho como un prodigio del cielo.

También es conocida "la olla de San Isidro". Se cuenta que cada año el Santo organizaba una gran comida popular donde eran invitados los más pobres y marginados de Madrid. Sin embargo, en una ocasión el número de de presentes superó lo previsto y la comida que había preparado no llegaba ni a la mitad de los convocados. San Isidro metió el puchero en la olla y la comida se multiplicó milagrosamente, y hubo para todos y más.

Otro relato nos cuenta que en un año de sequía y temiendo por la rentabilidad de la hacienda de su patrón, San Isidro con un golpe de su azada hizo salir un chorro de agua del campo. Salió tanta agua de allí que pudo abastecer toda la ciudad de Madrid.

Con facilidad puede apreciarse en estas narraciones la homología con textos de la Biblia: el milagro de los panes y los peces de Nuestro Señor Jesucristo y la roca que Moisés, en el éxodo de Egipto hacia la Tierra Prometida, golpeó con su bastón haciendo manar agua para saciar la sed del pueblo de Israel.

Pero en este año de 2012, mi aportación se refiere a las celebraciones en conmemoración del octavo centenario de la gloriosa batalla de las Navas de Tolosa, que supuso el punto de inflexión de la Reconquista a favor de las armas cristianas contra los sarracenos invasores del sagrado solar patrio.

En el monumento erigido en memoria de la batalla en La Carolina, Santo Reino de Jaén, puede verse una humilde figura guiando a los reyes hispánicos de la Cristiandad. La versión tradicional más difundida, identifica a este pastor con San Isidro.

Tal como Santiago, Patrón de las Españas, guiase a las huestes cristianas a lomos de su caballo blanco en la batalla de Clavijo, San Isidro se habría aparecido a los defensores de la Hispania Cristiana, para mostrarles el paso entre las montañas que les diera acceso a Las Navas de Tolosa, permitiéndoles combatir en campo abierto.

Visitó Madrid el rey castellano Alfonso VIII, tras haber derrotado con la ayuda de Dios al inmenso y terrible ejército del Califa almohade Muhammad An-Nasir, conocido en la Cristiandad como Miramamolín, habiendo combatido las tropas castellanas junto a las del rey de Aragón, Pedro II, las de los reyes de Navarra y Portugal, Sancho VII y Alfonso II, los caballeros del Reino de León, cuyo monarca era Alfonso IX, las tropas de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, San Lázaro, Temple y San Juan, de Malta, y los cruzados ultramontanos, llamados así por haber llegado desde más allá de los Pirineos, en su mayoría franceses que acudían al llamado de Santa Cruzada del Papa Inocencio III.

El rey don Alfonso VIII declaró, en vista de las facciones conservadas del Santo, ser el mismo milagroso pastor que se le habla aparecido y conducido su ejército por las asperezas de Sierra Morena la víspera de la batalla de las Navas de Tolosa. Se atribuye a esta visita del monarca del Reino de Castilla, reino al que pertenece y pertenecerá por siempre Madrid por muchas sandeces que se inventen los enemigos de España, como eso de la “comunidad autónoma” o ese deleznable trapo rojo con estrellas, el origen del arca de madera, cubierta de cuero, en que se encerró el cuerpo incorrupto de San Isidro, que muestra en sus costados las pinturas con que mandó adornarla el Rey Alfonso, representando los milagros del Santo.

Tal vez algún historiador quiera glosar con datos e investigaciones esta participación de San Isidro en la batalla de las Navas de Tolosa.


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