mercredi 17 avril 2013

La Expedición Real (V)

…La Junta Carlista de Madrid había impreso clandestinamente una proclama, la cual fue repartida furtivamente entre algunos de sus miembros. No circuló mucho por la capital, si es que pudo entregarse a alguna persona.

En su primera parte se hacían explícitos los acuerdos a los que habían llegado don Carlos y María Cristina sobre la cuestión dinástica, mientras se trataba de asegurar la paz y el perdón a los seguidores de la Reina, utilizando un lenguaje mucho más templado que en otras proclamas y manifiestos legitimistas.


Junta Superior de Castilla la Nueva.

Castellanos: las armas vencedoras del invicto Carlos, se preparan a venir sobre la capital del reino, para salvaros del ominoso yugo de un puñado de ambiciosos y cobardes, manchados con todos los crímenes más horrorosos.

El general de nuestro siglo, el vencedor de Morella, ocupará muy en breve esta corte, pero no temáis; todo está definitivamente arreglado, por la mediación de las potencias del Norte: el príncipe de Asturias empuñará el cetro español, que su augusto padre le cede, conservando el gobierno de la Monarquía; la hija de Fernando VII será su esposa, y la augusta viuda marchará a Italia a disfrutar lo que de derecho la corresponde. Olvido de los errores pasados, indulto de los delitos políticos, reconciliación sincera entre los partidos, asegurará para siempre la paz, el orden y la justicia, de que tanto necesita esta desgraciada Monarquía, harto trabajada por los horrores de una guerra fratricida y asoladora.

En el segundo párrafo se buscó conciliar ideas absolutistas con la promesa de una convocatoria de Cortes estamentales, al igual que en la restauración fernandina de 1814, mientras se trataba de desligar al carlismo de los ataques liberales, especialmente de la unión de esta bandera con la vuelta de la Inquisición, oficialmente disuelta en 1820 y no restaurada durante la tercera etapa del reinado fernandino. Igualmente, la proclama intentó acercar a los carlistas con los absolutistas moderados del bando isabelino, pero amenazó severamente a los liberales.

Castellanos: oíd la voz de la razón y de la clemencia; una sola bandera tiene España, rey, religión, y patria, bajo ella pueden acogerse todos los hombres amantes de la prosperidad nacional. El rey convocará las antiguas cortes de España, y las necesidades políticas de la época serán satisfechas con el tino y circunspección que requieren las reformas sociales. Los tiempos de la Inquisición y del despotismo pasaron ya, y no han peleado por entronizar al uno ni lo otro, los invictos navarros y vascongados, ni los heroicos aragoneses y catalanes, no; unos y otros combaten por las leyes, por la justicia, por su felicidad: una inmensa mayoría del partido cristino pelea por la misma causa; discordábamos en los medios, pero ya nos entendemos, ya cesarán nuestras sangrientas discordias, y de hoy más, todos seremos dignos del nombre español, ultrajado por unos pocos, que no escaparán de la justa venganza de las leyes.

Castellanos: obediencia al rey y a las leyes; que así os lo encarga vuestra Junta Superior de Gobierno.

Madrid, 12 de septiembre de 1837.

El Rey Carlos, finalmente, con todo su Estado Mayor, se retiró hacia Arganda, donde se encontró la población iluminada y con un ambiente de fiesta que elevó la moral de los carlistas, que, sorprendidos por la retirada, no pudieron por menos de pensar que entrarían en Madrid al amanecer. Además, llegaron noticias de la captura de una amplia yeguada —doscientas cabezas— en Vaciamadrid.

Sin embargo, al día siguiente, la retirada de Madrid se confirmó cuando los oficiales carlistas ordenaron a sus soldados emprender la marcha hacia Mondéjar, atravesando el Tajuña y dejando Alcalá de Henares al Norte.



• “Las Guerras Carlistas” por Antonio Manuel Moral Roncal (Premio Internacional de Historia del Carlismo Luis Hernando de Larramendi en 1999), Silex Ediciones S.L., (2009).

• “El ejército carlista ante Madrid (1837): la Expedición Real y sus precedentes” por Antonio Manuel Moral Roncal, “Madrid, revista de arte, geografía e historia”, nº7 (2005).



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