mardi 7 mai 2013

Marcel Lefebvre, breve semblanza (y IV)

Lo esencial en la controversia entre Mons. Lefebvre y el Vaticano son esencialmente cuatro novedades teológicas introducidas por el Concilio Vaticano II y el magisterio posterior: La “protestantización” del nuevo ritual de la Santa Misa (de hecho se pidió a pastores protestantes que participaran en su elaboración), el ecumenismo y la libertad religiosa (que pudieran desdecir en opinión de algunos la afirmación de la fe católica como única verdadera) y la colegialidad (que parece opuesta al Primado Petrino definido en el Concilio Vaticano I).

Con todo, las excomuniones a los cuatro obispos ordenados por Mons. Marcel Lefebvre siguieron en píe, así como las persecuciones a Monseñor Lefebvre y a sus seguidores (llamados lefebvristas, nombre que, en adelante, identificaría al movimiento tradicionalista en la Iglesia).

Esta situación cambiaría el 24 de enero de 2009, 18 años después de la muerte del Arzobispo, cuando el Papa Benedicto XVI levanta las excomuniones, además de haber declarado un par de años antes que la Misa Tradicional nunca había abolida y que prohibir su celebración (práctica habitual en todas partes) era ilícito.

Con todo, Monseñor Lefebvre muy posiblemente acertó con las consagraciones, pues asegurarse un sucesor era vital para la permanencia de la Tradición en la Santa Madre Iglesia, pues al Arzobispo misionero le quedaban pocos años de vida.

Tras una larga vida, llena de fecundidad apostólica y persecuciones por el anuncio de la verdad, Monseñor Marcel Lefebvre dejó este mundo, el día en que se celebraba la Encarnación del Verbo y el inicio de la Buena Nueva de Salvación, y además en plena Semana Santa, el 25 de marzo de 1991, ambas fechas son significativas de lo que fue la vida de Monseñor, configurado con el ministerio de Cristo en la predicación de la verdad y en la aceptación de la Cruz.

Su muerte fue en la ciudad de Martigny, Suiza. Sus restos se encuentran en el Seminario de Écône, con un significativo epitafio tomado de san Pablo, que él mismo pidió se escribiese en su tumba:

Tradidi quod et accepi
(He transmitido lo que recibí).

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