mardi 20 décembre 2011

Calendarios y progresismo

VAMOS TIRANDO
BITÁCORA DE GONZALO GARCÍA
Cuando he leído esta mañana en la bitácora de Gonzalo García, “Vamos tirando”, su entrada titulada “Calendario escolar”, he comenzado a intentar escribir un comentario, pero me ha salido tan largo que he optado por publicarlo como entrada de mi propio blog.

Y es que el tema que trata, con todas sus derivadas, es un asunto central en mi vida, y creo que en la vida de muchos de nosotros.

Mi aportación consistirá en mi experiencia y mi punto de vista al respecto.

Cuando era niño, la situación familiar en mi casa, en lo que a cuestiones “socio-laborales” se refiere, consistía fundamentalmente en que mi padre trabajaba durante el día en una cosa, y por la tarde-noche en otra, de modo que, con los dos salarios que obtenía, le alcanzaba a duras penas para el sostenimiento familiar. Eso le suponía salir de casa cada mañana cuando los críos aún estábamos durmiendo, y regresar cuando estábamos a punto de irnos a la cama. Teniendo en cuenta que por aquel entonces se trabajaba también los sábados por la mañana, no puede decirse que mi padre “disfrutase mucho la infancia de sus hijos” precisamente.
Pero eso sí, gracias a ello, mi madre estaba siempre en casa, que la tenía como una patena, se ocupaba de cuanto era preciso para que el hogar fuera un paraíso de orden y organización, compraba, cocinaba, limpiaba, planchaba, nos llevaba y recogía del colegio, etc.

¿Qué pasa hoy en mi familia? Pues que trabajamos asalariados mi esposa y yo para poder, a duras penas también, sostener económicamente el hogar. En vez de tener yo dos empleos como mi padre, tenemos uno cada uno. La consecuencia es que el resto de tareas que en mi niñez correspondían a mi madre, las repartimos entre ella y yo. El trabajo de mi mujer le permite llegar a tiempo para recoger a nuestros hijos del colegio, y yo, que llego algo más tarde, me incorporo después a las labores hogareñas diarias que ella organiza, como es natural.
¿Hemos progresado? Sin entrar en consideraciones más profundas, a mi me parece que viene ser casi lo mismo, o peor, ahora que en los años sesenta.

Pero no todo es tan fácil como pudiese parecer, luego vienen las diferencias entre los calendarios escolar y laboral. La única opción posible consiste en que mi mujer y yo disfrutemos de la mayoría de nuestros “días libres” en fechas diferentes, de modo que entre los dos podamos cubrir las vacaciones escolares. Aún así resulta imposible, y hay que “parchear” con algún recurso a los abuelos u otros familiares sin cargas infantiles, pero tratando de reducir este recurso al mínimo posible.
No me quejo, ya que pasar unos días con mis hijos es sinceramente uno de los mayores placeres que puedo imaginar, a pesar de los pesares. También es cierto que, en la medida de lo posible, resulta imprescindible disponer de días de asueto comunes para toda la familia al completo, faltaría más.
Como muy bien resume el título de la bitácora de Gonzalo, “vamos tirando”.

Ahora contaré brevemente qué diferente fue nuestra estancia de algunos años en Francia. Allí mi situación laboral me permitió sostener económicamente a mi familia con la única aportación de mi salario. Lo que, dicho sea de paso, no resulta extraño en una nación en la que el salario mínimo interprofesional es más del doble del español, y el estado paga a los padres una cantidad mensual aproximada de cien euros por hijo, durante toda su infancia y juventud, aparte de otras muchas ventajas familiares.
Estas circunstancias ideales llevan, sin que nadie lo organice, ni lo promueva, ni lo establezca, a que la sociedad opte por lo natural, que las madres se dediquen al cuidado de sus familias de modo exclusivo, al menos desde el nacimiento de los hijos hasta unos veinte años después.
Mis hijos aún añoran aquellos años en los que podían venir a comer a casa cada mediodía, disfrutando del amor, la compañía y la comida de su madre, y teniendo un tiempo de auténtico descanso reparador en mitad de la jornada. Aquellos años en los que cuando llegaba una festividad escolar que no coincidía con otra laboral mía, sencillamente se levantaban más tarde, desayunaban tranquilamente con su madre y disfrutaban del merecido descanso.
Y claro, de este modo se puede organizar el sistema educativo de un modo racional y adaptado a las especiales características de los niños, que no son las mismas que las de los adultos. Los niños franceses, al menos en aquel entonces, acudían a la escuela lunes, martes, jueves, viernes y sábados por la mañana. Los miércoles tenían libre para dedicarlo a otras actividades y así partir y rebajar la dureza de una semana completa.
Les aseguro que mis hijos no llegaban a casa los viernes tan terriblemente agotados como les sucede aquí en España. Y desde luego puedo asegurar que aprendían bastante más en su escuela francesa, en la que jamás conocieron el nombre de pila de sus maestros, a los que trataban de usted y anteponiendo el tratamiento al apellido, que en esta especie de comuna-guardería en que se han convertido las escuelas españolas. Todas.
Por otra parte, las vacaciones de verano eran más cortas, aproximadamente dos meses, y durante el curso venían a tener quince días de vacaciones cada trimestre.
Yo también me acostumbré a distribuir más racionalmente mis vacaciones a lo largo del año para coincidir en lo posible con las escolares, y también lo recuerdo con añoranza.

Pero claro, todo eso se llama protección a la familia, tema al que el candidato a presidente de gobierno de España, a pesar de incluirlo tímidamente en su programa electoral, dedicó ayer una parte tan importante de su discurso de investidura como la dedicada al crimen del aborto, ni una sola palabra (¿Hazte oír?).
A lo que se dedicó el señor Rajoy ayer fue a explicar cómo vamos a pagar los de siempre, la crisis que han provocado los sinvergüenzas que las provocan siempre.
Y los festivos todos en lunes. Sinceramente me importa un ardite, teniendo en cuenta que cuando llega uno de los famosos “puentes”, si no quiero ir a trabajar los días lectivos que quedan entre los festivos, es con perjuicio de los días libres que me corresponden anualmente. Así que, a no ser me quiten días de vacaciones, todo sigue igual.
Y ya hace años que me veo en la tesitura de pedir unas horas libres en mitad de una jornada laboral para acudir a misa en un día de precepto, o bien optamos por ir todos juntos a misa de 8 por la tarde.

Ahora bien, estaremos atentos al calendario de festividades tradicionales católicas, españolas y universales. Pero tampoco se trata de algo nuevo. Cuando la Santa Madre Iglesia pasó la festividad del Corpus Cristi, por poner un ejemplo, del tradicional jueves al domingo, las autoridades civiles, como pasó el año pasado en el “pepero” Madrid, volvieron a declarar festivo ese jueves. Por fastidiar con “j”, como dice Gonzalo.

Estoy totalmente de acuerdo con Gonzalo García, mi experiencia es que a los padres “modernos” les resultan molestos sus hijos, y cuando no pagan al colegio para que se los “quite de en medio”, se los endosan a la pobre inmigrante de turno, a los sufridos abuelitos, o directamente a la televisión y la videoconsola.

Yo, esta Navidad, la pasaré en casa con mis queridísimos hijos la semana entre Navidad y Año Nuevo, mientras mi mujer trabaja fuera de casa por las mañanas, la semana siguiente será a la inversa, y los fines de semana de Nochebuena, Nochevieja y Reyes Magos, los pasaremos todos juntos D.m. celebrándolos como deben celebrar las festividades las familias católicas, en primer lugar “santificando las fiestas”.

PS: no me cabe ninguna duda de que, el tiempo que mis hijos pasen conmigo y con su madre, sin ir al colegio, aprenderán mucho más y adquirirán mucho mejores hábitos. De hecho hace años que estoy convencido de que sería mejor educarlos completamente en casa, sin ir a la escuela.
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