lundi 12 décembre 2011

Navidad

El próximo domingo será ya el tercero del Adviento en este año 2011, y por tanto restará sólo una semana para que los católicos celebremos la Navidad.
Al parecer los neopaganos también celebran algo en estas mismas fechas, más o menos, y cuelgan luces de colores en las calles y se gastan el dinero que no tienen en artículos de lujo, comilonas y bacanales.
El mero hecho de que sigamos rodeados de paganismo dos milenios después de que Nuestro Señor Jesucristo nos ordenase «Id y haced discípulos de todos los pueblos» es la prueba escandalosa y patente de nuestro fracaso, que no tiene otra causa que nuestros muchos pecados y nuestra falta de fe.
Seamos pues consecuentes con nuestra condición fundamental de discípulos de Cristo, y celebremos la Navidad como católicos, sin ocultarnos, para que los paganos, que no saben por qué ríen, comen y beben en estas fechas aún con menos medida que de costumbre, se sorprendan y alguno quiera acercarse a redescubrir el sentido de la fiesta.
Resulta difícil escapar a la tentación de “infantilizar” la Navidad, y aún más para aquellos que tenemos hijos pequeños, pero no es tan complicado como pudiera parecer introducir entre las piadosas prácticas infantiles pequeños retazos de madurez y sentido profundo.
De hecho, despojando ciertas costumbres de cuanto les es extraño, artificioso o superfluo, la verdad brilla sin que sea necesario un gran esfuerzo para verla.
Mencionaré únicamente dos o tres detalles. El primero es el “Belén” o “Nacimiento”, más propiamente el “Pesebre”. Lejos de las representaciones idílicas del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, no resulta difícil imaginar en qué condiciones se produjo. Un pesebre, una paridera, un corral de animales de granja, para cualquiera que conozca mínimamente el campo y las actividades ganaderas tradicionales, es sin lugar a dudas el lugar más sucio, oscuro, húmedo y lúgubre de este mundo. Imaginar a la Inmaculada siempre Virgen María sufriendo los dolores del parto en las peores condiciones posibles, puede ayudarnos mucho a contemplar desde la fe éste que sin duda es el acontecimiento central de la historia.
Es el acontecimiento central de la historia, porque “el Verbo se hizo carne” sencillamente para salvarnos cargando con nuestros pecados, y a poco que contemplemos la Navidad con ojos de verdaderos discípulos de Cristo, veremos asomar en cada detalle el anuncio de la Pasión, de la muerte en la cruz.
De los dones que los magos de oriente ofrecen al Mesías, éste es mi segundo apunte, la mirra ha sido siempre la que más ha despertado mi curiosidad. Parece clara la relación del oro con la majestad de Cristo Rey, y la del incienso con su sacerdocio eterno “según el rito de Melquisedec”, pero al tratar de la mirra el simbolismo se multiplica.
No entraré ahora a desarrollar una complicada relación de posibles interpretaciones, pero sin duda la mirra apunta a la muerte. La mirra, esa resina aromática, entre sus muchas aplicaciones de la antigüedad, era empleada para embalsamar a los muertos, y aparecerá de nuevo durante el relato de la Pasión cuando, mezclada con vino, sea ofrecida a Cristo antes de la crucifixión para aliviar su sufrimiento, siendo rechazada por Él.
Cristo ha nacido de la Santísima Virgen, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, y poco importa si fue en invierno o por la primavera. Dios ha enviado a su propio hijo para salvar al hombre, cargando con sus culpas. Por eso estamos alegres, porque como dice el profeta Isaías “Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros.”
Por eso nos reunimos llenos de alegría a cenar en familia en Nochebuena, ni demasiado tarde ni con exceso, y al acabar la cena no nos embriagamos con vino y licores, si no que nos abrigamos y acudimos a misa a medianoche. Y lo hacemos para celebrar que ha nacido nuestro Salvador, que muriendo en la cruz nos librará de la carga de nuestros pecados.
¡Feliz navidad a todos!
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