dimanche 15 avril 2012

Deus vult

Asociación Memoria 1212
Navas de Tolosa

La batalla de las Navas de Tolosa constituyó la lid campal más importante de toda la Reconquista. Y, también, el acontecimiento crucial del medievo hispano, porque el triunfo de las huestes cristianas, el 16 de julio del año 1212, cambió el signo de la contienda iniciada en Covadonga, aunque aún se prolongaría casi tres siglos hasta la toma de Granada por los Reyes Católicos, en 1492.


Y fue, además, una auténtica cruzada y como tal, una empresa colectiva que unió a naciones y reinos, por encima de sus divisiones y luchas feudales. A principios de 1210, el papa Inocencio III ordenó al arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada que presionara al Rey de Castilla para que reanudase la lucha contra el Islam, de la misma forma que se proponía hacerlo Pedro II, rey de Aragón.

En esta batalla, se enfrentaron las tropas de Castilla, de Aragón y de Navarra, al potente ejército musulmán, compuesto por tropas almohades, beréberes e hispano-musulmanas de al-Andalus, además de un cuerpo de arqueros kurdos, enviados por el califato de Bagdad al monarca almohade.
Para entonces, la situación en la Península Ibérica era la siguiente: el Norte, hasta la línea del Tajo, se dividía en cuatro reinos cristianos: León, Castilla, Navarra y Aragón. El Sur y Levante formaban parte del extenso Imperio Almohade, que no sólo comprendía el Andalus, sino también Marruecos, Mauritania, Túnez y Argel. La actual Castilla-La Mancha era en buena parte una extensa frontera, prácticamente despoblada y jalonada por una serie de castillos defensivos, a la sazón en poder de los musulmanes.

Los preparativos de la batalla duraron años. El Papa Inocencio III predicó la Cruzada contra el Islam (lo que suponía el perdón de los pecados para todos los que entraran en combate) y ordenó a los reyes cristianos que aplazaran sus discordias personales en favor del objetivo común. En la primavera de 1212, se concentró en Toledo un gran ejército hecho con tropas castellanas, aragonesas y de diversas partes de Europa, a las que se uniría posteriormente un grupo de caballeros navarros. El 16 de julio, dos formidables ejércitos se encontraron frente a frente en la amplia explanada de Las Navas de Tolosa, junto al desfiladero de Despeñaperros. A la fortaleza de la caballería pesada de los cristianos, los musulmanes oponían la movilidad de sus tropas ligeras y la habilidad de sus arqueros.

Un primer ataque, liderado por don Diego López de Haro, fue rechazado con facilidad por las huestes del rey musulmán Al-Nasir. Pero la carga de la retaguardia, mandada por los reyes de Castilla, Navarra y Aragón, llegaría hasta el cuartel general de las tropas enemigas, donde se produjo una terrible matanza, que continuaría tras la victoria definitiva, con la persecución de los soldados musulmanes que intentaban huir del lugar del combate.
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