mardi 17 avril 2012

Monarquía vs república

Una trampa saducea, es aquella de la que es imposible salir airoso, debido a que plantea una cuestión con dos únicas respuestas. El origen de esta expresión nos remite a los saduceos, la secta judía de los tiempos de la vida pública de Nuestro Señor Jesucristo que, al contrario que los fariseos, estaban más preocupados por la política que por la religión, siendo su declaración más característica la del sumo sacerdote Caifás antes de juzgar a Jesús: “Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación” (Jn 11,49-50).

Las trampas o cuestiones saduceas más características son: “La Ley de Moisés manda apedrear a las adúlteras, ¿qué hacemos con ésta?”(Jn 8,4) y “Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?”(Jn 22,17). Como sabemos, Cristo, en su suma sabiduría divina, encontró siempre la respuesta correcta, que no era ninguna de las dos que acompañaban a la pregunta.


Una nueva trampa saducea planea hoy sobre las mentes atormentadas de los españoles, ¿merece la pena seguir teniendo un rey, o es más conveniente la tercera república?

Entre fotos de cacerías reales de elefantes en lejanos safaris de lujo, un pobre niño inocente con el pie destrozado por un disparo de arma de fuego dejada irresponsablemente en sus manos, dos princesas divorciadas, una de un vicioso y otra de un ladrón, y un príncipe heredero casado con una divorciada de pasado bastante escabroso y moral más que relajada, los españoles, acogotados por una crisis económica casi sin precedentes, o al menos desconocida para esta generación, se plantean si España puede permitirse un lujo tan inútil como la “monarquía constitucional”.

Como corresponde a las trampas saduceas, la solución no se encuentra entre las posibilidades que se plantean, monarquía constitucional o república. Los inteligentes y bien informados y leídos lectores de esta bitácora, y de las bitácoras que constituyen lo que podíamos llamar la “blogosfera de la lealtad”, saben bien que la única salida es el retorno de la verdadera monarquía.

Una pequeña selección de enlaces actuales sobre el particular:




(Hay muchas más bitácoras, que nadie se ofenda, he añadido estas tres por los artículos actuales que hacen alusión al tema de hoy, pero desde los enlaces incluidos en ellas, el lector interesado podrá acceder a las demás y completar una visión global del asunto. Por eso son fundamentales los enlaces entre bitácoras afines y los comentarios firmados a las entradas.)

Para que nadie nos confunda con planteamientos bastardos, recurramos como siempre a los clásicos, a nuestros clásicos griegos en este caso, el origen de la civilización:

Ética a Nicómaco”
Aristóteles

Capítulo X

Cómo hay tres maneras de república, y otros tres géneros de república viciosa.

Aunque no es proprio deste lugar tratar del gobierno de república, porque aquí no se trata sino de los principios della, que son las virtudes, con todo eso, como trata de la amistad civil, y ésta no se puede bien entender sin entender las diferencias de la república, pónelas aquí brevemente, las cuales más al largo entenderemos en los libros de República. Pone, pues, tres maneras de gobernar república, reino, aristocracia, que quiere decir gobierno de buenos, y la que rigen los que son de más hacienda. Y con mucha razón pone por mejor de todas el reino, porque en las otras maneras de gobierno que de tiempo a tiempo se mudan, la diversidad de condiciones de los que rigen suele destruirlas. Pero así como es la mejor, está también subjeta a la peor de las mudanzas, que es a la tiranía, cuando el rey quiere hacer en todas las cosas su voluntad, y quiere que aquella valga por ley, aunque sea contra buena razón y contra justicia, y, en fin, cuando viene a persuadirse que la república es para él y no él para la república. Pero esto en los libros de República se tratará más largo.

Hay tres maneras de gobierno de república, y otras tantas de mal gobierno y vicioso, que son como destruición de aquellas otras. Son, pues, los gobiernos buenos éstos: el reino, la aristocracia, y el tercero, el que se hace y escoge conforme a la facultad que cada uno tiene de hacienda, la cual llamarla timocracia (que quiere decir gobierno de hacienda) no parece propria manera de decir, pero los más suélenla llamar gobierno de república. De todas estas tres maneras de gobierno, la mejor es el reino, y la peor la timocracia. Pero el vicio y perdición del reino es la tiranía, porque el uno y el otro son monarquías, aunque difiere mucho la una de la otra, porque el tirano no mira más de sus proprios intereses y provechos, pero el rey mira mucho por el bien y provecho de sus súbditos, porque aquel que para conservar su estado no es bastantemente poderoso, y no hace ventaja a los demás en todo género de bienes, no es rey, y el que todo esto tiene, no tiene necesidad de ninguna cosa, de manera que nunca terná cuenta con sus proprias utilidades, sino con el bien y utilidad de sus vasallos, porque el que desta condición no es, más parece hombre elegido por suerte, que no rey. Pero la tiranía es al contrario desto, porque no tiene cuenta con procurar otra cosa sino sus provechos, y así, es cosa muy manifiesta ser la peor manera de gobierno, porque lo que es contrario de lo mejor, aquello es lo peor. Suélese, pues, mudar de reino en tiranía, porque la tiranía es vicio de la monarquía, y el que es mal rey hácese tirano. Pero del otro gobierno, que se dice aristocracia, por falta de los que gobiernan se suele mudar en oligarquía, cuando los que gobiernan reparten las cosas de la república fuera de la dignidad de cada uno, y se lo toman todo, o lo más dello, para sí, y unos mismos tienen siempre los cargos de la república y precian, sobre todo, el hacerse ricos. Mandan, pues, los que son pocos y malos, en lugar de los mejores. Pero de la timocracia suélese venir a la democracia (que es gobierno popular), porque son estas dos maneras de gobierno muy vecinas la una de la otra, porque también la timocracia quiere ser gobierno de muchos, y todos los que hacienda tienen son iguales. Pues de los malos gobiernos de república, el menos malo es el gobierno popular, porque se aleja poco de su especie de república.

Destas diversas maneras, pues, se mudan señaladamente las repúblicas, porque desta manera es poca y fácil la mudanza. Pero en las cosas puede quien quiera ver una semejanza y casi ejemplo dellas, porque la contratación que el padre tiene con los hijos, tiene manera y muestra de reino, porque el padre tiene cuidado de los hijos, y por esto, Homero llama a Júpiter padre, porque el reino quiere mostrarse gobierno paternal. Pero, entre los persas, el paternal gobierno es tiranía, porque se sirven de los hijos como de esclavos. Es también tiránico gobierno el del señor con los esclavos, porque en él no se busca ni hace sino el provecho del señor. El gobierno, pues, del señor parece recto, pero el paternal que los persas usan es errado, porque los diversos estados de personas han de tener también diversa manera de gobierno. Pero la contratación del marido y la mujer representa la aristocracia, porque el marido, como su dignidad lo requiere, manda, y manda en las cosas que a su gobierno tocan, pero las cosas que cuadran y son dadas a la mujer, a ella las remite. Pero si el marido se requiere entremeter en todo y regirlo todo, inclínase a la oligarquía, porque hace cosas contra su dignidad, y no como superior. Otras veces mandan las mujeres, por ser ellas las herederas de sus padres y personas ricas; de manera que no va el regimiento de la casa conforme a virtud, sino por riquezas y poder, como en las oligarquías. Pero la contratación de los hermanos parece a la timocracia, porque, fuera de que difieren en la edad, son iguales en lo demás, y por esto, si en la edad son muy diversos, ya no tienen amistad de hermanos entre sí. Pero la democracia o gobierno popular, señaladamente se muestra en las casas donde no hay señores, porque allí todos viven a lo igual, y también en las que el señor es hombre de poco valor y cada uno tiene libertad de hacer lo que quisiere.

Comunión Tradicionalista
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