lundi 3 mars 2014

Héroes olvidados: García Loygorri en Alcañiz

Efeméride

El día 3 de Marzo de 1816, se concede la primera Cruz de San Fernando. Tal honor correspondió al Coronel de Artillería D. Manuel Garcia-Arista y Loygorri, por su excepcional comportamiento en la batalla de Alcañiz, el 23 de Mayo de 1809.

Batalla de Alcañiz

Organizado en Tortosa el llamado Segundo ejército de la Derecha o de Aragón y Valencia, de cuyo mando se encargó el general español D. Joaquín Blake, salió éste de dicho punto el 7 de mayo, en cuanto supo habían disminuido considerablemente las fuerzas enemigas que ocupaban el primero de dichos reinos, y tomando la dirección de Zaragoza con unos 9.000 hombres (500 de caballería), obligó el 18 a la división francesa del general Laval a evacuar a Alcañiz.

El general napoleónico Suchet, que acababa de tomar el mando del III Cuerpo, mandado antes por Junot, tuvo noticia de ello en Zaragoza el 20, y deseando escarmentar a Blake, salió sin pérdida de tiempo de la capital con casi toda la Segunda división, marchando a reforzar a la Primera, que era la de Laval, concentrada en las alturas de Híjar, reuniendo entre ambos 10.000 infantes y 800 caballos. A las seis de la mañana del 23 apareció el enemigo por los caminos de Zaragoza y de Samper, retirándose, a su aproximación, la vanguardia española que regía D. Pedro de Tejada. Los franceses atacaron primeramente nuestra derecha, sobre la que se dirigieron, precedidas de fuertes guerrillas, dos columnas, una de frente y la otra hacia la cañada que había en su flanco, con ánimo de envolverla; mas fueron rechazados fácilmente, replegándose con orden y algunas pérdidas, perseguidos por las tropas de Areizaga.

Pareciendo que el enemigo persistía en su intento, ordenó entonces Blake que la columna de Menchaca y la caballería hiciesen una diversión por el centro y cargasen de flanco a los contrarios, si intentaban un segundo ataque a los Pueyos, como sucedió efectivamente, avanzando de nuevo los revolucionarios con su acostumbrada bizarría. Trató de acometerlos en aquel momento la caballería española; pero algo desordenada por las descargas de los infantes situados en la falda del cerro del Portel, de las que cayó herido su jefe el brigadier D. Miguel Ibarrola, salió al encuentro de nuestros jinetes la caballería imperial, muy superior en número y calidad, y no pudiendo resistir la carga, retrocedieron aquellos al abrigo de los infantes de Menchaca, replegándose unos y otros ordenadamente a la línea de batalla bajo la protección de las tropas de la derecha.

Los enemigos acometieron ya sin obstáculo alguno, con la mayor decisión; pero todos sus esfuerzos se estrellaron contra la firmeza de los soldados de Areizaga, en su mayor parte aragoneses, que por segunda vez los escarmentaron, obligándolos a desistir definitivamente de su empresa. A pesar de este revés, no perdió Suchet la esperanza de conseguir el triunfo con que pensaba inaugurar su mando, y formando una gruesa columna de más de 2.000 hombres con las tropas que no habían tomado todavía parte en el combate, la lanzó, guiada por el valiente general Fabre, contra el centro de los españoles, mientras los demás cuerpos imperiales amenazaban y tenían en jaque a las restantes tropas de las alas para que no acudiesen en auxilio de aquél.

Arma al brazo, con gallardo continente y resuelto paso, avanzaron los napoleónicos por el llano, sin alterar un instante su correcta formación, a pesar del fuego de la artillería y de la infantería españolas, que se hacía más vivo y certero a medida que se iban aproximando; mas nada contiene la furia tricolor y arrolladas las guerrillas caían ya los enemigos sobre el cerro de las Horcas, manifestando su confianza en la victoria por los hurras y entusiasmo que los animaba, cuando a pocos pasos de las piezas vacila la columna, se detiene y entrega momentos después a la fuga más desordenada.

El fuego vivísimo de los infantes de Saboya, América y Valencia, y sobre todo el de metralla de la artillería española, brillantemente dirigida por el brigadier García Loigorri y servida con una firmeza, serenidad y sangre fría imponderables, había barrido materialmente las primeras fracciones de la columna y desbaratado las demás, dando la victoria a nuestras armas.

En Alcañiz, García Loigorri dispuso con enorme acierto la ubicación de las diecinueve piezas de artillería con que contaban las fuerzas españolas, esperando a dar las órdenes de fuego, con gran serenidad y sangre fría, a que las tropas enemigas estuvieran casi encima, desbaratándolas y poniéndolas en fuga.

El brigadier García Loigorri, que se había distinguido ya notablemente en las derrotas de Llinás, de Molins de Rey y de Valls, obtuvo el 1º de junio siguiente, por su incontrastable denuedo y bizarría, el empleo de mariscal de campo, a los ocho meses de su ascenso a brigadier, y posteriormente el 3 de Marzo de 1816 la Cruz Laureada de San Fernando (de cuarta clase), la primera que brilló en el uniforme del Real Cuerpo de Artillería.

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