lundi 22 septembre 2014

Más sociedad, menos estado ( y IV)

...  Ahora bien, cualquier instauración del papel de los Cuerpos Intermedios exige su institucionalización política. Aunque el Estado moderno sí tiene la obligación, como ya he dicho, de devolver a la sociedad lo que es propiamente suyo, no puede hacerlo simplemente lavándose las manos y abdicando su responsabilidad para con el bien común; al contrario, debe deshacer lo malo de estos últimos siglos a través de compartir la responsabilidad pública con organismos intermedios que de verdad han salido desde abajo. Cualquier éxito en el futuro para los Cuerpos Intermedios necesita una espontaneidad creada dentro de la misma sociedad. Tenemos delante de nosotros el ejemplo medieval.
El éxito enorme de las instituciones autónomas en aquel entonces manó precisamente de su carácter espontáneo. El Estado puede fomentar un ambiente propicio para la instauración política de estos organismos, empezando desde la familia, pasando por el Municipio, el sindicato y terminando por la región o la provincia con personalidad propia, con fueros. Lo que el Estado nunca debe hacer es instaurar desde arriba, ahí tenemos el camino hacia el fracaso. Tal acción quitaría el carácter espontáneo, democrático podríamos decir, popular, sin el cual los Cuerpos Intermedios nunca podrían funcionar. Lo que estoy diciendo no va a ser fácil de actualizar; por un lado necesita un gobierno cauteloso del poder enorme heredado por la Revolución Francesa, por el otro lado necesita de hombres con iniciativa y responsabilidad cristiana.
La etapa del desarrollo de la técnica de hoy está llevándonos hacia una etapa de descentralización de la industria y en el orden social. El mundo ha llegado a un punto tan centralizado que no puede ir más allá en el mismo camino. La técnica misma, sobre todo la técnica nueva, basada no en la máquina sino en la electricidad, está haciendo que las empresas y hasta los mismos gobiernos se descentralicen. Por lo tanto, los gobiernos y los hombres, con tal de que sean cristianos de verdad, pueden contar con la técnica en cualquier intento de instaurar una red de organismos libres y autónomos. Además, la tendencia hacia la masificación en el mundo de hoy puede frenarse debido a la misma técnica nueva.
Estamos viviendo, entonces, en la última etapa del liberalismo centralizado o vamos al caos, o vamos a una estructuración nueva del Occidente cristiano.
La Edad Moderna está acabándose, tal y como el Imperio Romano se acabó en el siglo quinto. Hay dos posibilidades para la civilización occidental: o esclavitud capitalista-marxista que prolongaría de una manera reaccionaria la agonía del Estado liberal, o un florecimiento nuevo del principio que tiene un valor eterno. Hay un refrán viejo que simboliza el orden público cristiano: "in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas" —en lo necesario unidad, en lo contingente libertad, en todo caridad—.
Para conseguir esa armonía de unidad, dentro de diversidad en los pueblos, hace falta reconocer que el centro de la autoridad no se encuentra en el Estado, tampoco en el pueblo, sino en Dios, por su hijo Cristo, único Soberano del orden social.

LA EVOLUCION DE LOS CUERPOS INTERMEDIOS, FEDERICO D. WILHELMSEN, Profesor de Filosofía en la Universidad de Dallas. Texas (U. S. A.). (Extraído de la revista Verbo)



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