mardi 25 juin 2013

Sangre y arena, alma de España (II)

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA TAUROMAQUIA

Por Juan Ortega Marín

La Fiesta es una tradición de siglos de juegos con el toro y poner la vida en juego. Todos los hombres como individuos y como género necesitamos reafirmarnos constantemente y medirnos hasta donde somos capaces de llegar.

¿Qué necesidad existe de llevar la vida hasta el límite? La respuesta es reafirmarse. Ser más capaz que nadie. Esta necesidad la llevamos dentro y los toros son una de sus manifestaciones.

¿De dónde vienen los toros tal como los conocemos hoy día? En España las fiestas de toros existían en Al-Andalus y en la España Cristiana. En ambas partes se jugaba con toros. También está la idea del cazador que caza al toro para comer su carne y aprovechar su piel.

Otra aspecto sobre el origen del enfrentamiento al Toro, es la idea de Poder. El Hombre es muy poca cosa. Esta idea hoy se ha perdido. Hoy el Hombre se cree muy importante. Tenemos medicinas, nadie se muere, hemos desterrado a la Muerte. Sin embargo hace años estábamos a disposición de las inclemencias del tiempo, a disposición de los animales, todo nos daba susto. Pese a que todo esto ha cambiado, necesitamos seguir demostrándonos que podemos hacer cosas que los demás no hacen. Y esto consigue reafirmarnos como género.

La práctica de la lucha con el Toro quedó circunscrita a la Península Ibérica. ¿Por qué? La respuesta es porque cada sociedad elige su modo de vida. En España se produjo una de esas elecciones en el Siglo XVIII con la llegada del rey Felipe V. Este primer Borbón en España, no gustaba de las fiestas de los toros y procuró apartar a la nobleza de ellos, que hasta entonces tenían como una de sus dedicaciones alancear toros. Esto abrió las puertas, según los eruditos, a que el vulgo (el pueblo llano) llegase a la Fiesta volviéndose algo popular.

Hay muchas tauromaquias que han llegado hasta hoy día, como por ejemplo los recortadores que con gallardía y valor se juegan la vida, por unos modestos honorarios, ante toros grandes y en puntas que a otros darían pavor.

Por otro lado, en Cádiz, Granada, todo el Levante, Cataluña, Castilla y en el Norte de España, se realizan muchos juegos con el toro en las calles. Este es el origen de la Fiesta, enfrentarse y poder a los toros. Ponerse delante para quitarse lo más rápido posible y de la forma más limpia.

En el Siglo XVIII empiezan los primeros toreros que hacen alardes de valentía como por ejemplo Martincho que Goya recreó en sus grabados. Las primitivas tauromaquias van evolucionando hasta hoy. Los toros de aquellas épocas eran salvajes. Hoy también lo son pero con la selección tienen determinadas características.

El enfrentamiento con el Toro es a muerte. El Toro representa el poder de la tierra que es un medio hostil para el hombre. La dureza de la tierra. El Toro representa aquello que más miedo puede dar. El hombre se enfrenta con su miedo. Con esto el hombre persigue el poder. Las descargas químicas del organismo producidas por ese miedo terminan dando placer. Posteriormente la Fiesta se regula. Hay quien idea la capa que no es más que un burladero móvil, una defensa. La muleta viene a sustituir al sombrero grande para matar al toro. Lleva un palo (estaquillador) para hacer el trapo más grande y engañar mejor al toro. Luego surge picar a los toros. Las plaza se construyen redondas para evitar que los toros se aquerencien en las esquinas de las antiguas plazas, lo que provocaba que tuvieran que matarse desde la barrera. Todo se fue reglamentando hasta hoy.

La técnica ha cambiado hoy y ya no consiste en huir del toro, el toro lo amoldamos a nuestro poder.

Con Belmonte cambió la concepción de “o te quitas tú o te quita el toro”. Esto fue una evolución.

Hoy día nos reunimos en una plaza de toros para ver a alguien que en nombre de todos nosotros es capaz de hacer más que todos nosotros y al que admiramos. La distancia que existe entre nosotros y el torero es pensar que no somos capaces de realizar lo que el matador hace en la arena.

En el momento en el que tomemos conciencia de que somos capaces de hacer lo mismo dejaremos de ir a la plaza. El torero es el valedor de todos nosotros. Por eso lo admiramos. Por eso la Fiesta tiene la transcendencia de algo que ha nacido de nuestro propio ser y de nuestra propia cultura. Por eso la Fiesta ni se puede ni se debe eliminar jamás. Porque la Fiesta sale de nuestro sentimientos más inenarrables. Aquel que se quede en la sangre, se queda en lo salvaje. El que transcienda y sea capaz de ver más allá, le estará cogiendo el sentido a la Fiesta. Por eso nosotros estamos obligados a recoger esta antorcha de la mano de quien la ha llevado antes.

La Fiesta hoy día compite con otros muchos espectáculos, pero no ha perdido su esencia.

El hombre sigue queriendo probarse de lo que es capaz. La Fiesta sigue teniendo diez minutos mágicos cuando toro y torero se encierran en ese círculo mágico y nos demuestran de lo que es capaz el Hombre, de su fuerza, de su capacidad para llegar al límite. Eso mismo es lo que admiraban nuestros antepasados.

Tenemos una fiesta española que podrá gustar o no, pero no se puede entender la Fiesta sin España ni España sin toros. Si la Fiesta desaparece será una mancha una vergüenza que deberemos portar todos.

La capacidad del torero, su generosidad y su hombría genera la admiración, porque se juega la vida. Nos hace a todos más fuertes. Esa es la razón de ser de la Fiesta.


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