mercredi 28 mars 2012

Imperio y nación

…He aquí coronel, todo el secreto del nombre griego que oculta un judío escondido.

- Es usted cosmopolita.

Perfectamente. Nací otomano, algo que ya no existe, y heme aquí francés, ya que Francia es la tierra de acogida de todos los inexistentes, y estamos hablando francés, que es la lengua del Imperio de las Ideas. Los imperios son buenos, coronel, te dejan en paz, y siempre puedes seguir perteneciendo. Se puede pertenecer a un imperio con muy pocas condiciones: basta con aceptarlo. Y puedes mantener todos tus orígenes, incluso los más contradictorios, sin que te martiricen. El imperio te permite respirar en paz, ser parecido y diferente al mismo tiempo, sin que sea un drama. Por el contrario, ser ciudadano de una nación es algo que se debe merecer, por nacimiento, por la naturaleza del ser, por un análisis puntilloso de los orígenes. Es el lado negativo de las naciones, se es o no se es, y la sospecha te persigue siempre. El Imperio otomano nos dejaba en paz. Cuando la pequeña nación griega puso la mano sobre Salónica, fue necesario mencionar la religión en los papeles. Por eso amo yo la República francesa. Es una cuestión de mayúsculas: la República no tiene porque ser francesa, es algo maravilloso que puede cambiar de adjetivo sin perder su alma. Hablar como le estoy hablando, en esta lengua, me permite ser ciudadano universal.

“Pero debo reconocer que el contacto con la verdadera Francia me decepcionó. Yo era ciudadano de la Francia universal, muy lejos de la Île-de-France (*), y de repente la Francia nacional decidió enfrentarse conmigo. Nuestro Mariscal, como un guarda forestal, ha heredado una metrópoli y pretende transformarla en un pueblecito.”

El coronel hizo un gesto de irritación, como si se tratase de una cuestión que solamente se trata en privado.

“Y sin embargo vinisteis a batiros por Francia.

- Piénselo un poco. He venido únicamente a recuperar lo que me ha sido expoliado.

- ¿Bienes?

- No coronel. Soy un pobre judío desnudo, sin capital ni bienes. Soy médico en Bab-el-Oued, que está muy lejos de Wall Street. Llevaba un vida tranquila, ciudadano francés tendido al sol, cuando acontecimientos oscuros tuvieron lugar muy lejos al norte de mi vecindario. Y la consecuencia es que me retiraron mi condición de francés. Era francés, y ya no fui más que judío, y se me prohibió ejercer mi profesión, aprender, votar. La Escuela, la Medicina, la República, todo en lo que creía, me lo arrebataron. Así que monté en el barco con algunos otros para venir a recuperarlo. Cuando regrese distribuiré lo que recupere a mis vecinos árabes. La República Elástica, nuestra lengua, puede acoger un número infinito de locutores.

- ¿Considera capaces a los Árabes?

- Como usted y yo, coronel. Con educación estoy seguro de poder transformar a un pigmeo en un físico atómico…”

L’art français de la guerre
Alexis Jenni
Premio Goncourt 2011

(La traducción es mía)

(*) Île de France: “Isla de Francia”, es la región con capital en París, que históricamente constituye el origen del Reino de Francia.

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