vendredi 2 mars 2012

Moral y crisis económica

Hemos hablado y leído mucho, tal vez demasiado, sobre la crisis económica. Estamos saturados de datos, cifras e indicadores económicos como las primas de riesgo, los tipos de interés, las tasas de desempleo, las cotizaciones, la inflación o las calificaciones crediticias.

La información económica, las conocidas como “páginas salmón” de los periódicos por su color de papel característico, ya no son retiradas directamente por la mayoría de los lectores, sino que incluso es lo primero que se lee.

No acostumbro a hacer publicidad de libros o editoriales concretas, salvo en contadas ocasiones, pero para el lector poco instruido en cuestiones económicas, mi recomendación suele ser comprar el libro “Principios Esenciales de Economía” (Schiller, B. R.) de la editorial McGraw-Hill. Una vez leído, los arcanos de los gurús económicos empiezan a volverse algo más “comprensibles”, al menos en teoría.

El problema es que nos centramos en los métodos y nos olvidamos de los objetivos, como explica extraordinariamente Alfonso en su bitácora “El distributista”. Y como muy bien nos explica, no es por casualidad.

Y la cosa pinta mal. Nadie parece dispuesto a aprovechar la oportunidad que brinda esta crisis capitalista para reconducir la economía en provecho de la humanidad. Incluso aquellos que se llenan la boca mencionando la Doctrina Social de la Iglesia, en ocasiones sin haberla leído y en otras sin haber conseguido penetrar en sus implicaciones más profundas, tratan de sembrar la confusión en defensa de las “reformas económicas” de la derecha liberal, el gobierno del Partido Popular para entendernos.

Por eso, siguiendo el sabio consejo de Alfonso, que tambien ve la economía actual como una nave encallada, desde aquí invitamos a volver la vista hacia los verdaderos fundadores de la ciencia económica, los escolásticos de la Escuela de Salamanca.

Tal vez el más adecuado para empezar este redescubrimiento sea el “Doctor Navarrus”, Martín de Azpilcueta Jaureguízar (Barásoain, Reino de Navarra, 13 de diciembre de 1492 - Roma, 21 de junio de 1586).

(Ref. 1) El Doctor Navarro fue un hombre productivo en todos los sentidos. Como docente, como consejero y también como ensayista y escritor. Sin duda sus escritos responden a las preocupaciones de la época y se encuadran perfectamente en los temas que tratan a lo largo de su existencia los autores de la denominada Escuela de Salamanca o Escolástica Tardía. Sus obras más importantes son el Manual de Confesores y Penitentes (1553) y sus Adittiones, el Comentario Resolutorio de Usuras (1556), su De redditibus beneficiorum Ecclesiasticorum (1566) y el Compendium horum omnium Navarri operum (1598). A lo largo de sus textos, el intelectual salmantino trata diversos temas. Pero sin duda es necesario destacar el enfoque que el Dr. Martín de Azpilcueta desarrolla sobre temas como el precio justo, la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del valor-escasez o algunas ideas relativas a la preferencia temporal. El Doctor Navarro es considerado por autores como José Larraz, Murray Newton Rothbard o Jesús Huerta de Soto, como el padre de la teoría cuantitativa del dinero que señala que el valor de la moneda varía en relación inversa con su oferta, o cantidad de moneda disponible. En ese sentido, un texto histórico de Martín de Azpilcueta apuntado por intelectuales de la talla de John Elliot o Joseph Schumpeter indica que “En las tierras do ay gran falta de dinero, todas las otras cosas vendibles, y aun las manos y trabajos de los hombres se dan por menos dinero que do ay abundancia del; como por la experiencia se ve que en Francia, do ay menos dinero que en España, valen mucho menos el pan, vino, paños, manos, y trabajos; y aun en España, el tiempo, que avia menos dinero, por mucho menos se davan las cosas vendibles, las manos y los trabajos de los hombres, que despues que las Indias descubiertas la cubrieron de oro y plata. La causa de lo qual es, que el dinero vale más donde y quando ay falta del, que donde y quando ay abundancia”. Este texto, perteneciente al trabajo Comentario Resolutorio de Usuras demuestra que Martín de Azpilcueta se anticipó doce años al texto que Jean Bodin escribió en 1568 y que reflexionaba sobre las variaciones de precios que se empezaban a sentir en Europa. Además de este magnífico trabajo, Martín de Azpilcueta también elaboró ideas sobre la teoría de valor-escasez, estrechamente relacionada con su teoría sobre el dinero. El profesor salamantino afirmaba que “toda mercancía se hace más cara cuando su demanda es más fuerte y su oferta más escasa”. Como conclusión sería necesario resaltar la importancia que este autor tiene para el desarrollo de las ideas salmantinas. Es, sin lugar a dudas, uno de sus representantes más importantes.

Acerquémonos un poco más al detalle de alguna de estas ideas del que fue catedrático de Prima en Cánones en la Universidad de Salamanca desde 1524, con 32 años, hasta el año 1537, tiempo durante el que se convertirá en uno de los grandes profesores de la universidad salmantina, influyendo en las ideas de pensadores posteriores como Diego de Covarrubias y Leyva. Además de un gran docente e intelectual, Martín de Azpilcueta fue consejero de personajes ilustres. A lo largo de su vida asesoró a los Papas Pío V, Gregorio III y Sixto V. Fue considerado el canonista más importante de su época.

(Ref. 2) Azpilcueta, más avanzado en las interpretaciones teológicas que en las meramente jurídicas, trató con profusión en sus escritos los comportamientos usurarios de los nuevos mercaderes —cada vez más numerosos e influyentes— y de las nacientes instituciones financieras, cuyos beneficios, lógicamente, dependían de la mayor o menor intensidad de los intercambios monetarios realizados.

En este sentido no se distanció de la doctrina canónica establecida, que condenaba el cobro de intereses en los préstamos salvo los matices que pudieran derivarse de ciertas situaciones especiales: la de lucro cesante, la de daño emergente y, con especiales cautelas, las que podrían ser consideradas como de periculum sortis (riesgo de insolvencia). Pero el razonamiento del «Doctor Navarro» no se detuvo ahí. Distinguió, primero, el tipo de interés nominal del real y, avanzando un paso más en el estudio de la evolución económica de su tiempo, indagó sobre la causa más decisiva del aumento acelerado de los precios en el siglo XVI.

Sigamos su razonamiento. Inflación significa deterioro generalizado de la capacidad adquisitiva del dinero, por lo que, quien recobra una cantidad monetaria prestada y exige una compensación que equipare la capacidad de compra de lo cobrado a la de lo prestado, actúa conforme a justicia. Es decir, la recepción de un interés nominal equivalente a la tasa de inflación no constituye usura, ya que el tipo de interés real sería nulo. O, dicho de otra manera: en estricta justicia, sólo se puede hablar de préstamos usurarios cuando el tipo de interés nominal es superior a la tasa de inflación.

Esa es la primera enseñanza —en este punto— dirigida a los confesores y penitentes que se debatían ante cierto tipo de objeciones, aparentemente insalvables, que parecían impedirles compatibilizar la justicia con la moralidad...


Referencias (con enlaces muy recomendables) :
2. Martín de Azpilcueta y su «Comentario resolutorio de cambios», Jesús de la Iglesia García


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