jeudi 1 mars 2012

Vencer a la muerte

Hoy tenía en mente escribir una pequeña recomendación literaria relativa a Alphonse Daudet, el padre de Tartarín de Tarascón, y sus “Lettres de mon moulin”, que tendrá que esperar ocasión más propicia, ya que la entrada de ayer noche de Soldado de la Inmaculada en su bitácora me exige una reflexión urgente (“Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!” 1 Cor 9,16).

En resumen se trata de un artículo en una revista médica británica justificando el asesinato de recién nacidos.

La lógica es aplastante, no hay nada que objetar. Estoy totalmente de acuerdo, no hay ninguna diferencia entre abortar y matar a un recién nacido. Es más, tampoco existe diferencia entre abortar y matar a cualquier hombre o mujer, tengan la edad que tengan. Ninguna diferencia.

Precisamente ese razonamiento tan sencillo, que como no podía ser de otro modo, ahora aceptan abiertamente los abortistas, los de verdad, los teóricos del aborto, los que desarrollan las líneas argumentales de su justificación, ese razonamiento ha sido el pilar fundamental de la resistencia a la cultura de la muerte.

El resumen del artículo muestra con nitidez la línea argumental:

Abortion is largely accepted even for reasons that do not have anything to do with the foetus ‘health. By showing that (1) both foetuses and newborns do not have the same moral status as actual persons, (2) the fact that both are potential persons is morally irrelevant and (3) adoption is not always in the best interest of actual people, the authors argue that what we call ‘after-birth abortion’ (killing a newborn) should be permissible in all the cases where abortion is, including cases where the newborn is not disabled.

La clave está en la primera frase (“el aborto está ampliamente aceptado, incluso motivado por razones que no tienen nada que ver con la salud del feto”). Ese es el razonamiento que falta, que se omite intencionadamente, al menos en el abstract. El resto es pura lógica, si es aceptable matar al feto, también lo es matar al recién nacido. Y no hace falta ser muy perspicaz para plantearse la siguiente cuestión, también omitida, ¿dónde está el límite temporal?, ¿Cuándo se produce el “salto cualitativo” desde la potencialidad de la persona a su personalidad efectiva?

Es más ¿es posible que el proceso pueda repetirse a la inversa?, ¿dejan los ancianos, en determinadas circunstancias, de ser personas?

Escalofriante.

La argumentación para rebatir, para combatir estas monstruosidades, que ciertamente son el resultado de un mundo que ha dado la espalda a Dios, son tan clamorosamente sencillas que cualquiera puede entenderlas, emplearlas, difundirlas, sin ser un experto en reproducción.

Y es que precisamente los razonamientos que omiten los abortistas son los fundamentales. Y no sólo los omiten por ser contrarios a sus conclusiones deseadas, sino también por su complejidad y la necesidad de un verdadero esfuerzo de estructuración y desarrollo de pensamiento sólido.

Este arduo y extremadamente necesario trabajo es asumido por la Pontificia Academia Pro Vita, en cuya página web pueden consultarse interesantísimos trabajos, que desde luego en ningún caso pueden tacharse de dogmáticos o intransigentes.

Resulta especialmente necesario para todo aquel que sienta la necesidad de argumentar y defender sus posturas frente a los abortistas, o frente a los tibios en estas cuestiones, la lectura del estudio sobre la fase de pre implantación del embrión, cuyas conclusiones enlazan con las de la Instrucción Donum Vitae sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, que también es lectura obligada.

Estudiados estos documentos básicos, la inconsistencia de los argumentos abortistas queda en evidencia en cada ocasión que se presenta, o se provoca, en cualquier ámbito.

Transcribo únicamente una parte de las conclusiones del estudio sobre la fase de pre implantación embrionaria:

No obstante, hay que subrayar que la cuestión moral no depende exclusivamente de la ontología, como ha sido expresado significativamente en la Instrucción Donum Vitae. En este documento se afirma que todo ser humano deber ser respetado como persona desde la concepción, basando esta afirmación en tres argumentaciones que no afrontan el tema de la identidad personal del embrión humano. Estas se apoyan en tres puntos diferentes:

1) la argumentación biológica: los datos que nos ofrecen hoy la embriología y la genética nos permiten afirmar que desde los primeros estadios del desarrollo embrionario estamos en presencia de una individualidad biológica humana;

2) la argumentación biográfica: es evidente que destruir a un embrión humano significa impedir el nacimiento de un ser humano;

3) la argumentación ética: un principio general de la moral afirma que nunca es lícito obrar con conciencia dudosa. Ante la duda de encontrarse en presencia de una persona humana, es necesario respetar al embrión humano como si lo fuera; de otra manera correríamos el riesgo de cometer un homicidio.

Desde el punto de vista moral, por consiguiente, el simple hecho de estar en presencia de un ser humano exige que se respete plenamente su integridad y su dignidad: todo comportamiento que de alguna manera pueda constituir una amenaza u ofensa a sus derechos fundamentales, entre todos el primero, el derecho a la vida, debe considerarse como gravemente inmoral.


De nuevo animo a todos a leer estos dos documentos, a estudiarlos en profundidad, y después a no rehuir jamás una discusión sobre el asunto, a provocarlas incluso, en la seguridad de que, ante la solidez de nuestros argumentos, la debilidad del pensamiento liberal moderno tiene siempre las de perder.

Pidamos y confiemos siempre en Nuestro Señor Jesucristo que nos ha prometido darnos palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario (Lucas 21, 12-19). Y empleemos también las mismas armas y oraciones que a Él le permitieron enfrentarse al mundo y vencer a la muerte, los Salmos, ese tesoro de sabiduría divina que es necesario rescatar para la vida de los cristianos.
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