jeudi 14 février 2013

Pensamiento geopolítico de Benedicto XVI

Aunque sin duda es pronto para situar correctamente en la historia a aquel que dentro de pocos días dejará de conducir la barca de San Pedro, no me resisto a dar unas pinceladas al respecto y abrir la puerta a la reflexión y el debate.

De entrada empecemos con una obviedad: Benedicto XVI no ha sido, no es, Juan Pablo II. Cuando un gigante de la talla de Juan Pablo II se fue de la escena política, casi de forma natural, surgió la pregunta de si su sucesor sería capaz de mantener el papado en el centro de la escena mundial. Se ha dicho que el antiguo cardenal, y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, y hasta el pasado lunes Papa Benedicto XVI no hace política, pero esto no es cierto. Sucede sin embargo que Benedicto XVI hacía política de una forma original, incluso imprudente a veces, de acuerdo con los cánones del realismo diplomático que maneja la Santa Sede. Si Juan Pablo II fue el Papa de las intuiciones deslumbrantes, Benedicto XVI es el Papa del razonamiento metódico y la acción. El primero fue sobre todo la imagen, este último es principalmente “logos”.

Benedicto XVI es un teólogo y un intelectual, que ha hecho de la denuncia de la dictadura del relativismo, el empeño de conciliar la fe y la razón, la crítica del capitalismo de corte neoliberal y la preocupación por la ecología, los ejes principales de su papado.

Efectivamente, el pensamiento político del que aún hoy es nuestro Santo Padre, Vicario de Nuestro Señor Jesucristo en la tierra, pivota sobre dos principios: la crítica al capitalismo financiero incontrolado y la preocupación por el medio ambiente. Ambos forman un todo correlacionado, pues el capitalismo sin control termina por afectar al medio ambiente en su ansia por explotar la mayor cantidad de recursos minerales y energéticos disponibles para mantener el bienestar adquirido por los países más desarrollados y ampliar la asimetría entre los países ricos y los países pobres, fomentando así el surgimiento de conflictos que minan la posibilidad de una paz estable y duradera.

La crítica al capitalismo salvaje

El Papa ha denunciado claramente, en varias ocasiones, lo que define como “capitalismo financiero sin reglas”, que prevarica sobre la política y altera la estructura económica real, y que considera a los trabajadores como bienes menores. Pero esas declaraciones, tan claras y expresas, son recientes en el tiempo. Años atrás lo hacía de forma más cautelosa. Una muestra de esta cautela la tenemos en el libro que escribió sobre el Jesús histórico “Jesús de Nazaret”. Muy pocos esperarían encontrar en el libro algo más que las reflexiones de un teólogo y un intelectual de gran altura, como es el Papa, sobre el Jesús histórico y su más que probada existencia. Y mucho menos algo que tuviera que ver con la geopolítica mundial. Pero una vez más, nos sorprende, por ejemplo, en la meditación sobre la parábola del buen samaritano:

La vigencia de la parábola es obvia. Si la aplicamos a las dimensiones de una sociedad globalizada, vemos cómo la población de África, que se encuentra ella misma robada y saqueada, es de relevancia personal para nosotros. Así vemos qué cerca están de nosotros; también vemos que nuestro estilo de vida, la historia en la que estamos envueltos, los ha privado y continúa haciéndolo. En esto, por encima de todo, está comprendido el hecho de que los hemos herido espiritualmente. En lugar de darles a Dios, el Dios cerca de nosotros en Cristo, y por eso dando la bienvenida a todos lo que es grande y precioso de sus tradiciones y llevándolo a su logro, los hemos conducido al cinismo de un mundo sin Dios en el que sólo cuentan el dinero y el poder. Hemos destruido los criterios morales, de manera que la corrupción y la voluntad de poder, sin escrúpulos, se hacen algo obvio. Y esto no ocurre sólo en África

Entenderemos mejor las palabras del Papa si mencionamos que África tiene, a día de hoy, el 80% de las reservas a nivel mundial de recursos estratégicos como petróleo, gas o coltán y que un ciudadano norteamericano consume tres veces más agua que uno europeo y éste tres veces más que un africano.

A este hecho hay que unir que las grandes corporaciones y los países más ricos tienen posibilidades de financiación que van mucho más allá de lo que les permitiría el comercio a través de sus reglas de valoración.

De igual forma, este desplazamiento sordo y paulatino, en el control de las finanzas mundiales, refleja el desplazamiento de poder que se está operando desde los Estados hacia esas organizaciones, igualmente jerárquicas y centralizadas, que son las empresas capitalistas transnacionales.

El Papa es consciente de que, como ocurrió con los recursos naturales durante el reparto colonial del mundo, el proceso de globalización al que asistimos nos empuja hacia un juego económico de suma cero, en el que las ganancias de unos han de ser necesariamente sufragadas por otros.

La preocupación por el medio ambiente

En el año 2009, Foreign Policy clasificó a Benedicto XVI en el lugar 17 entre los “100 mayores pensadores globales” del año. Entre los méritos que la publicación atribuye al pontífice está el hecho de haber colocado a la Iglesia, de manera inesperada, a la cabeza de la defensa del medio ambiente y en la denuncia del cambio climático. Y ello a pesar del sonado fracaso de la Cumbre de Copenhague sobre el medio ambiente, organizada por las Naciones Unidas, en ese mismo año. Los países ahí reunidos no fueron capaces de aportar una solución viable a los problemas ecológicos mundiales.

El Papa Benedicto XVI ha sido llamado el “papa verde” por su preocupación por el medio ambiente. Una muestra de esta inquietud permanente es que ha hecho instalar paneles solares para la producción de electricidad en los techos del Vaticano y en su casa de Alemania. Además, el Vaticano es el primer estado neutral en emisiones de CO2 a través de la reforestación de bosques que compensan sus emisiones.

La encíclica “Cáritas in veritate” es también un reflejo de esa preocupación, en la que el Papa toca temas candentes; donde convergen la política y la economía como la explotación de los recursos no renovables y la justicia hacia los pueblos más pobres. En dicha encíclica, Benedicto XVI escribe: “El medio ambiente es un regalo que Dios nos hace a todos, y en el uso que le demos tenemos una responsabilidad hacia los pobres, hacia las generaciones futuras y hacia la humanidad en su conjunto”.

La preocupación por el cambio climático de los países desarrollados es sólo la punta del iceberg de un problema mucho mayor, que consiste en el permanente y sistemático uso de los recursos del planeta sin posibilidad de reposición. El cambio climático no sería más que una de las consecuencias de este hecho.

De esta forma el Papa une la cuestión del medio ambiente con la preocupación de los más pobres y la responsabilidad de las grandes potencias. La crítica, aunque suave en las formas, no deja de ser un posicionamiento geopolítico claro y un llamamiento a una redistribución global de los recursos energéticos, de manera que los países que no los tienen puedan acceder a ellos, expresando así su preocupación por lo que algunos denominan “new cold war” por el control de los recursos estratégicos del planeta.

Juan Pablo Somiedo

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