mercredi 5 mai 2010

Dios y la monarquía (II) – Thomas Martin y Louis XVIII

Antes de comenzar el esbozo de lo que se sabe sobre la entrevista entre el campesino de Galladon y el rey de Francia, creo necesario apuntar que los temas que se agolpan alrededor de este asunto son tantos, y de tal calado, que no me queda más alternativa que separarlos por completo en artículos distintos.
Por tanto, en esta primera presentación del núcleo fundamental del mensaje revelado por Martin de Gallardon a Louis XVIII, obviaré todo lo relativo al misterio sobre la muerte de Louis XVII, asunto capital que desarrollaré posteriormente.

Recordemos que la entrevista con el monarca, hecho histórico sobre el que no cabe duda alguna, se produjo el 2 de abril de 1816. Thomas-Ignace Martin, de 33 años y padre de cuatro hijos, tuvo la primera aparición del Arcángel San Rafael el 15 de enero de ese mismo año, mientras se encontraba ejerciendo sus labores de campesino. «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños» (Mt 11,25).
La analogía con Santa Juana de Arco y la consagración en Reims de Carlos VII es inevitable.

El primer mensaje que el arcángel encargó al campesino que transmitiera al rey, fue que debía estar alerta ante el peligro de una conspiración, que realmente estaba teniendo lugar, para derrocar de nuevo la monarquía y regresar al régimen revolucionario.
El arcángel insistió en la necesidad de que Louis XVIII estableciera un auténtico régimen cristiano, santificando los Domingos y las fiestas de guardar, promoviendo la penitencia y sobre todo respetando la cuaresma, y en particular encargaba al monarca evangelizar de nuevo al pueblo francés para contrarrestar el largo periodo revolucionario.
“Es necesario que el Rey se comporte con su pueblo como un padre con sus hijos”, terminaba esta primera parte del mensaje, avisando que de no cumplir el rey con todo lo advertido, sería la ruina de Francia y la monarquía.

Martin le relató esto a Louis XVIII, encontrándose a solas con el monarca, que le recibió con cordialidad. Acto seguido dio detalles sobre la fuga de un detenido, que Louis XVIII identificó inmediatamente como el traidor Conde de Lavalette, indicando que había sido premeditadamente organizada por los conspiradores.

Una vez convencido el rey de la veracidad de las revelaciones, lo que le produjo las primeras lágrimas, Martin continuó hablando: “Se me ha dicho que os diga, que se acuerde el Rey de las desgracias y adversidades del exilio. El Rey ha llorado por Francia y la ha dado por perdida al ver la alianza de todas las naciones vecinas. Pero Dios ha venido en su auxilio y le ha devuelto a sus Estados cuando había perdido toda esperanza. ¿Dónde estuvieron las acciones de gracias por ello? Dios le castigó de nuevo haciendo volver del exilio al usurpador, y el Rey volvió al exilio sin encontrar refugio en Francia. ¿Qué pasó después? El usurpador sufrió una derrota tan terrible que le dejó sin recursos, amigos ni apoyos. Y de nuevo volvió el Rey a sus Estados ¿Dónde están las acciones de gracias a Dios por un milagro tan patente?”

Louis XVIII lloraba amargamente al escuchar a Martin de Gallardon. Después, el campesino le relató cuanto le había sido revelado sobre el periodo en que los reyes permanecieron en el exilio, declarando ambos que estos detalles quedarían en secreto, lo que por supuesto ha alimentado las especulaciones sobre multitud de temas que presentaré más adelante.

Lo que conocemos sobre la entrevista, termina con la advertencia hecha al monarca de que, el título de “Muy Cristiana Majestad” exigía del Rey promover el retorno de su pueblo a la Cristiandad.

Muchas otras cosas se podrían relatar sobre Thomas Martin, Martin de Gallardon, y algunas las contaré más adelante, aunque estas son las fundamentales.

Aunque quizás no sea necesario decirlo, la idea que subyace tras todos estos asuntos sobre los que calla la versión oficial de la historia, sobre todo de la Revolución Francesa, es la íntima relación entre la Religión y la Monarquía.

El verdadero Rey de la humanidad, de todas las naciones, es Nuestro Señor Jesucristo, y los reyes de este mundo han de ser, traduciendo directamente del francés, sus lugartenientes en la Tierra. Este es el verdadero sentido de la Monarquía y lo que le concede su legitimidad. (El testamento de Saint Remi, el que bautizara a Clovis, es meridianamente claro al respecto).

Cualquier otro tipo de restauración que no respete este principio, es una ofensa a Dios y una burla a la historia.
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