mercredi 12 mai 2010

Rey legítimo

Conflictos dinásticos y sucesorios ha habido muchos en la historia. Los historiadores suelen centrar sus estudios en las leyes de sucesión, los lazos de sangre y los apoyos externos a los diferentes pretendientes, ya sean de tipo social o estamental, o vengan del extranjero.
Pero en un conflicto sobre la legitimidad de un pretendiente al trono, los asuntos mundanos son secundarios. La monarquía, como no me canso de decirlo, es la representación temporal del Reinado de Cristo, del mismo modo que el Papa es el Vicario de Cristo en la Tierra.
Se es Rey por la Gracia de Dios, o no se es rey.
Por ello nada más fácil que reconocer al rey legitimo en cualquier ocasión, identificando a aquel que defiende la verdadera religión y se muestra hijo fiel de la Santa Madre Iglesia.
Y en la monarquía, como en la religión, tienen una importancia capital los ritos, la liturgia, los sacramentos, la tradición... Muy mal augurio es que un rey renuncie a ser coronado.

Hemos hablado ya, y lo seguiremos haciendo, del bautizo de Clovis, de Saint Remi, de la Santa Ampolla, de Martin de Gallardon, etc. Una referencia fundamental nos falta por mencionar, la más conocida, Santa Juana de Arco. A pesar de la complejidad del caso, trataré de presentarlo con sencillez, apuntando únicamente los detalles que nos podrían llevar a profundizar en otros aspectos.
Fue sin duda el conflicto mas grave en la historia del Reino de Francia, la guerra de los cien años. Por no extenderme diré que se trata en principio de un conflicto de tipo feudal, que enfrenta a Inglaterra y Francia, por la lealtad de los territorios bajo dominio inglés en el norte de Francia y la primacía entre ambos reinos.
La cuestión es que en 1429 Francia tenía, de facto, dos monarcas. La maldición templaria parecía haberse cumplido y los Capetos, al parecer, se habían extinguido. La intervención divina no se hizo esperar.
Muchos libros cuentan la historia de Jeanne d’Arc, Santa Juana de Arco, “la Pucelle”, por eso voy a detallar únicamente los aspectos más destacados.

La Doncella de Orléans, habiendo recibido la misión de dirigirse al legítimo rey, de labios de San Miguel, protector del Reino de Francia, Santa Catalina de Alejandría y Santa Margarita de Antioquía, lo encontró finalmente en el castillo de Chinon.
Juana, que providencialmente se alojó en las mismas dependencias del castillo en las que había estado cautivo el último Gran Maestre de la Orden del Temple, Jacques de Molay, que en la hoguera pronunciase la famosa maldición a los Capetos, reconoció al instante a Carlos VII, que estaba disimulado entre los presentes, y le entregó la corona sobre cuyo origen divino tanto se ha discutido.
A instancias de Santa Juana de Arco, Carlos VII fue consagrado Rey de Francia en Reims, con el sagrado aceite de nuestra conocida “Sainte Ampoule”, ante lo que la coronación del inglés Enrique en París, perdió todo posible significado. La verdadera monarquía habia regresado.
Juana de Arco, al recibir la armadura preparada para ella, a fin de situarse al frente de los ejércitos reales, rechazó la espada que le ofrecían, y ordenó recuperar otra que debía encontrarse enterrada tras el altar de la iglesia de Sainte-Catherine-de-Fierbois. Efectivamente la espada fue milagrosamente hallada, y el óxido que la cubría, desapareció instantáneamente y por completo al primer intento. Se trataba de la espada de Carlos Martel, aquel que derrotando en Poitiers a los sarracenos, evitó a Francia los siete siglos de Cruzada contra la dominación musulmana que nuestra Patria se vio obligada a librar.
Del mismo modo que todo lo relativo a Martin de Gallardon, cuanto se refiere a Santa Juana de Arco se halla perfectamente documentado, tanto en los archivos de su proceso de condenación como en los del proceso de rehabilitación. No son leyendas o ensoñaciones, es la Historia con mayúsculas. (La legendaria burocracia gala, ya se sabe).

Como se ve claramente, la historia de la monarquía está plagada de intervenciones divinas, y se halla unida inseparablemente a la historia de la Única Religión Verdadera, el Catolicismo.

"Le roi de France étant le représentant de Dieu, nous souhaitons son retour á la tête de la France. Nous ne reconnaissons la République que comme un régime transitoire né dans un bain de sang."
VIVE DIEU, VIVE LE ROI ET VIVE LA FRANCE
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