jeudi 27 mai 2010

Édith Piaf, fe y esperanza frente a la adversidad

No suelo estar muy de acuerdo con el criterio del jurado de los Oscar, pero cuando en 2007, el año de «No Country for Old Men» que personalmente me parece un bodrio infumable, le dieron el oscar a la mejor actriz a Marion Cotillard por «La Môme», que en español se llamó «La vida en rosa», coincidí plenamente con la decisión.

La interpretación de Édith Piaf que hace Marion Cotillard, que tenía 32 años en aquel entonces, es verdaderamente sublime. Después de haberla visto en 2006 en la película «A good year», «Un buen año» en español, basada en la novela homónima de Peter Mayle, con Russell Crowe y sobre todo con los magníficos paisajes de viñedos de la Provenza francesa, se aprecia fácilmente el impresionante esfuerzo de caracterización e interpretación.

La vida de Édith Piaf es un verdadero ejemplo de resistencia contra la adversidad. “La Môme”, algo así como “la chavala”, vivió una existencia de sufrimiento, miseria y dolor desde su nacimiento en Paris en 1915.

Por no extenderme diré que mientras su padre, artista de circo, combatía en la primera guerra mundial, su madre, artista ambulante, la abandonó al cuidado de su abuela, que no se ocupó de ella en absoluto, teniéndola año y medio sin ningún tipo de cuidados ni higiene.

Cuando su padre la sacó de allí, la confió a su propia madre, que regentaba un burdel, donde la niña recibió al menos el cariño de las prostitutas y, en lo material, no pasó necesidad. (Por algo dijo Jesucristo que las prostitutas precederán a muchos en el Reino de los Cielos).

En aquella situación, a los siete años, Édith sufrió una queratitis que la dejó ciega.

Las prostitutas, con la abuela de la niña al frente, viajaron a Lisieux con Édith para rezar por su curación en la tumba de Santa Teresita del Niño Jesús. Antes de regresar, tomaron un puñado de tierra de alrededor de la tumba, lo introdujeron en una banda de tela y se lo colocaron a Édith en los ojos. Tras ocho días con la aquella banda colocada, Édith recobró la vista. (De nuevo las prostitutas dieron ejemplo de una fe que uno no espera encontrar en ese entorno).

La devoción de Édith Piaf por la “pequeña” Teresa le acompañaría toda su vida a pesar de las múltiples adversidades que aún le aguardaban, y llevó siempre al cuello la medalla de la santa.

Después viajaría con su padre de nuevo en el circo y como artista ambulante, cuando empezaron a descubrirse sus dotes como cantante.

Malvivió posteriormente, de cabaret en cabaret, durante los años 30, y a los 17 tuvo una hija que murió de meningitis a los dos años.

Una vez oficialmente “descubierta” adoptó el nombre artístico de “La Môme Piaf” (piaf es un localismo para decir gorrión).

Incluso en sus años dorados de éxitos internacionales, la desgracia siguió cebándose en Édith Piaf, que vería como el boxeador Marcel Cerdan, el campeón del mundo de pesos medios, que fue el gran amor de su vida, moría en accidente de avión en 1949, cuando volaba de Paris a Nueva York para ir a verla.

El sentimiento de culpabilidad por este hecho, unido a la artritis que sufría, derivó finalmente en una adicción a la morfina.

Hasta su muerte en 1963, su vida estuvo salpicada de dolor, desamor, grandes éxitos musicales y cada vez mayores dosis de morfina para sostenerse de pie en los escenarios. En 1959 llegó a desmayarse durante una actuación en Nueva York, y en el 61 aún daría sus famosos conciertos para evitar la ruina y el cierre del Olympia de Paris.

De sus decenas de éxitos mundiales, como “La vie en rose”, “Milord”, “Hymne à l’amour” o “Padam, padam”, sin duda la canción que mejor define su fortaleza interior contra viento y marea, manteniendo siempre una fe inquebrantable en el Amor con mayúsculas, es “Non, je ne regrette rien”:

Non! Rien de rien (No, nada de nada)
Non! Je ne regrette rien (No, yo no lamento nada)
Ni le bien qu'on m'a fait (Ni el bien que me han hecho)
Ni le mal tout ça m'est bien égal! (Ni el mal, todo me da igual)

Non! Rien de rien
Non! Je ne regrette rien
C'est payé, balayé, oublié (Esta pagado, barrido, olvidado)
Je me fous du passé! (Me importa un bledo el pasado)

Avec mes souvenirs (Con mis recuerdos)
J'ai allumé le feu (He encendido el fuego)
Mes chagrins, mes plaisirs (Mis dolores, mis placeres)
Je n'ai plus besoin d'eux! (Ya no me hacen falta)

Balayées les amours (Barridos los amores)
Et tous leurs trémolos (Y todos sus temblores)
Balayés pour toujours (Barridos para siempre)
Je repars à zéro (Yo comienzo de cero)

Non! Rien de rien
Non! Je ne regrette rien
Ni le bien, qu'on m'a fait
Ni le mal, tout ça m'est bien égal!

Non! Rien de rien
Non! Je ne regrette rien
Car ma vie, car mes joies (Ya que mi vida, ya que mis alegrías)
Aujourd'hui, ça commence avec toi! (Hoy empieza contigo)

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