samedi 30 avril 2011

Música Sagrada o Litúrgica

No hay duda de que una discusión, para introducirse a sí misma auténticamente en el espíritu de la liturgia, no puede pasar en silencio la música sagrada o litúrgica.

Me limitaré a una breve reflexión para orientar la discusión. Uno podría preguntarse por qué la Iglesia por medio de sus documentos, más o menos recientes, insiste en indicar un cierto tipo de música y de canto como particularmente consonantes con la celebración litúrgica. Ya en tiempos del Concilio de Trento la Iglesia intervino en el conflicto cultural que se desarrollaba en ese entonces, reestableciendo la norma en la que la música conformándose al texto sagrado era de importancia primaria. Limitando el uso de instrumentos y señalando una clara distinción entre música profana y sagrada. La música sagrada, mucho más, nunca debe ser entendida como una expresión puramente subjetiva. Está anclada a textos bíblicos o de la Tradición, que se cantarán durante el curso de la celebración. Más recientemente, el Papa San Pío X intervino en una manera análoga, buscando remover el canto operístico de la liturgia y seleccionando el canto gregoriano y la polifonía desde el tiempo de la reforma Católica como el estándar para la música litúrgica, distinguirlo de la música religiosa en general. El Concilio Vaticano Segundo no hizo más que reafirmar el mismo estándar, así también los más recientes documentos magisteriales.

¿Por qué insiste la Iglesia en proponer ciertas formas como características de la música sagrada y litúrgica que las hacen distinguir de todas las otras formas de música? ¿Por qué, también, el canto gregoriano y la sagrada polifonía clásica se han convertido en las formas a imitarse a la luz de las cuales la música litúrgica e incluso la popular deberían continuar siendo producidas hoy?

La respuesta a estas preguntas reside precisamente en lo que hemos buscado afirmar con respecto al espíritu de la liturgia. Es propiamente esas formas de música, en su santidad, su bonhomía, y su universalidad, la que se traduce en notas, en melodías y cantando el autentico espíritu litúrgico: llevando a la adoración del misterio celebrado, favoreciendo una autentica e integral participación, ayudando a quien escucha a captar lo sagrado y con ello la esencial primacía de Dios actuando en Cristo, y finalmente permitiendo un desarrollo musical que está anclado en la vida de la Iglesia y la contemplación de su misterio.

Permítaseme citar al entonces Cardenal Ratzinger una última vez: “Gandhi subraya tres espacios vitales en el cosmos, y demuestra cómo cada uno de ellos comunica incluso su propio modo de ser. El pez vive en el mar y es callado. Los animales terrestres gritan, pero los pájaros, cuyo espacio vital son los cielos, cantan. El silencio es propio del mar, el grito es propio de la tierra, y el canto es propio de los cielos. El hombre, sin embargo, participa en todos los tres: lleva en sí lo profundo del mar, el peso de la tierra, y la altura de los cielos; esto es por lo que los tres modos de existencia le pertenecen: el silencio, el grito y el canto. Hoy… vemos que, despojado de trascendencia, todo lo que le queda al hombre es gritar, por que desea ser únicamente tierra y busca convertir en tierra incluso los cielos y el fondo del mar. La verdadera liturgia, la liturgia de la comunión de los santos, lo restaura a la plenitud de su existencia. Ella le enseña de nuevo cómo volar, la naturaleza de un ángel; elevando su corazón, hace resonar de nuevo en él esa canción que en cierto modo ha caído dormida. De hecho, podemos incluso decir que la verdadera liturgia es reconocible especialmente cuando nos libera del modo común de vivir, y nos restaura el fondo y la altura, el silencio y el canto. La verdadera liturgia es reconocible por el hecho de que es cósmica, no una costumbre hecha por un grupo. Canta con los ángeles. Permanece callada con el profundo fondo del universo en espera. Y en este modo redime al hombre.”

Mons. Guido Marini
Maestro de Ceremonias de las Celebraciones Litúrgicas del Papa
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