mardi 26 octobre 2010

El Santo de Anjou (I)

Hace pocos días decidí escoger una imagen personal para mi identidad en esta bitácora, que fuera al mismo tiempo mi imagen en el famoso “facebook”.
Puesto que Alphonse, Marquis de Montauran, “le Gars”, es un personaje de ficción, protagonista de la novela de Balzac, “Les Chouans”, perteneciente a “La Comedia Humana”, cualquier imagen suya es imaginaria. Por ello rebusqué entre los verdaderos líderes de las leales fuerzas Católicas Reales que lucharon contra la revolución, y no me costó mucho decidirme por “el Santo de Anjou”, Jacques Cathelineau.
No quería tardar demasiado en dedicarle una serie de entradas de mi bitácora, explicando mi elección, no fuera que se me tildara de soberbio, al arrogarme como propia la imagen de tan santo varón.
Vaya por delante, con toda mi humildad, que mi única intención es que su ejemplo me sirva de guía para superar mis debilidades y cobardías en medio de la lucha diaria en defensa de la Tradición.

Jacques Cathelineau nació el 5 de enero de 1759 en Pin-en-Mauge, donde hoy en día puede verse el monumento de la fotografía.
Su familia eran, al parecer, vendedores ambulantes, ocupándose además su padre de las tareas de sacristán en la iglesia del pueblo.
De sus diez hermanos y hermanas sólo sobrevivieron cuatro, Jean (1756), Pierre (1767), Joseph (1772) y María (1761).
Jacques, cuyos padres no podían aspirar a enviar a sus vástagos a la escuela, fue educado por el párroco de la “Chapelle du Genêt”, en agradecimiento a los servicios paternos y en contrapartida por los trabajos parroquiales efectuados por el propio Jacques, monaguillo desde su más tierna infancia.
Por tanto, el pequeño Jacques creció a unos quince kilómetros de su hogar en Pin-en-Mauges, pasando sus días de infancia y juventud entre la parroquia y la escuela, y sus tempranos estudios de latín nos hacen suponer que sintió pronto la vocación sacerdotal.

Sin embargo, a los 18 años se casa con Louise Godin, con la que tuvo once hijos, de los que sobrevivieron cinco. No alcanzándole su salario de albañil para el sostenimiento de tan numerosa prole, decidió adquirir carro y caballos para dedicarse al comercio ambulante, convirtiéndose en poco tiempo en conocido de toda la sociedad local, y muy apreciado por su buen trato y probidad.

No por ello abandonó Jacques Cathelineau el servicio a la parroquia, de la que fue administrador desde 1786. En aquellos duros tiempos de hambre y escasez, las oraciones y novenas se multiplicaban entre las piadosas gentes de la región.

A primeros de marzo de 1793, la Convención aprobó una leva de 300.000 hombres en toda Francia. El 12 de marzo los republicanos efectuaron el sorteo en Florent le Vieil. Pero la población se opuso frontalmente a luchar en favor de un régimen que acababa de ejecutar a su majestad “le Roy très Chretien”. La revuelta de St Florent se transformó con rapidez en el linchamiento de los republicanos: la guerra había comenzado. Y Cathelineau, que no estaba afectado por la leva al ser padre familia, decide encabezar la insurrección en Pin-en-Mauge.

Continuará…
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