mercredi 13 octobre 2010

Palencia

Aún recuerdo bastantes pasajes de “El Conde Lucanor” que quedaron grabados a fuego en mi memoria cuando era niño. Este libro, escrito alrededor del año 1330 de nuestra era por el Infante Don Juan Manuel, que ignoro si aún están obligados a leer los escolares españoles, aunque lo dudo, está considerado con justicia como la cumbre de nuestra narrativa del siglo XIV.

En uno de los capítulos, un personaje de los ejemplos de Petronio viene a decir, que en esta vida a lo más que se puede aspirar, en cuestiones de amistad, es a tener un medio-amigo, ya que el único amigo del hombre es Jesucristo, que dio su vida por nosotros.

Sin llegar a este extremo, yo que conozco a mucha gente, sólo creo poder considerar amigos míos a dos o tres personas.

Estos últimos cuatro días los he pasado con uno de ellos.

Aprovechando que disponíamos libremente de nuestro tiempo gracias a la celebración del día de la Hispanidad, festividad de la Virgen del Pilar, decidimos visitar uno de los rincones más hermosos y desconocidos del corazón de las Españas, Palencia.

Sólo compartiré con mis fieles lectores unas pinceladas de nuestras visitas, de modo que se estimule la curiosidad de los más animosos.

Palencia está repleta de arte románico, y por escuchar misa en su catedral, “la bella desconocida”, o en los dominicos de San Pablo, ya merece la pena el viaje.

Una de las visitas más gratificantes de estos días, ha sido la abadía cisterciense de San Isidro, en Dueñas, dónde tuvimos la oportunidad de asistir al oficio de Completas, en el que los monjes trapenses, tras reunirse en la sala capitular para que el abad les explique la Regla de San Benito u otros aspectos de la espiritualidad monástica, piden a Dios que les proteja en el descanso nocturno, terminando su jornada con el magnífico y emocionante canto a la Virgen de la conocida “Salve Cisterciense”.

La Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia, Ordo Cisterciensis Strictioris Observantiae, se conoce como Orden de la Trapa, o trapense, ya que tuvo su origen en la abadía francesa de La Trappe, situada en Soligny-la-Trappe, Orne.

La orden benedictina de los monjes blancos del Císter, por oposición a los de Cluny que vestían de negro, surge como una escisión de ésta última, con la fundación de la abadía de Citeaux por Robert de Molesme en 1098, siendo Étienne Harding su abad desde 1108, aunque su gran desarrollo y expansión se la debe, como ya he contado en alguna ocasión en esta misma bitácora, a Bernard de Clairvaux, San Bernardo.

Habiendo surgido la orden como rechazo a las desviaciones de la Regla de San Benito de Nursia, de nuevo en la segunda mitad del siglo XII, la orden se escinde en respuesta a nuevas desviaciones de la regla benedictina original, apareciendo los trapenses.

También en este caso, sólo con visitar esta abadía trapense de San Isidro, se justifica la visita a Palencia.

Tras fortalecerse con el alimento del alma, no está de más tomarse un chocolate en la fábrica de “La Trapa”, que está justo enfrente.


Por no extenderme con el arte sacro y contar algo diferente, que seguro será del interés y el gusto de los aficionados a la historia, en la provincia de Palencia se puede también visitar el que puede ser considerado, sin temor a equivocarnos, como el yacimiento arqueológico más importante del mundo romano hispánico, la villa romana de La Olmeda, sólo superada en importancia en el mundo entero por la villa romana del Casale, en Sicilia.

Se trata de una gran mansión del Bajo Imperio (s. IV d.C.), cuyo edificio principal de planta cuadrada flanqueada por dos torres, se dispone en torno a un patio central y peristilo al que se abren las distintas dependencias, la mayoría de ellas con pavimentos de mosaicos. El salón principal u “oecus” de 175 m2 conserva en muy buen estado uno de los principales mosaicos del mundo romano, en el que se pueden contemplar dos escenas; la principal que narra el conocido episodio de Ulises en Skyros, orlado por una bella cenefa con una serie de retratos, probablemente de los dueños de la mansión, y bajo el tema principal, una cacería de gran realismo.

Un yacimiento arqueológico de estas características, sería considerado en otros lugares como la “joya de la corona” y constituiría un foco de interés turístico de primer orden, mientras que en nuestra nación, una inmensa mayoría ignora incluso su existencia, como era mi caso hasta anteayer.


Una visita que resulta interesantísima para conocer la vida y costumbres durante los estertores del Imperio Romano, cuyo nivel de desarrollo, vida y bienestar, tras su caída, no será recuperado por la humanidad hasta los albores del siglo XVIII. Tal es la dimensión de la tragedia, (recomiendo encarecidamente la lectura del famoso artículo de Peter Temin “La economía del Alto Imperio Romano” en la revista Procesos de Mercado, volumen VI, nº 2, otoño 2009, del que se pueden extraer sustanciosas enseñanzas sobre eso que ahora llaman “el estado del bienestar”, algunos que creen haber descubierto la pólvora y a los que, sin remedio, les estallará en las manos).

Muy apropiado además, ahora que nuestro amigo “Firmus y Rusticus” nos está regalando una estupenda serie histórica.


Podría hablar de muchas más cosas, pero cada cual debe viajar de acuerdo a su criterio.

Sobre el cordero, el pan y el vino, trilogía que constituye nuestro fundamento gastronómico y espiritual, no necesito hacer comentario alguno.
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