samedi 7 mai 2011

Divino Afflante Spiritu

Cuando el pasado jueves Marcelino se mostró en desacuerdo con la versión del primer versículo del Evangelio de San Juan que empleé en mi entrada de aquel día, decidí buscar en mi biblioteca una versión diferente de la Biblia de la que empleo normalmente.
Encontré en una estantería una edición de 1949. Era la que usaba mi abuela materna, que además era mi madrina de bautismo, a la que siempre tuve y sigo teniendo, muchos años después de su muerte, un especialísimo cariño. En el salón de casa tengo una foto suya ¡con dos o tres años! Es una foto coloreada a mano, de principios del siglo XX, una verdadera obra de arte.
Mi abuela acostumbraba a asistir a misa cada mañana, y al caer la tarde asistía de nuevo, como ella decía, por todos aquellos que no van nunca a la iglesia.  Y cuando no podía salir de casa por motivos de salud, recuerdo como venía algún sacerdote a casa para que pudiese comulgar.
Le debo muchísimo a mi abuela, no sólo en cuestiones materiales, que también, ya que su ayuda financiera fue fundamental en mi infancia y juventud, sino sobre todo en mi formación, en el más amplio y profundo sentido de la palabra.
Cuando hablo de mi abuelita nunca digo “que en Gloria esté” si no “que en Gloria está”, porque no me cabe duda de que se encuentra en los Cielos.
La Sagrada Biblia en cuestión es la versión directa de las lenguas originales, hebrea y griega, al castellano de Eloíno Nácar Fuster, canónigo lectoral de la S.I.C. de Salamanca y el muy Rvdo. P. Alberto Colunga, O.P. profesor de Sagrada Escritura en el convento de San Esteban y en la Pontificia Universidad de Salamanca, con prólogo del Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Gaetano Cicognani, Nuncio de Su Santidad en España, de la Biblioteca de Autores Cristianos, conocida en general como la Biblia Nácar-Colunga.
El versículo del que hablo reza en esa edición: “Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.” Y dice la nota al pié: “Al principio, cuando Dios creó el cielo y la tierra, existía ya el Verbo. Manera de expresar la eternidad del mismo, igual, aunque menos expresiva, que la empleada por Jesús en 17, 5. 24. El Logos, la Sabiduría eterna de Dios, de que empiezan a hablarnos los Proverbios, 8, 22 ss., y la Sabiduría 7, I ss., es la segunda persona de la Trinidad. La frase "el Verbo estaba en Dios” expresa la íntima unión del Verbo con Dios, de la Sabiduría de Dios con Dios mismo, del Hijo con el Padre. “Y el Verbo era Dios” significa que era tan estrecha esta unión, que ambos comunicaban en la naturaleza divina, era consustanciales el Verbo de Dios y el Padre, sin otra distinción que la personal”.
En la Biblia de Jerusalén el Evangelio de San Juan empieza así: “En el principio existía la Palabra, la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”. Y dice la nota al pié: “Ver Gn 1.1. En 1 1-5 el evangelista recoge un himno más antiguo que sigue las huellas del relato de la creación en Gn 1 1-31, con la cadencia marcada por los verbos: “Dijo Dios…y así fue”: Dios ha creado el mundo por su Palabra, ver Sal 33 6-9; Sb 9 1; Si 42 15, especialmente la luz opuesta a las tinieblas, Gn 1 18, los seres vivos, Gn 1 20-25, y al hombre, Gn 1 26-27. Es posible que los vv 1c-2, encuadrados por la repetición redaccional “junto a Dios…junto a Dios” y que rompen el ritmo binario del párrafo, hayan sido añadidos por el evangelista para afirmar la divinidad de Cristo, Palabra encarnada, ver 8 24+; 20 29, 1 Jn 5 20. En 1 9-18 el tema de la Palabra creadora se desarrolla en armonía con Is 55 10-11: enviada por Dios, 1 9-11, 4 34+, al mundo, 1 9+, para fecundarlo, 1 12+, revelándole la “verdad”, 8 32+, retorna a Dios después de haber cumplido su misión, 1 18; 13 3, 16 28. Este conjunto de temas: presencia junto a Dios, papel desempeñado en la creación, envío al mundo para adoctrinar en él a la humanidad,  atañen a la Sabiduría tanto como a la Palabra, Pr 8 22-36+; si 24 3-32; Sb 9 9-12. En el NT correspondía a Juan, gracias al hecho de la Encarnación, 1 14+, inferir la naturaleza personal de esta Palabra (Sabiduría) subsistente y eterna.”
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