mercredi 18 mai 2011

¿Indignados?

Están indignados, vale, ¿y qué más?, ¿y ahora qué?

Su manifiesto no es precisamente muy sesudo o profundo: “igualdad”, “progreso”, “solidaridad”, “libre acceso a la cultura”, “sostenibilidad ecológica”, “desarrollo”, “bienestar”, “felicidad”... lo siento pero todo eso son paparruchas y demagogia barata.

Y por supuesto una retahíla de “derechos básicos”, ahí empiezan a patinar sin frenos, “vivienda, trabajo, cultura, salud, educación, participación política, libre desarrollo personal, consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz”.

No amigos míos, no. Diga lo que diga Stéphane Hessel en su panfleto, no se trata de exigir al estado nuestros derechos, se trata de mandar al estado a hacer puñetas y conquistar lo que necesitamos con nuestro esfuerzo, con el sudor de la frente.

Al parecer la indignación que dicen tener es la del rebaño de borregos al que el pastor se ha olvidado de alimentar o les ha reducido las raciones ¡menuda indignación de mierda! Con perdón.

Y luego el absurdo de defender a ultranza la democracia y rechazar de plano el sistema actual, o sea la democracia. La democracia es esto amigos, ni más ni menos. Si no nos gusta no hace falta justificarse diciendo que esta democracia no es una verdadera democracia, como cuando Gorvachov engañaba a los soviéticos diciendo que aquello no era comunismo, por culpa de Stalin, y que él se encargaría de devolverles el verdadero comunismo. Y por supuesto lo que hizo fue acabar con el comunismo, que era lo que tenían. Y punto.

“Los partidos políticos no se encargan de llevar de nuestra voz a las instituciones”, ¿no me digas? Pero es que los partidos políticos son las principales instituciones de la democracia, amigo mío. Y ellos se encargan de poner y quitar a los que gobiernan el resto de instituciones. ¿De qué estáis hablando? ¿En qué mundo vivís?

Y terminan describiendo la perversidad del modelo económico capitalista ¡ya era hora! Por supuesto que es un sistema inhumano, ¿ahora os dais cuenta? ¿cuándo los hipotecados no pueden pagar, los parados no encuentran trabajo y los jóvenes ni trabajo ni hipoteca? Bueno, más vale tarde que nunca.

Sentarse en la Puerta del Sol, pasar allí la noche, gritar consignas en forma de ripios… Bobadas. Si el domingo que viene no hay un índice nacional de abstención del 80% no me creeré nada. Cuatro días y todo estará claro.

Si estuvierais indignados de verdad, los políticos no se atreverían a salir de casa para dar mítines. Pero durmiendo muy organizaditos en la Puerta del Sol, comiendo hamburguesas, cantando y jugando a las cartas, no sois ningún peligro para nadie.

“Hace falta una revolución ética” afirman. Sí, sin duda, pero las “revoluciones éticas” no son fenómenos de masas, son el fruto de largos procesos interiores personales. Y exigen esfuerzo, voluntad, estudio y dedicación intensa, personal e intransferible.

Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” Mt 11, 28.

Lo que sentís, amigos míos, no es indignación, aunque os lo parezca. Es el vacío que ha dejado en vosotros lo que os habéis dejado arrebatar.

El “movimiento” se ha “organizado” desde Internet ¿no? Pues tirad a la papelera el panfleto de Stéphane Hessel, que os ha costado cinco euros, y leed gratis en línea los evangelios. Las respuestas que buscáis están allí, al alcance de todos.
Enregistrer un commentaire