mercredi 30 mars 2011

El enemigo

El género humano, después de apartarse miserablemente de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, por envidia del demonio, quedó dividido en dos campos contrarios, de los cuales el uno combate sin descanso por la verdad y la virtud, y el otro lucha por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad. El primer campo es el reino de Dios en la tierra, es decir, la Iglesia verdadera de Jesucristo. Los que quieren adherirse a ésta de corazón como conviene para su salvación, necesitan entregarse al servicio de Dios y de su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad. El otro campo es el reino de Satanás. Bajo su jurisdicción y poder se encuentran todos lo que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, se niegan a obedecer a la ley divina y eterna y emprenden multitud de obras prescindiendo de Dios o combatiendo contra Dios. Con aguda visión ha descrito Agustín estos dos reinos como dos ciudades de contrarias leyes y deseos, y con sutil brevedad ha compendiado la causa eficiente de una y otra en estas palabras: "Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la ciudad celestial". Durante todos los siglos han estado luchando entre sí con diversas armas y múltiples tácticas, aunque no siempre con el mismo ímpetu y ardor. En nuestros días, todos los que favorecen el campo peor parecen conspirar a una y pelear con la mayor vehemencia bajo la guía y con el auxilio de la masonería, sociedad extensamente dilatada y firmemente constituida por todas partes. No disimulan ya sus propósitos. Se levantan con suma audacia contra la majestad de Dios. Maquinan abiertamente la ruina de la santa Iglesia con el propósito de despojar enteramente, si pudiesen, a los pueblos cristianos de los beneficios que les ganó Jesucristo nuestro Salvador. Deplorando Nos estos males, la caridad nos urge y obliga a clamar repetidamente a Dios: Mira que bravean tus enemigos y yerguen la cabeza los que te aborrecen. Tienden asechanzas a tu pueblo y se conjuran contra tus protegidos. Dicen: "Ea, borrémoslos del número de las naciones" (Ps.82).”

De la Carta Encíclica “Humanum genus” de S.S. el Papa León XIII, condenando el relativismo filosófico y moral de la francmasonería.

Este primer párrafo de la “Humanum genus” es una perfecta introducción para hablar del enemigo al que nos enfrentamos hoy y siempre, hasta el fin de los tiempos.

Por su puesto que se trata del maligno, el Diablo, el Demonio, Satán, Satanás, Lucifer…que como nos enseñó en 1215 el IV Concilio de Letrán: “Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali” ("El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos").

Por ello debemos tener claro que nos enfrentamos a un poderosísimo enemigo, que si bien al ser una criatura, al haber sido creado, no posee un poder infinito, como espíritu puro que es, es capaz de causar graves daños, de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza física, en cada hombre y en la sociedad.

No conviene pues infravalorar su poder, ni sobrevalorar el nuestro, a no ser que contemos siempre con ayuda de Dios.

En estos días hablamos mucho de la ola de “odium fidei”, persecución y asesinato de cristianos en todo el mundo, ataques velados y explícitos a la Santa Madre Iglesia, acusaciones calumniosas de toda índole, tergiversaciones de la historia y del lenguaje, anatematización del pensamiento cristiano en general y del magisterio católico en particular, ataques sacrílegos a los templos católicos, y más concretamente la imposición generalizada de leyes antinaturales y criminales como las del aborto (ya sean de despenalización o de legalización), del divorcio, de las uniones homosexuales aberrantes…

Y se nos plantean complicados dilemas concretos, al encontrarnos con enemigos con apariencia de “amigos”, posiciones ambiguas, planteamientos estratégicos dudosos…

Recordemos que no se trata de algo nuevo. El maligno tiene multitud de disfraces y es capaz de introducirse en todas partes.

Aquella advertencia de Pablo VI sobre “el humo del infierno” entrando incluso en la Iglesia, no es algo que pueda sorprendernos en este segundo milenio.

A modo de ejemplo, resulta muy ilustrativo leer los breves estudios de los enlaces que adjunto, a propósito de la curiosísima capilla neoclásica que se encuentra en el interior o anexa a la gótica Catedral de El Burgo de Osma.

A mí, que me encuentro especialísimamente ligado a este templo de Soria, siempre me había causado una sensación muy extraña el pasar de la parte gótica del interior de la catedral a esta extraña capilla, llamada de Palafox o de la Inmaculada, hasta que descubrí el porqué de mi desazón:


Hago especial hincapié en la cita: "…no solamente la existencia de logias frecuentadas exclusivamente por sacerdotes y religiosos, sino incluso la presencia en la mayor parte de las logias europeas, en las que figuran obispos, abades, canónigos, teólogos y toda clase de religiosos y sacerdotes, hasta alcanzar un total de más de tres mil…" del jesuita José A. Ferrer Benimeli, en el siglo XVIII.

Por tanto, nuestra lucha debe estar fundamentada en las armas que Jesucristo puso a nuestra disposición, fundamentalmente la oración. Y como dijo San Agustín, para alcanzar la sabiduría hay tres caminos, el primero es la humildad, el segundo la humildad y el tercero la humildad. Humildad para someternos absolutamente a la voluntad de Dios, en la confianza de que “en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Rm 8,28), y humildad para acatar el magisterio de la Santa Madre Iglesia y del sucesor de San Pedro, siempre y en toda ocasión.

No existe la posibilidad de aceptar componendas, medias tintas o concesiones al mal.

No existe el mal menor cuando se trata de la vida de un inocente y absolutamente indefenso ser humano aún no nacido.

Y no, no nos es lícito apoyar o beneficiar de modo activo o pasivo, por acción u omisión, posiciones u organizaciones que defiendan la despenalización o legalización del crimen abortista.

Y no, no aprovecha en nada, más bien perjudica, la colaboración con organizaciones que renuncian a manifestar con claridad una posición absolutamente contraria a cualquier iniciativa legal pro-abortista en cualquier graduación, empleando eufemismos como “pro-vida” en vez de “anti-aborto”. Más aún cuando todos los indicios conducen a sospechar que la finalidad última de estas supuestas iniciativas sociales privadas o independientes es el éxito electoral de formaciones políticas conservadoras-liberales, ahí queda eso, que han demostrado ya fehacientemente su nula voluntad de derogar las citadas leyes criminales.
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