mardi 1 mars 2011

Despiértate, tú que duermes

Despiértate, tú que duermes,
levántate de entre los muertos,
y Cristo te iluminará

Efesios 5:14

Se acerca la Cuaresma y, como cada año, me he dado de alta en la página web de los dominicos del convento de Lille, http://www.retraitedanslaville.org/ , que ofrece gratuitamente el envío diario por correo electrónico, en francés, durante toda la Cuaresma, de una reflexión que ayude al cristiano, por agobiado que esté entre los horarios y el ritmo esclavizante de la ciudad, a vivir intensamente este tiempo litúrgico de arrepentimiento, penitencia y perdón.

En mis viajes por los cinco continentes, encontrar una iglesia de dominicos ha sido siempre una gran alegría, y una garantía nunca defraudada de asistir a oficios religiosos en los que la predicación, profundamente meditada e intensamente estudiada y preparada, resultaba un regalo para el espíritu.

Me he preguntado si existía una iniciativa parecida en España, la Patria del fundador de la orden de predicadores, Santo Domingo de Guzmán, y tratando de hallar una respuesta he dado con la página de los dominicos españoles, http://www.dominicos.org/ .

En ella, aparte de opiniones con las que se podrá estar de acuerdo o no, quisiera destacar el apartado de predicación, http://www.dominicos.org/predicacion , como no podía ser de otra manera, en el que pueden encontrarse con anticipación las homilías y reflexiones sobre las lecturas diarias y dominicales.

Recomiendo esta página a todos los católicos de habla castellana, pero muy especialmente a los presbíteros, cuyos sermones últimamente, Dios me perdone, han disminuido su calidad de un modo alarmante. Sé que resulta algo arrogante por mi parte afirmarlo, pero por razones que se me escapan, aunque las intuyo, escucho cada vez más homilías de una pobreza de contenidos sonrojante, cuando no llenas de errores teológicos graves.

Mi única intención es dar publicidad a un instrumento de ayuda para los sacerdotes, y en definitiva para el pueblo de Dios, tan necesitado de predicación en nuestros días.

No puedo resistirme a volcar aquí la biografía resumida de Santo Domingo de Guzmán, en la esperanza de que su lectura impulse la curiosidad de algunos para acercarse al conocimiento de este Gran Santo Castellano Universal, que incluso ha dado nombre a la isla americana que Cristóbal Colón, Almirante del Mar Océano, descubriera el 5 de diciembre del 1492, bautizándola con el nombre de La Española, hasta que su hermano Bartolomé Colón, como Adelantado de la isla, fundase la ciudad de Santo Domingo en 1496:

Domingo de Guzmán y Garcés nació en Caleruega (Burgos) en 1170, en el seno de una familia profundamente creyente y muy encumbrada. Sus padres, don Félix de Guzmán y doña Juana de Aza, parientes de reyes castellanos y de León, Aragón, Navarra y Portugal, descendían de los condes-fundadores de Castilla. Tuvo dos hermanos, Antonio y Manés.

De los siete a los catorce años (1177-1184), bajo la preceptoría de su tío el Arcipreste don Gonzalo de Aza, recibió esmerada formación moral y cultural. En este tiempo, transcurrido en su mayor parte en Gumiel de Izán (Burgos), despertó su vocación hacia el estado eclesiástico.

De los catorce a los veintiocho (1184-1198), vivió en Palencia: seis cursos estudiando Artes (Humanidades superiores y Filosofía); cuatro, Teología; y otros cuatro como profesor del Estudio General de Palencia.

Al terminar la carrera de Artes en 1190, recibida la tonsura, se hizo Canónigo Regular en la Catedral de Osma. Fue en el año 1191, ya en Palencia, cuando en un rasgo de caridad heroica vende sus libros, para aliviar a los pobres del hambre que asolaba España.

Al concluir la Teología en 1194, se ordenó sacerdote y es nombrado Regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de Palencia.

Al finalizar sus cuatro cursos de docencia y Magisterio universitario, con veintiocho años de edad, se recogió en su Cabildo, en el que enseguida, por sus relevantes cualidades intelectuales y morales, el Obispo le encomienda la presidencia de la comunidad de canónigos y del gobierno de la diócesis en calidad de Vicario General de la misma.

En 1205, por encargo del Rey Alfonso VIII de Castilla, el de la Cruzada de las Navas de Tolosa (1212), acompaña al Obispo de Osma, Diego, como embajador extraordinario para concertar en la corte danesa las bodas del príncipe Fernando. Con este motivo, tuvo que hacer nuevos viajes, siempre acompañando al obispo Diego a Dinamarca y a Roma, decidiéndose durante ellos su destino y clarificándose definitivamente su ya antigua vocación misionera. En sus idas y venidas a través de Francia, conoció los estragos que en las almas producía la herejía albigense. De acuerdo con el Papa Inocencio III, en 1206, al terminar las embajadas, se estableció en el Langüedoc como predicador de la verdad entre los cátaros. Rehúsa a los obispados de Conserans, Béziers y Comminges, para los que había sido elegido canónicamente.

Para remediar los males que la ignorancia religiosa producía en la sociedad, en 1215 establece en Tolosa la primera casa de su Orden de Predicadores, cedida a Domingo por Pedro Sella, quien con Tomás de Tolosa se asocia a su obra.

En septiembre del mismo año, llega de nuevo a Roma en segundo viaje, acompañando del Obispo de Tolosa, Fulco, para asistir al Concilio de Letrán y solicitar del Papa la aprobación de su Orden, como organización religiosa de Canónigos regulares. De regreso de Roma elige con sus compañeros la Regla de San Agustín para su Orden y en septiembre de 1216, vuelve en tercer viaje a Roma, llevando consigo la Regla de San Agustín y un primer proyecto de Constituciones para su Orden. El 22 de Diciembre de 1216 recibe del Papa Honorio III la Bula “Religiosam Vitam” por la que confirma la Orden de Frailes Predicadores.

Al año siguiente retorna a Francia y en el mes de Agosto dispersa a sus frailes, enviando cuatro a España y tres a París, decidiendo marchar él a Roma. Allí se manifiesta su poder taumatúrgico con numerosos milagros y se acrecienta de modo extraordinario el número de sus frailes. Meses después enviará los primeros Frailes a Bolonia.

Habrá que esperar hasta finales de 1218 para ver de nuevo a Domingo en España donde visitará Segovia, Madrid y Guadalajara.

Por mandato del Papa Honorio III, en un quinto viaje a Roma, reúne en el convento de San Sixto a las monjas dispersas por los distintos monasterios de Roma, para obtener para los Frailes el convento y la Iglesia de Santa Sabina.

En la Fiesta de Pentecostés de 1220 asiste al primer Capítulo General de la Orden, celebrado en Bolonia. En él se redactan la segunda parte de las Constituciones. Un año después, en el siguiente Capítulo celebrado también en Bolonia, acordará la creación de ocho Provincias.

Con su Orden perfectamente estructurada y más de sesenta comunidades en funcionamiento, agotado físicamente, tras breve enfermedad, murió el 6 de agosto de 1221, a los cincuenta y un años de edad, en el convento de Bolonia, donde sus restos permanecen sepultados. En 1234, su gran amigo y admirador, el Papa Gregorio IX, lo canonizó.
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